La dimisión del Papa Benedicto XVI tomó por sorpresa al mundo entero. Incluido al actual arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomalí, quien se enteró de la noticia sentado en un tren que lo llevaba desde Roma a Verona, donde llegó a hospedarse en la Comunidad Religiosa de Pobres Siervos. Lo primero que sintió, cuenta, fue […]

  • 25 febrero, 2013
Fernando Chomalí

Fernando Chomalí

La dimisión del Papa Benedicto XVI tomó por sorpresa al mundo entero. Incluido al actual arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomalí, quien se enteró de la noticia sentado en un tren que lo llevaba desde Roma a Verona, donde llegó a hospedarse en la Comunidad Religiosa de Pobres Siervos.

Lo primero que sintió, cuenta, fue algo de nostalgia. “Tuve una sensación de pérdida porque él me nombró obispo, arzobispo y miembro del Comité directivo de la Pontificia Academia para la Vida. Lo saludaba en la audiencia todos los años y comprendí que ello no iba a acontecer más con él”.

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Algo de pérdida, pero también emoción por su coraje, su humildad, su amor a Dios y a la Iglesia. “El Papa es un hombre muy lúcido que comprendió que otras fuerzas se requerían para afrontar la crisis de fe que él mismo hizo ver en su carta apostólica Porta Fidei”, reflexiona Chomalí.

Y lo dice con conocimiento de causa, ya que lo trató personalmente en sus años de estudiante en Roma, cuando Joseph Ratzinger era Prefecto para la Doctrina de la Fe. “Varias veces lo saludé cuando a las 8:45 horas en punto atravesaba la plaza de San Pedro para ir a la Congregación. Luego coincidimos en reuniones de la Academia Pontificia para la Vida. La primera vez que lo saludé como obispo en Castengandolfo fue emocionante”, recuerda Chomalí.

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-¿Está de acuerdo con las declaraciones de Monseñor Ezzati, quien planteó que esta decisión se veía venir?

-La dimisión del Papa está prevista en el Derecho Canónico. Además, en una de sus entrevistas él mismo habló de la posibilidad real de que, bajo ciertas circunstancias, el Papa tenía el derecho y el deber de dimitir. Claro que cuando lo leí no pensé que hablaba de sí mismo.

-Este es el primer Papa que renuncia a su cargo en 600 años y contrasta especialmente con el caso de Juan Pablo II. ¿Cree que las acusaciones de abusos sexuales y la filtración de correos en el Vaticano afectaron finalmente la salud del Papa?

-Si hay algo que es democrático es el tiempo, que corre para todos. El Papa es el Papa, el vicario de Cristo y el sucesor de Pedro, pero es un hombre que sufre como todos. La razón que dio para su renuncia es su falta de fuerzas para seguir guiando la barca de Pedro y yo le creo. No es el momento de hacer elucubraciones frente a un hecho tan relevante y esencial, que habla más bien de su poco apego al poder y su gran deseo de hacer la voluntad de Dios.

-¿Cómo cree que será recordado Benedicto XVI?

-Como un Papa que, como ningún otro hombre, comprendió que la sociedad o se edifica desde Jesucristo o se desvanece en sus valores fundamentales. Él nos recordó que existen valores no negociables, como la libertad religiosa, el poder casarse y el respeto a la vida. Su lucidez para comprender el mundo y la urgencia de volver a hablar del amor de Dios, la esperanza, el valor de la fe y de la verdad marcarán una huella.

-¿Cuáles son a su juicio los temas más complejos que debió enfrentar Benedicto XVI?

-Los problemas al interior de la Iglesia, especialmente el caso de los abusos. Ese tema lo abordó con mucha seriedad, dejando claro que son delitos abominables que deben ser tratados seriamente, poniendo el acento y los cuidados en las víctimas y en que se haga justicia. Porque para Benedicto XVI la verdad y la justicia van de la mano o perecen ambas. Nos dio una gran lección de valentía y coraje. Otro momento complejo fue la mala interpretación que tuvo el discurso que pronunció en 2006 en la Universidad de Ratisbona (que generó protestas en el mundo musulmán) y por el cual fue criticado injustamente.

-¿Se podría decir que enfrentó con transparencia asuntos complejos para la Iglesia y la sociedad en general (terrorismo, matrimonio gay, escándalos sexuales, crisis financiera, etc.)?

-Absolutamente. El Papa no le teme a la verdad y menos a actuar en consecuencia cuando la dignidad del hombre está en peligro. Fue claro y preciso en llamar bien al bien y mal al mal. Desde esa claridad respecto de la realidad abordaba los temas, con capacidad de diálogo y de escucha.

