Un nuevo zar de la droga, una apuesta por la prevención y el reconocimiento explícito de la responsabilidad norteamericana en el consumo, son las claves de la política de Obama en la materia.

  • 1 abril, 2009


Un nuevo zar de la droga, una apuesta por la prevención y el reconocimiento explícito de la responsabilidad norteamericana en el consumo, son las claves de la política de Obama en la materia.

 

Un nuevo zar de la droga, una apuesta por la prevención y el reconocimiento explícito de la responsabilidad norteamericana en el consumo, son las claves de la política de Obama en la materia. Por Gabriel Sánchez-Zinny, desde Washington.

La selección que hizo el presidente Obama del nuevo director de la Oficina de Control de las Drogas, comúnmente conocido como el zar de las drogas, Gil Kerlikowske, ex jefe de policía de Seattle, desató una serie de debates en Washington sobre la lucha contra las drogas y, en particular, la situación de América latina en este aspecto. A diferencia de anteriores administraciones, el director no tendrá rango de secretario del gabinete, sino que se espera que el vicepresidente Biden asuma mayor responsabilidad en el asunto, considerando que es uno de los senadores que en los 80 establecieron la mencionada oficina.

Este nombramiento pareciera señalar que la administración Obama estará más bien enfocada en la prevención y el tratamiento, y no tanto en la encarcelación, representando una clara diferencia con respecto a las políticas del ex presidente Bush. Kerlikowske lo dejó más claro: “el éxito de nuestros esfuerzos (…) depende enormemente de nuestra habilidad de reducir la demanda por ellas”. Y agregó una mirada más personal: “el problema tiene que ver con el sufrimiento humano y, como oficial de policía y padre de familia, puedo entender los nocivos efectos de las drogas”. El ex jefe policial hacía referencia a su hijo Jeffrey, que fue una vez arrestado por consumo y tenencia de drogas.

Durante la administración Bush, el financiamiento destinado a programas internacionales se duplicó, disminuyéndose para la prevención y tratamiento doméstico. El gobierno republicano concentró sus esfuerzos en delinear y aprobar la Iniciativa de Mérida, enfocada en temas de seguridad y combate contra el tráfico y la criminalidad a ambos lados de la frontera.

Desde que el presidente Nixon, hace cuatro décadas, declarara explícitamente la guerra contra las drogas, el gobierno de Estados Unidos ha gastado miles de millones de dólares (anualmente, 40 mil millones de dólares y arresta 1,5 millón de personas por tenencia o consumo de drogas, de los cuales 500.000 terminan en la cárcel) doméstica e internacionalmente, con resultados mixtos, de acuerdo a las evaluaciones de diferentes grupos independientes y think tanks en Washington. Julia Sweig, directora para América latina del influyente Council of Foreign Relations, señala que “luego de mas de 20 años y billones de dólares de gastos, la guerra contra las drogas no ha sido efectiva”. Los más recientes informes estiman unas 230.000 hectáreas cultivadas en la región, un aumento con respecto a años anteriores.

El nombramiento de Kerlikowske, junto con otros hechos, ha vuelto a poner el tema del combate de las drogas en la agenda pública, incluyendo a México y otros países de la región como parte importante del problema. El presidente Obama, en una muy publicitada reunión con el general Mike Mullen, el jefe del comando conjunto de las fuerzas armadas de Estados Unidos, hizo declaraciones sobre la escalada de inseguridad en la frontera con México (el 90% de la cocaína consumida en Estados Unidos proviene de allí). También el Departamento de Estado y varias organizaciones civiles alertaron sobre los riesgos de viajar a México. Durante los últimos días, tres miembros del gabinete, entre ellos Hillary Clinton, viajaron a México para reesforzar lo que –parece- se está transformando en una prioridad de la nueva administración.

Varios analistas en Washington coinciden en que el verdadero desafío reside en disminuir la demanda por las drogas ilícitas, siendo éste un problema principalmente doméstico a Estados Unidos. Otros dicen que la mejor manera de reducir este flagelo es legalizando las drogas. La solución no es clara, ni para políticos ni para académicos. Lo que sí resulta evidente, y así lo especificó la secretaria Clinton en México, es que “las políticas que estuvimos implementando no han funcionado” y que “nuestra insaciable demanda por estupefaciente ha alimentado el trafi co de drogas”.