“Me marcaron mucho los tres años que vivimos en Miami. Me fui a los siete y volví a los 11. Siempre fui muy peleadora de mis derechos y primero entré a un colegio privado allá, pero al año pedí cambiarme al público, al que iban todos mis amigos del barrio. Mis papás no podían entender […]

  • 25 octubre, 2018

“Me marcaron mucho los tres años que vivimos en Miami. Me fui a los siete y volví a los 11. Siempre fui muy peleadora de mis derechos y primero entré a un colegio privado allá, pero al año pedí cambiarme al público, al que iban todos mis amigos del barrio. Mis papás no podían entender esto de no pagar nada. 

Me costó volver a Chile. Para que el shock no fuera tan grande, nos metieron al Nido de Águilas, que mirando ahora, creo que fue una buena opción. En octavo básico, me cambiaron al Santiago College, porque mis papás se asustaron porque yo era demasiado gringa. 

Estuve en la duda entre estudiar periodismo o ingeniería comercial. De hecho, tiré una moneda al aire, pero me gustaba mucho el periodismo deportivo y veía ahí una opción de seguir participando del deporte desde otra veta. En mi casa no existía un fin de semana en que no hiciéramos alguna actividad física. Mi papá siempre me decía `el deporte siempre te va a acompañar en tu vida, donde estés, te va a permitir conocer gente, vincularte a los lugares a los que llegues en forma mucho más rápida’.

Jugaba tenis y esquiaba. Mi torta de cumpleaños de los 15 años era una cancha de tenis, opté por el esquí competitivo, pero seguí entrenando tenis hasta que salí del colegio, de martes a viernes, todos los días. Tengo cinco hijos y a todos les he inculcado el deporte. 

Entré a periodismo en la UC en la época de la dictadura. Se me abrió un mundo, fue una etapa de escuchar, de interiorizarnos de muchas posturas políticas, que en el colegio no había tenido la opción de conocer, y de pelear mucho por la libertad de expresión. 

Nunca he sido militante, siempre he luchado por mi independencia, pero muy clara en los valores y principios que me identifican. Voté por el No. Y participé ahí activamente. Fui a mucha marcha, mucha protesta, pero en una muy buena convivencia con mis papás, que al revés, eran 100% por el Sí. Soy una persona bien conciliadora. Cuando hay posturas distintas, normalmente me piden ayuda. 

Nunca me imaginé ser ministra. Ha sido un desafío y una oportunidad que me dio el Presidente de generar políticas públicas que puedan producir impactos y cambios en las personas. Le agradezco todos los días, a pesar del cansancio y que uno deja de lado su vida personal. Partí en la Comisión Bicentenario y me acuerdo de que uno de los primeros que me lo dijo fue Raúl Torrealba, ™el tronco∫: `De esto no vas a salir, porque te veo cómo te brillan los ojos’.

Creo que hoy hay que pensar que el mundo cambió, la sociedad cambió, Chile es otro. Yo valoro mucho la diversidad, donde hay posturas más conservadoras y otras tal vez como las mías, más liberales. Y pienso que hoy no puedes pensar en un conglomerado político donde todos piensen igual, porque eso ya en el mundo no existe. Muchas veces dicen que uno cuando joven es más tolerante y después se pone más rígido, a mí me ha pasado al revés. Cuando vi las primeras fotos de las marchas feministas con las pechugas al aire, me chocaron. Y hoy día en mi casa, en la pieza de mis niñitas, hay dos de esas fotos colgadas en la pared. Creo también que en el tema de identidad de género se sacó un muy buen proyecto de ley. El mundo va hacia allá. 

De las cosas que me han marcado que han sido duras, fue la muerte de mi papá. ¡Uy! Casi me emociono. Murió de un día para otro, de un infarto. De repente alguien desaparece de tu vida y de la nada. Eso fue duro”.