Juan Pablo Larenas, cocreador de Sistema B, fue el único chileno elegido entre los 100 jóvenes líderes del Foro Económico Mundial. Su apuesta es ambiciosa: cree que las empresas B van a cambiar para siempre la manera como se hacen negocios. Y está convencido de que, en buena parte, la desigualdad, la pobreza y los problemas medioambientales pueden ser resueltos por los privados.
Por: Catalina Allendes E.

  • 7 junio, 2018
Foto: Verónica Ortíz

Juan Pablo Larenas (casado, 37 años, 2 hijos) no es un empresario ni un director ejecutivo cualquiera. De parka, zapatillas y oficina compartida con otros emprendimientos, tiene pedigrí mundial. Desde el 9 de mayo pasado es uno de los 100 jóvenes líderes globales (Young Global Leaders, YGL) que cada año destaca el Foro Económico Mundial.

Todavía está impactado de la repercusión que ha tenido. Lo han llamado hasta de Alemania para armar alianzas y redes en esto del mundo B, que es lo suyo.

Por el mismo sitial del Foro Económico Mundial ya pasaron grandes personajes, como el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y el golfista Tiger Woods. Este año, Larenas comparte lista nada menos que con la ministra de Educación de Finlandia, “el país que la lleva hoy en esas materias”, nos cuenta para graficar el honor que siente de estar ahí.

Junto a él, este 2018 figuran los que, según la organización, están haciendo algo por los nuevos tiempos. Solo hay seis latinoamericanos y Larenas es el único chileno. “Esto nos va a abrir puertas a las redes más potentes que hay. Me siento un súper privilegiado y tengo mucho que aprender de lo que viene”, dice.

El pedestal en que lo deja el organismo internacional viene a confirmar que la filosofía de Sistema B, la empresa que cofundó y dirige desde el 2012, va más que bien encaminada hacia su propósito mayor: redefinir lo que hoy se conoce como éxito económico, cuenta, café en mano, en la sala común de CasaCo., la casona de la calle Alcántara donde tiene su centro de operaciones.

En Chile no ha pasado desapercibido tampoco. Como cofundador de la iniciativa 3xi, al alero de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), pretende plasmar su idea de un desarrollo integral y sustentable como una tarea de todos. Y según Gonzalo Larraguibel, socio de Virtus Partners, lo está logrando: “Está planteando el futuro, hacia allá va el mundo, los jóvenes hoy exigen no solo resultados en las empresas sino cómo se hacen las cosas”.

Y aunque aún falta entrar con más fuerza con esto de la B en las grandes empresas, Larraguibel no duda en que es una cosa de tiempo. “Aquí se juntan cosas importantes, la pasión, el carisma, la inteligencia y la visión de futuro que tiene Juan Pablo”, advierte.

Larenas, de hecho, ya se ha codeado con los principales empresarios del país. Desde el presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín, que según sus cercanos quiere liderar a los industriales hacia esta filosofía, al presidente de Larraín Vial, Fernando Larraín, que ha comentado a sus pares en más de una ocasión el buen trabajo que está haciendo Juan Pablo Larenas. También el presidente de Hortifrut, Víctor Möller, y el presidente de Mall Plaza, Sergio Cardone, fueron conquistados por el ingeniero.

“El liderazgo y la visión de Juan Pablo nos merece toda nuestra admiración”, dice el presidente de la CPC, Alfonso Swett. Según el dirigente, el rol de las empresas hoy debe tener como elemento central a la persona y generar una cultura de integridad “en que nos preocupemos de los efectos que tiene en el otro cada una de nuestras acciones”, y agrega que las empresas B son una propuesta “inteligente e innovadora que va en esa línea”.

A Larenas le da algo de pudor tanto halago y ser el único de sus socios al que reconoció el Foro. Está convencido de que el éxito es colectivo, pero hay una explicación, dice. Los elegidos deben tener menos de 40 años. Y del grupo de fundadores, es el único que calza con el perfil.

Creó Sistema B junto a Gonzalo Muñoz, creador de Triciclo; la emprendedora y experta en sostenibilidad de origen colombiano, María Emilia Correa, y el argentino Pedro Tarek. Claro que es el único que ha trabajado a tiempo completo desde el día uno. “Nos pusimos con lo que teníamos. Como cualquier emprendimiento hubo meses sin sueldo, ahí mi señora me tuvo que apañar. Pero al año ya éramos dos contratados. Hoy estamos en 10 países, somos 60 empleados y nos autofinanciamos”, relata a modo de resumen.

