Para todos los que todavía no han ido al Museo de la Moda, la exposición Guerra y Seducción es la excusa perfecta para conocer un lugar que no se puede perder.

  • 27 noviembre, 2008


Para todos los que todavía no han ido al Museo de la Moda, la exposición Guerra y Seducción es la excusa perfecta para conocer un lugar que no se puede perder.

 

Para todos los que todavía no han ido al Museo de la Moda, la exposición Guerra y Seducción es la excusa perfecta para conocer un lugar que no se puede perder. Por María Jesús Carvallo.

Hace ya un par de años tuve la suerte de ser de las pocas invitadas al famoso Museo de la Moda chileno mucho antes de que se abriera al público, y tengo que decir que fue una experiencia única. Pude conocer en vivo y en directo este espectacular proyecto y recorrerlo tras bambalinas, cuando todavía la casa estaba en plena reconstrucción. Desde ese mismo minuto supe que iba a ser lo mejor que se vería en Chile en mucho tiempo, y así fue. De hecho es el único en su tipo en Latinoamérica y sin dudas al mismo nivel del de París.

En esa ocasión me hicieron un tour especial que incluyó mucho más que el espacio mismo donde hoy se exhiben las colecciones, todo un mundo subterráneo que es tan o más entretenido que lo que se ve en la superficie. Se trata de las bóvedas donde meticulosamente se guardan los vestidos y accesorios –que en total son más de ocho mil y que datan desde el siglo XVII hasta nuestros días–, y que me hicieron sentirme como en la NASA, por la moderna tecnología implementada.

Claramente una de las claves del éxito de esta gran idea se debe a su dueño y gestor, Jorge Yarur Bascuñán, quien desde siempre ha sido un fiel seguidor de la moda. Fue él quien coordinó y determinó que desde los maniquíes hasta el último foco de la iluminación –que debe ser especial para que no dañe las colecciones– fueran fabricados bajo las más expertas manos. Además, muchos de los elementos necesarios para la restauración de las prendas fueron traídos directamente de Francia y se reclutó a un excelente equipo de profesionales –los mejores en su rubro– para que juntos levantaran este gran propósito.

Pero, como todo en Chile, mucho se ha dicho y rumoreado sobre su posible cierre. ¿Por qué pasa que proyectos tan espectaculares como este no terminan como se espera por motivos que van mucho más allá de la buena intención de sus dueños? Incluso hace poco una revista publicó una entrevista con Yarur diciendo del poco apoyo que ha tenido de parte de las autoridades, además de otras críticas. Sería una lástima que esto pasara, ya que es una de las mejores iniciativas que se han impulsado en los últimos años en nuestro país en torno al arte, porque hay que decir que todo lo que aquí se exhibe puede ser catalogado como verdaderas esculturas de la moda.

La exposición que está ahora abierta al público es bien interesante. Se llama Guerra y Seducción y muestra cómo influyeron las guerras mundiales en el estilo de vida de las personas y en su forma de vestir; qué pasó con la sociedad, con sus looks y con sus códigos de seducción frente a estos sucesos tan espantosos. Vale la pena darse una vuelta e ir a verla, porque además de conocer piezas y joyas usadas por Marilyn Monroe, Marlene Dietrich, Rita Hayworth o más de 60 abanicos con motivos de guerra, hay guías disponibles todo el tiempo –como debiera ser en todos los museos– que van contando paso a paso el recorrido, lo que lo hace mucho más atractivo todavía y permiten que uno aprenda cosas que jamás pensó y con el objetivo de volver a la próxima inauguración.