-¿Cree que la Iglesia es más abierta y a tono con los tiempos después del papado de Benedicto XVI? El Papa incluso tiene cuenta de Twitter…

-Claro que sí. El Papa es por naturaleza un comunicador del Evangelio y tuvo la inteligencia de hacerlo con los instrumentos que las personas usan para comunicarse. Lo comprendió como un medio y un instrumento eficaz de anunciar su mensaje y en ese sentido nos dio un gran ejemplo.

-¿Benedicto XVI terminó siendo un Papa más abierto de lo que en un principio se creyó?

-El Papa Benedicto XVI es un intelectual que por su propia historia está acostumbrado al debate, a la discusión de ideas. Pero los principios de la Iglesia los enseñó con gran fidelidad y al mismo tiempo con una pedagogía y una dialéctica propia del hombre que no quiere imponerse, sino que hacer ver las razones de sus dichos y de sus actos. Es un verdadero pedagogo y maestro de la fe.

-¿Lo considera un Papa atípico?

-Típico en el fondo de la enseñanza y atípico en los métodos, las formas y las expresiones para evangelizar. Es un hombre culto, sumamente inteligente, que le conoce el pulso a la sociedad. Vio el proceso de secularización de Europa y cómo los valores fundamentales de la sociedad se debilitaban: el respeto a la vida, el valor de la familia fundada en el matrimonio, la preocupación real por los pobres y la dimensión sobrenatural de la vida. Desde ese punto de vista tenía claro que esos valores había que volver a promoverlos con las nuevas tecnologías y los nuevos sistemas de comunicaciones. Además, se preocupó mucho de la ecología y del rumbo de una sociedad que consume a destajo pero que no es feliz.

-¿Cuál diría que ha sido el sello de su apostolado?

-Sin duda alguna, la verdad en el amplio sentido de la palabra y en medio de un gran escepticismo frente a la posibilidad de acceder a ella. También la urgencia y la exigencia de vincular con más empeño la fe con la caridad. El Papa cuestionó fuertemente a quienes dicen que tienen fe, pero son indiferentes frente a los pobres y desamparados. Otro aspecto notable ha sido su crítica a todo materialismo, tanto teórico como práctico, en cuanto que ambos enceguecen al hombre al punto de renegar teóricamente o prácticamente del fundamento mismo de la realidad, que es Dios.

-De sus encíclicas ¿cuál considera más relevante?

-Todas son magníficas, pero tal vez, desde un punto de vista social las más iluminadoras son Caritas et Veritatis y Deus Caritas Est. Ambas son obras de arte, reflexiones profundas desde la vivencia del hombre moderno ahogado por el consumo y el agobio de la vida actual, pero salvado en la esperanza. La tesis de Benedicto XVI es que se ha instalado una nueva pobreza: la soledad y la falta de esperanza. Lúcido, ¿no le parece?

-Y de sus libros, ¿cuáles destacaría?

-Sus escritos sobre Jesús y la Iglesia son de gran profundidad teológica, humana y pastoral. En lo que se refiere a la vida cristiana, sus reflexiones acerca de la fe son de una belleza que eleva el espíritu. Dan ganas de creer más y ser más radical en el seguimiento de Jesús. •••

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La Iglesia que viene

-¿Cree que hay posibilidades de tener un sucesor latinoamericano?

-El sucesor de Benedicto XVI será el que saque más votos en el cónclave al que prontamente se llamará. Puede ser cualquiera. Y el que sea será bienvenido, querido, respetado y seguido, sea quien sea el Papa, ha de mirarse con los ojos de la fe y la fe está llamada a ver más allá de raza, pueblo o nación.

-¿Cuáles son los principales temas que deberá abordar la Iglesia en los tiempos venideros?

-El tema más relevante es la real y efectiva participación de los laicos en la tarea evangelizadora. Además, es importante promover con decisión una formación más profunda a todos los católicos, porque sin la razón la fe fácilmente se desvía hacia la superstición o la superficialidad.

Otro tema relevante será fortalecer el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y la promoción de la justicia social. Es gravísimo que en pleno siglo XXI aún haya personas que no puedan sentarse a la mesa del desarrollo y el bienestar. Es una herida abierta que clama al cielo y que nos obliga a todos a mirar nuestra propia vida y ver de qué manera contribuimos a que haya mayor equidad e igualdad de oportunidades.

-¿El principal desafío del próximo Papa?

-Fortalecer la fe, la esperanza y la caridad. Generar mayor identidad del católico e invitar a la alegría de serlo, generar mayor fraternidad entre todos los hombres, creyentes y no creyentes, y alentar la misión.