“Queremos menos desigualdad, menos campamentos, menos problemas ambientales y estamos seguros de que el mercado puede resolver muchos de esos problemas. No todos, pero puede hacer mucho más de lo que está haciendo”, dice para explicar de qué se trata la filosofía B. El ingeniero comercial de la Universidad de Chile y magíster en London School of Economics, está convencido de que hoy no hay otra forma sostenible de hacer empresa. “La sociedad está demandando que las cosas se hagan de este modo”, sentencia.

Entre Berríos y Orrego

Juan Pablo Larenas es hijo de militar. Deambuló por varios colegios siguiendo los destinos de su padre. Y fue en segundo año de universidad, cuando se topó de frente con la problemática social de Chile y con los jesuitas, que quedó marcado para siempre.

“Fui a Maipú a levantar mediaguas con un Techo para Chile. Quedé muy impactado. Seguí como voluntario y me hice muy cercano al sacerdote Felipe Berríos”, cuenta. Fue clave en la fundación del Fondo Esperanza, que otorga microcréditos en las poblaciones y en la internacionalización del Techo. Además, trabajó con Claudio Orrego en la Municipalidad de Peñalolén, a quien también siente que le debe parte de su vocación.

Antes de Sistema B, fue cofundador de Late, la empresa que vende agua embotellada y papel higiénico, y dona el ciento por ciento de sus utilidades a fundaciones.

Inquieto, después de Late, empezó a darle vueltas al tema de la responsabilidad social empresarial; consideraba que como concepto no era suficiente para enfrentar la relación de la empresa con la comunidad.

“Encontrábamos que había que hacer algo más. Y tuve la suerte de conocer a Gonzalo Muñoz, a María Emilia y a Pedro Tarek. Juntamos todas las inquietudes y dijimos que las empresas B tienen que estar en América Latina, pero también definimos que no bastaba con cambiar el ADN de las empresas, sino que también el de la economía y los mercados.

“Partimos poniendo nuestra plata y voluntariado. Después nos ganamos un fondo Corfo que fue clave y recibimos también algo de la fundación Rockefeller. Hoy tenemos algunos fondos internacionales que nos apoyan, pero más del 70% son ingresos propios, generados con la certificación de empresas, el programa de formación (multiplicadores B) y programas virtuales. La academia B acaba de levantar un financiamiento grande de una agencia canadiense”, relata.

-¿Por qué crees que fuiste reconocido por el Foro Económico Mundial?

-Probablemente, la gente nos asocia solo a la promoción y certificación de empresas B. Y tienen razón, es increíble que en cinco años ya tengamos 400 empresas B en América Latina. El tema ha prendido, pero el propósito de Sistema B es más que eso, es redefinir el éxito en la economía. No solo en la empresa, y eso se valora.

-¿Qué significa exactamente redefinir el éxito de la economía?

-Que las compañías generen impactos positivos para la sociedad y el medioambiente. Creemos que esta forma de hacer empresa puede resolver las grandes problemáticas de la sociedad. Trabajamos con el sector público, con el mundo académico y con grandes empresas para mejorar su relación con las cadenas de valor, con sus proveedores y clientes. Somos mucho más que una certificación. Nuestro desafío es que los privados mejoren su impacto social y ambiental de manera permanente y que el trabajo se haga desde una mirada colaborativa, desde la empatía, sin juzgar, con mensajes positivos que generen una cultura del encuentro.

-Suena lindo, pero un poco ingenuo…

-Puede ser, pero al final somos instrumentales en la solución de las grandes problemáticas. Para lograr resultados, tenemos que dejar de lado los egos y prejuicios. Nuestro mantra es que es más clave estar juntos que estar de acuerdo y el Foro Económico Mundial también se interesó en eso.
Sistema B se ha transformado en una plataforma de colaboración que ha generado muchas iniciativas, tanto en lo académico, en lo político y social. Creemos que las grandes revoluciones se pueden lograr si es que incluimos a muchos, en vez de dividirnos (ver recuadro).

