Sus cercanos resguardan celosos desde Chile los detalles de su nueva vida. Sus intensas labores en la Agencia de Naciones Unidas para la Mujer hacen que encontrarla en su escritorio sea complejo. Aún así, logramos verla en acción y saber de su propia boca cómo es su día a día. Sincera y cordial, la ex presidenta habla de todo, menos de política.

  • 2 noviembre, 2010

Sus cercanos resguardan celosos desde Chile los detalles de su nueva vida. Sus intensas labores en la Agencia de Naciones Unidas para la Mujer hacen que encontrarla en su escritorio sea complejo. Aún así, logramos verla en acción y saber de su propia boca cómo es su día a día. Sincera y cordial, la ex presidenta habla de todo, menos de política. Por Marcela Rivera Olmedo; Fotos, Johanna O’Toole, desde Nueva York.

Siete de la tarde de uno de esos días gélidos que regala el otoño neoyorkino. Es jueves y aunq ue la mayoría de los funcionarios del edificio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de Madison Avenue 380, en pleno corazón de Manhattan, ya está camino a sus hogares, Michelle Bachelet continúa adentro. Treinta minutos más tarde, y cuando parece que ya nada va a pasar, la hoy directora ejecutiva y secretaria general adjunta para ONU Mujeres sale rauda. La ex presidenta avanza con paso seguro y sin escolta, por muy increíble que parezca considerando el estricto protocolo de seguridad que mantiene el organismo internacional para el que ahora trabaja. Si se tratara de un simple mortal tal vez podría dirigirse a uno de los tantos espectáculos que ofrece por estos días la cartelera en Broadway… pero no, el cargo en el que juró el pasado 19 de septiembre y para el que fue llamada por Ban Ki-moon, secretario general de la entidad, exige disciplina y horas extras que ella cumple sin quejas. Bachelet es aplicada y, si bien está oscuro y hace frío, su próxima parada es una reunión: otra de las tantas que suele tener a diario.

Ms. Bachelet, como la llaman quienes colaboran con ella en el Transition Team —nombre con el que funciona la división que preside mientras espera su inicio formal fi ado para el 1 de enero de 2011— aterrizó en la cosmopolita ciudad estadounidense hace casi un mes; concretamente, el pasado 4 de octubre. “En la práctica llevo un poco menos, porque estuve acá y después me fui una semana a Chile para tratar de ordenar las cosas, porque todo esto se dio en cinco o cuatro días. O sea, vine a la asamblea general a participar en algunas actividades; me fui una semana, luego volví y estuve después una semana más en China y Vietnam, así que he estado entrando y saliendo”, explica con el tono amable que la caracteriza. A pesar del poco tiempo que reconoce haber estado físicamente en su nuevo escritorio, el rostro de la Concertación ya tiene su rutina trazada.

Su posta diaria comienza temprano, a eso de las 6.30 de la mañana. Luego de organizar y afinar algunos detalles de lo que se vendrá durante las próximas horas, la ex ocupante de La Moneda camina a las dependencias de las Naciones Unidas —una moderna construcción cercana a Grand Central, uno de los puntos neurálgicos de la apabullante selva de cemento en la que por estos días se mueve. “El departamento en el que vivo está como a veinte minutos caminando, y encuentro que eso es estupendo. Ahora me dicen que en invierno es un poquito distinto y que uno ya no tiene tantas ganas de caminar”, aclara la otrora mandataria dando escasas pistas sobre su domicilio situado a no más de 12 cuadras de la oficina.

Su asistente personal, Gülden Türköz-Cosslett, una funcionaria originaria de Turquía y con dos décadas de antigüedad en el organismo, confirma que Bachelet nunca llega después de las 9.00 y con minuta de actividades en mano muestra que los minutos de la jefa valen oro. Encuentros con altos funcionarios de los más diversos países y distintas misiones le dejan escaso tiempo, incluso para la más básica de las necesidades: comer. “¿Dónde está su hora de almuerzo?”, se pregunta Gülden al revisar nuevamente el esquema de trabajo de Bachelet.

“De las tentaciones que me he permitido, y fue sólo una vez, están los bagels con queso crema. Son una maravilla, pero también un desastre. Pero he estado comiendo fundamentalmente ensaladas y sopas. Claro que hubo un periodo en que me tocaron varias comidas y en esos casos, lamentablemente, soy tentada. Pero he tratado de caminar y de comer cosas lo más ligeras posible”, cuenta, acotando que en medio de su apretada agenda tampoco ha tenido posibilidad de darse una vuelta por el Pomaire, conocido restaurante chileno que frecuentan muchos de los compatriotas que viven en Nueva York.

