• 29 junio, 2010


Resulta curioso que el sector minero, en el que sí tenemos ventajas naturales y estamos de verdad llamados a ser un actor internacional, no participe de nuestro mercado financiero.


Curiosa paradoja: uno de nuestros grandes logros como país es haber alcanzado un stock de ahorro que nos ha permitido disponer en total de más de 300 mil millones de dólares de “dinero a invertir”, entre AFP, depósitos a plazo, compañías de seguros, fondos mutuos, bancas privadas y otros. Por otro lado, nos sentimos orgullosos del mercado de capitales que tenemos. Es verdad que se podría hacer más en materia de innovación, productos e internacionalización, pero –mirando lo positivo– las sociedades en bolsa tienen una valorización de 230 mil millones de dólares (1,5 veces el PIB) y el mercado de capitales ha permitido la creación de grandes corporaciones –¡multinacionales chilenas!– además de todo lo que sabemos en infraestructura, servicios públicos, carreteras y otros desarrollos financiados con esos mismos recursos.

Sin embargo, cuando vemos las oportunidades de inversión que tienen esos fondos ahorrados, surgen algunas curiosidades. Por ejemplo, al analizar los mayores sectores productivos representados en el IPSA, resulta que son el eléctrico y el comercio. Pero, ¿tenemos en esos sectores realmente una “ventaja comparativa” como país? En generación de energía, no me parece. Chile es muy pobre en recursos naturales energéticos: no hay ni petróleo, ni gas, ni carbón de fácil y eficiente acceso. Tenemos una cordillera y por lo tanto hidroelectricidad, pero eso no nos convierte en una potencia energética. En el comercio pasa algo similar: un mercado doméstico pequeño, de sólo 15 millones de potenciales clientes, y que compite con un sistema bancario eficiente que “en teoría” debería cubrir la demanda por crédito de todos los estratos de la población.

A pesar de estas limitaciones, las empresas eléctricas y las de comercio son de primer nivel internacional. Tienen tamaño, son sólidas y se han expandido exitosamente al exterior. ¿Cuál ha sido la fórmula? Dos factores, en mi opinión: una extraordinaria gestión de sus propietarios y ejecutivos y el haber usado inteligentemente el mercado de capitales chileno, que les proveyó los recursos –vía deuda y acciones– para lograr ese crecimiento acelerado. Empresarios audaces y visionarios que se creyeron el cuento, ejecutivos preparados, trabajadores de excelencia y un mercado de capitales que creyó en las empresas y les dió la oportunidad. Exportamos talento y costo de capital.

Entonces, resulta curioso que el sector minero, en el que sí tenemos ventajas naturales y estamos de verdad llamados a ser un actor internacional, no participe de nuestro mercado financiero. La minería representa un 20% del PIB y, salvo los notables casos de SQM y CAP –de nuevo, ¡gran gestión y creación de valor!–, el resto de las empresas no está presente en nuestro mercado financiero.

“Es que no lo necesitan”, se podrá argumentar. Eso es cierto para las empresas muy grandes, que van a Londres, Toronto o Nueva York, donde encuentran mercados que satisfacen todas sus necesidades financieras. Pero también es cierto que si fueran sociedades abiertas en bolsa, con amplia participación de los chilenos – directamente y vía las AFPs– serían empresas más “nuestras” y por lo tanto menos vulnerables a la presión política por subirles los impuestos cuando les está yendo bien, como ahora.

Existe otro grupo de mediana minería –de capitales nacionales o extranjeros– que puede optar por desarrollarse más rápido o sencillamente postergar las inversiones. Es como decir: “como no tengo el capital requerido, no invierto ahora y dejo el mineral en la tierra. Así, no es necesario ir al mercado y compartir la propiedad” (opción que no tuvieron las empresas del retail: ahí era crecer o morir). Pero como ha dicho el ministro de Minería, Laurence Golborne, “al país no le da lo mismo que dichas inversiones se hagan ahora o en 20 años más”, y también está el hecho de que los precios de los commodities son y se proyectan tan altos que es conveniente realizar esa renta minera ahora. Con esa misma lógica habrá que trabajar en desarrollar un mercado de capital de riesgo que apoye la exploración, –lo que en otros países se ha llamado las empresas “junior”–.

Tenemos un gobierno que entiende muy bien estas materias. El presidente ha definido este tema como una de las prioridades de los próximos cuatro años. Los ministros de Minería, Economía y Hacienda son de lujo, y con seguridad propondrán los incentivos adecuados para lograr los objetivos descritos. Los que estamos en el sector financiero pondremos lo nuestro, con creatividad y eficiencia. Y los empresarios mineros lo debieran ver como una oportunidad, ya que la actual disociación no es sana ni de largo plazo. Si no es ahora, ¿cuándo?