Distinto ADN

Las empresas B surgieron en Estados Unidos al alero de B-Lab. De a poco, la filosofía B empezó a crecer en el resto del mundo, pero en Chile la apuesta de Larenas y sus socios fue más ambiciosa: “Con una visión ecosistémica apostamos a un cambio general de la economía”, dice.

No quieren cambiar el modelo económico. Creen en el capitalismo, en el mercado, pero insisten en que la apuesta es generar mayor presencia de las empresas en la solución de los problemas que aquejan a la sociedad.

-¿Ha permeado esta filosofía en las compañías chilenas?

-Cada vez hay más estudios respecto del impacto de las empresas B. Hay uno notable de Boston Consulting Group, que muestra que las compañías que tienen propósitos sociales son más rentables. Hace un par de meses el presidente de Black Rock, Larry Fink, mandó una carta a todos los inversionistas diciendo que iban a priorizar inversiones que promuevan el impacto social y ambiental.

-Ok, pero cómo hacer entrar en el juego al sector privado.

-Desafiándolos a que ayuden al país a solucionar las grandes problemáticas como desigualdad, pobreza y medioambiente.

-Pero te pueden decir que las empresas no tienen por qué hacerse cargo de ese tipo de problemas, no es su rol.

-Las empresas deben generar conciencia de que cambios internos en sus prácticas laborales, salariales y medioambientales tienen implicancias positivas en la sociedad. Imagínate que las compañías se cuestionen seriamente los ratios salariales. Hay algunas que tienen diferencias de 200 veces y bonos absolutamente desproporcionados.

-¿Cómo le cae al sector privado este tipo de propuestas? Porque ya es meterse casi en sus finanzas.

-Es notable. Ya hay historias de empresas B que tienen entre 200 y 300 trabajadores que han definido, por ejemplo, que el gerente general no pueda ganar más de 10 veces que el salario más bajo, que los bonos son iguales para todos y que se reparte parte de la propiedad.

-Son casos aislados, empresas de menor tamaño…

-Todavía no llegan a más de un 10% de las empresas B. Pero dadas esas experiencias, hay otras que se inspiran.

-¿Pero ves conciencia y disposición para avanzar hacia el modelo de empresas B?

-De a poco. En Chile tenemos empresarios notables, dueños de empresas importantes que están decididos a tomar este camino, como Sergio Cardone, Víctor Moller, las familias Yaconi, Zavala, por nombrar algunos. El elemento común de ellos es que partieron desde cero, entienden lo que es emprender. La Sofofa y la Confederación de la Producción y del Comercio (Sofofa) están súper interesadas.

-¿De 1 a 10, en qué peldaño estamos?

-Las empresas y la gente se dan cuenta de que la tendencia va para allá. Danone hizo un anuncio público aspirando a que todas sus empresas, más de 70 a nivel mundial, sean B. Claro que en el mundo de las pymes ha permeado más que en las grandes compañías. Ahí ya estamos en el escalón 7 u 8, y entre las grandes recién en el 3 o 4.

-¿Y cuál es la meta?

-Que podamos eliminar la palabra B, que sea la norma y no la obligación. Que por convicción cuando hagas empresa te sientas orgulloso de eso y que cuando se pregunte en encuestas ciudadanas, la gente pueda decir que son las compañías las que están cambiando la cara en nuestros países.

-Duro camino aún por recorrer, considerando que las empresas como organización están entre las menos valoradas en Chile.

-Duro. La percepción de abuso que tienen es terrible, pero hay una oportunidad. Tenemos que demostrar con hechos que las cosas se están haciendo bien.

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La importancia de la B

Sistema B es mucho más que una certificación, repite una y otra vez Juan Pablo Larenas. En los cinco años que lleva en el mercado local y la región, han ido creando distintas organizaciones para darle forma a su propósito: que las empresas sean claves en resolver los grandes problemas de la sociedad.
Así, son fundadores del Festival Internacional de Innovación Social; de Ciudades+B, que nació en Río de Janeiro y ya opera en Mendoza y Santiago, y se han transformado en una plataforma público privada, que incluye a la sociedad civil, para resolver los problemas de las ciudades. En Santiago trabajan con más de 300 empresas y la intendencia.

También son responsables de Academia B, una red de 300 académicos de todo el mundo que está generando conocimiento, investigando y enseñando en los programas de formación, para que se pueda demostrar con evidencia que este nuevo paradigma en la forma de hacer empresa, al final del día, es clave para mejorar la calidad de vida de las personas.