Como para cualquier persona que reside en el extranjero, los medios que ofrece la tecnología se vuelven vitales cuando ataca la nostalgia y se extraña a la familia. Con su hijo Sebastián se mantiene conectada mediante el messenger directo de su blackberry. A través de correos electrónicos, se escribe con sus hijas Francisca y Sofía cada vez que la urgencia lo requiere, pues comprar un computador para su nuevo hogar y una cámara para ver a sus nietos Damián y Lucas en directo son parte de las tareas pendientes que tiene como dueña de casa. A su madre, la señora Angela, la llama por teléfono. “Afortunadamente mi hijo vive en mi departamento, que está al lado del de mi madre, y mi nieto cruza a cada rato, le toca la puerta y entra, así es que yo creo que tiene a quién regalonear, por suerte. Está bien acompañada y eso me alegra mucho”, dice Bachelet, quien finalmente estará de regreso en su departamento pasadas las 21.00, hora en la que suele poner fin a su intensa jornada.

Soltera y sin tiempo para el compromiso

En el ajetreado mundo de quien lleva el liderazgo de ONU Mujer la verdad es que hay poco tiempo para la diversión. Estando en Nueva York, una de los lugares más atractivos del mundo y donde pocos se resisten a la tentación de la vida nocturna (por algo la apodan la ciudad que nunca duerme), Michelle Bachelet no ha podido ni siquiera colocar un pie en el Central Park. Ni hablar de visitar alguna exposición en el Metropolitan o MOMA; menos, de pensar en ir a ver la versión de El mercader de Venecia en la que actúa Al Pacino. Hasta el momento, su máximo panorama ha sido el show que Shakira ofreció en el Madison Square Garden, al que la propia cantante colombiana la invitó en septiembre pasado.

La ex jefa de Estado sólo puede disponer de los fines de semana, y siempre y cuando no deba tomar un avión para cumplir con parte de las obligaciones de su puesto. Sin embargo, en ese espacio propicio para el ocio ha debido atender menesteres bien poco glamorosos, como el de escoger los muebles para su departamento en Manhattan. “Todavía estoy en la etapa de organización, de ir a comprar algunas cosas para la casa, porque de lo básico tengo lo justo. Ya tengo living y comedor, pero me falta una alfombra, por ejemplo. Pero vamos de a poco”, se resigna.

El último viernes pudo escapar de sus tareas caseras e ir al Lincoln Center. “Un amigo de Heraldo Muñoz nos invitó a una sesión de jazz maravillosa, de un estupendo pianista y además impulsor de todos los festivales de jazz en Nueva York y otras partes, que se llama George Wein. Estaba con su grupo y tocaban de una manera fantástica, e incluso había una chica que tocaba el clarinete –Anat Cohen–. La verdad, fue muy bonito”. Con Muñoz, quien actualmente ocupa los cargos de subsecretario general del programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) y director regional de esa agencia para América latina y el Caribe, se han vuelto muy buenos amigos, como lo confidencia la propia Bachelet: “bueno, él fue mi embajador durante todo mi periodo y ha sido siempre una persona súper apoyadora. Les tengo un gran cariño a él y a su señora”.

Entre viaje y viaje, poco rato le sobra para fomentar las amistades. Tampoco le alcanzan las horas para escoger un libro y encontrar un café donde sentarse a leer. Por ahora, decenas de papers sobre distintos tópicos vinculados a la mujer tienen prioridad. Y si no hay ventanas para esos deleites, menos lo hay para el amor. Es más, estalla en risa ante la posibilidad de vivir en pareja. “Estoy completamente soltera, por supuesto. No veo muchas posibilidades tampoco”, puntualiza mientras no disimula lo gracioso que encuentra el tema. “Ni por tiempo y porque, además, el trabajo en ONU Mujer es fundamentalmente con mujeres. Pero no ando preocupada de eso, tampoco. Estoy dedicada a hacer las cosas que tengo que hacer”, aclara.

Pese a sus pocos ratos de esparcimiento, cuando Michelle Bachelet habla sobre su presente en Nueva York se muestra encantada. Como comenta, su traslado al país del norte ha sido empezar de cero. “Cuando ya se es adulto uno se ha acostumbrado a ir construyendo su casa de a poco y partir de cero no es difícil; es curioso, no más. Es una oportunidad si uno quiere. Uno aprende nuevamente que se puede vivir con cosas muy básicas y que no se requiere tanto para poder estar tranquila. Eso no ha sido difícil, pues es parte de lo que sucede cuando hay cambios de esta naturaleza”, asegura. Tras meditar unos segundos más agrega que “nada ha sido tan difícil, porque me he acostumbrado rápidamente a la vida más neoyorkina. Sin auto, naturalmente, caminando en las mañanas y pasando a comprar un capuccino”.

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No es que Bachelet se haya aburrido de la popularidad de la que goza en Chile, pero al parecer necesitaba caminar por la calle sin sentir encima la mirada de los curiosos. “Me encanta. Igual hay chilenos y latinos que te reconocen y saludan, pero muy en el anonimato. Esta es una ciudad tan enorme y donde vive tanta gente… Más que el anonimato, porque por supuesto siempre es grato algo de privacidad, es esta manera de poder transcurrir el tiempo en esta ciudad, trabajando, por un lado, y por otro, con la normalidad que corresponde de caminar y entrar a comprar, en un país donde las cosas se simplifican mucho. En el edificio hay lavandería abajo; entonces, por ejemplo, el día antes de partir a China estuve hasta muy tarde lavando ropa para el viaje, porque no había tenido la oportunidad de hacerlo”, detalla al mismo tiempo que vuelve a reír cuando se le plantea que pocos compatriotas la deben imaginar en una labor tan doméstica.

El rumor

Para Ms. Bachelet, aceptar el desafío de liderar la entidad para la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer no fue fácil. Principalmente, porque siempre imaginó que tras su periodo presidencial intentaría recuperar el tiempo perdido con sus seres queridos. “Creo que esa fue una de las situaciones que me hicieron dudar mucho sobre si hacerme cargo o no de este puesto, porque efectivamente yo había prometido a mis hijos que después de los cuatro años iba a ser el tiempo de ellos. Pero también es cierto que, a cuatro años, ellos están más grandes, tienen sus propias vidas y sus prioridades”, confiesa sentada en uno de los sillones de la oficina que está en un segundo piso y que es provisoria, lo que explica que siga casi vacía.

“Sin duda fue una decisión que me costó. No por el hecho de empezar a trabajar de inmediato. De hecho, yo estaba con mi fundación (Dialoga), que sigue trabajando, en proyectos, saliendo a terreno y a donde me invitaban. O sea no es que yo haya estado de veraneo ni de descanso… y tal vez me faltó un poco de descanso, así que espero en algún momento, aprovechando las vacaciones que da Naciones Unidas, poder estar con mi familia. Pero la verdad es que por otro lado era muy difícil no aceptar un cargo tan hermoso como poder trabajar con la mitad de la humanidad”, reconoce. La socialista recuerda que un factor que gatilló sus ganas de asumir el puesto fue un encuentro de género al que asistió invitada por la vicepresidenta de España. “Había muchas africanas y varios videos sobre su situación. Por ejemplo, cuando enviudan se les quita todo y no tienen derecho a ninguna propiedad, y están en condiciones precarias de salud, hay mutilaciones y a las niñas se les obliga a casarse jovencitas. O sea, hay una cantidad de cosas pasando que realmente uno dice bueno, yo tengo que contribuir en esto”, recuerda.

Bajo el liderazgo del estamento creado en julio pasado en el marco de un hito histórico de Naciones Unidas, la chilena se ciñe a la apremiante misión de tener completamente operativa la unidad para el próximo 1 de enero, cuando la agencia comience a funcionar oficialmente. Para ello Bachelet no sólo deberá solucionar temas estructurales, sino también administrativos, como velar que los países que comprometieron su donación, para alcanzar los 500 millones de dólares que Ban Ki-moon anunció para el proyecto, cumplan. Otra de sus tareas urgentes es definir las líneas de acción para apoyar la labor de la representante especial para violencia sexual en la ONU, Margot Wallstrom. ”Cuando uno está acá se va enterando de situaciones tremendas, como la sucedida en la República Democrática del Congo en agosto de este año, cuando hubo violaciones masivas a 200 mujeres y niñas. Son múltiples las tareas, partiremos por lo esencial y seguiremos por los temas de más largo plazo, trabajando con mucho entusiasmo”, anticipa.

Con tanta tarea pendiente y el plazo fatal ad portas, es esperable que Bachelet no se detenga a escuchar las voces que la posicionan como una de las posibles cartas para suceder a al secretario general del organismo. “A ver: lo primero que hay que decir es que estoy recién llegada a ONU Mujer, así que estoy dedicada a eso y cualquier otro tipo de comentario es pura especulación”. No se molesta cuando le preguntan si ha conversado de la posibilidad con el hombre fuerte de Naciones Unidas, pero sí da una respuesta concluyente. “¡No, pero por favor! Eso no ha sido tema con nadie, sólo parece que es una fantasía que ronda en la mente de los periodistas”.

Sobre el reciente debut del presidente Sebastián Piñera en la ONU, cuenta que lamentó no haber podido asistir a la intervención de éste ante la 65ª Asamblea General, pero que después de revisar su discurso lo llamó para agradecer las palabras que tuvo hacia ella en su alocución.

Tras esta larga conversación, Bachelet mira su reloj y –con la sutileza que la caracteriza– nos hace ver que está lista para partir a su próximo compromiso. Los que la esperan en Chile tendrán que hacer eso: esperar. Porque, por ahora, su mente está en otro lado.

“No me siento la mejor observadora de Chile en este momento”
"Más que preguntar, la verdad es que todo el mundo ha quedado impactado con todo lo sucedido y muy positivamente impresionado por la capacidad de Chile, la tarea en equipo y la posibilidad de trabajar con la gente de Codelco, que fueron los que estuvieron a cargo de todo. Los mismos mineros desde la profundidad haciendo su parte y el gobierno haciendo lo suyo. Fue muy emocionante”, declara respecto al rescate de los 33 atrapados en la mina San José. Fiel a la ajetreada dinámica de su vida actual, la ex presidenta presenció la proeza a través de la pantalla de un aeropuerto, ya que mientras la comunidad internacional miraba absorta la maniobra en directo, ella iba rumbo a Vietnam.

“Son cosas de las que los chilenos sabemos que somos capaces y qué bueno que el mundo también lo reconozca y lo sepa. Cuando yo llamé por teléfono al presidente Piñera le dije que yo estaba siendo, por estar fuera, depositaria de los distintos saludos y felicitaciones a Chile por la tremenda hazaña”, asegura al explicar que donde quiera que vaya ahora le comentan el hecho.

Pero la admiración y el respeto que ha podido percibir de parte de la comunidad internacional también tienen su lado anecdótico. “Viendo las noticias, mostraban que la gente se está preparando para Halloween y que entre los disfraces no tradicionales hay un casco de minero chileno que están vendiendo, como forma de conmemoración y reconocimiento. ¡Lo encontré genial!”, exclama sin disimular la diversión que le causa el asunto.

Si bien está al tanto de todo lo que pasa en Santiago, la marca chilean way que hoy intenta registrar el gobierno a ella no le suena como una frase que repitan sus pares de Naciones Unidas, ni tampoco los importantes personeros con los que se da cita a diario. “Se lo escuché más bien a chilenos con quienes tuve oportunidad de poder interactuar el fin de semana. Decían que bueno, que el chilean way no es arreglar las cosas con un alambrito, sino que implica tecnología y capacidad de trabajo, ¡y eso es muy bueno!”, reconoce.

Aunque cueste creerlo, Bachelet admite que nada sabe del video en que Cecilia Morel le pide al presidente Piñera que no muestre nuevamente el papelito que dice “Estamos bien en el refugio los 33”. La ex mandataria señala que prefiere no hacer comentarios. Hermética reacciona también cuando se le menciona que su ex speech writer, Francisco Díaz, sentenció que Piñera mostró la hilacha al llevarle fragmentos de piedras de la mina San José a la reina de Inglaterra. “No voy a hacer comentarios”, responde amable, pero sin ceder.

Tanta negativa es un presagio de lo que sucederá al momento de entrar en la arena política. “Yo, como funcionaria internacional, no puedo opinar sobre contingencia”, señala, pero aprovecha la instancia para mandar un recadito a los chilenos: “recibo información, noticias y a veces me meto online a ver algunos diarios, pero ha sido muy intensa mi experiencia aquí. Por lo tanto, no me siento la mejor observadora de Chile en este momento. Sólo puedo decir que sé que la economía sigue en muy buenas condiciones y eso me alegra; sobre todo, si se logra traducir en más empleo para la gente y en mejores condiciones. Me gustaría, aunque tengo una visión tal vez parcial y a lo mejor con poca información, decir que estoy feliz con lo sucedido con los mineros, pero también me gustaría que se siguiera trabajando con mucho ahinco en resolver la situación de las víctimas del terremoto y que sufrieron daños importantes, porque creo que esa gente sigue viviendo en campamentos. No hay que perder ese esfuerzo, hay que seguir. No conozco cuánto se ha avanzado, pero ojalá no se pierda esa fuerza, porque creo que son personas que fueron muy afectadas, fueron ciudades enteras, seis regiones. Creo que se requiere seguir avanzando con energía. Espero que Chile siga yendo por un muy buen camino, porque es lo que nuestro pueblo se merece”, expresa.

Antes de partir a una de sus reuniones matutinas, Michelle Bachelet se da unos segundos y bajo insistencia entrega otro mensaje a la distancia, pero esta vez a los que están ansiosos por saber si regresará a Chile con miras a una posible candidatura por las presidenciales de 2014: “les diría lo que he contestado todas las veces. Yo aquí estoy trabajando en Naciones Unidas por todas las mujeres del mundo y por las de Chile también. Cuando uno trabaja para las mujeres del mundo uno trabaja para que las comunidades y sociedades sean mejores y, por lo tanto, es también trabajar por los hombres del mundo. Pero estoy dedicada a esto. Nunca he hecho política ficción; menos ahora, que soy una funcionaria internacional”.