Por José Luis López Blanco Socio de ASL Corp Abogados La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de aumentar los aranceles a China, Unión Europea, México y Canadá provocó la inmediata reacción de sus contrapartes, respondiendo con medidas de igual naturaleza. Ello originó una “guerra comercial”, afectando a muchos países, entre ellos Chile. […]

  • 27 julio, 2018

Por José Luis López Blanco
Socio de ASL Corp Abogados

La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de aumentar los aranceles a China, Unión Europea, México y Canadá provocó la inmediata reacción de sus contrapartes, respondiendo con medidas de igual naturaleza. Ello originó una “guerra comercial”, afectando a muchos países, entre ellos Chile. Bajó la demanda mundial de cobre, cuyo precio descendió significativamente. Nuestro país empieza a sufrir sus efectos.
Se califica la política de Trump como “mercantilista”, refiriéndose a una doctrina económica del siglo XVIII, en que se procuraba la promoción de exportaciones, limitando las importaciones. Con ello se aumentaría el nivel de reservas monetarias del país, constituyendo una fuente importante para solventar el gasto interno.
La globalización, imperante en el mundo actual, al amparo de la OMC, se origina en los “Acuerdos de Bretton Woods”, promovidos por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, como un sistema, basado en la libertad de comercio y la desgravación arancelaria, no sólo para aumentar el intercambio mundial, sino que como un mecanismo necesario para promover la paz.
Tiene razón para preocuparse el presidente de Estados Unidos por la situación de la economía norteamericana. El país enfrenta un déficit comercial importante. El déficit fiscal en el año 2020, será el más alto de su historia, llegando a un trillón de dólares. El gasto militar se duplicó desde el ataque a Las Torres Gemelas. Muchos beneficios del pueblo americano en educación, viviendas y obras públicas, dependen del aporte fiscal. Según informes de la Oficina de Presupuestos del Congreso, varios de estos programas no contarán, en años próximos, con los fondos suficientes.
Trump pretendería forzar a sus aliados, (a quienes ahora llama enemigos), y a China, para que modifiquen sus políticas públicas en diversas áreas, lo que permitiría un mayor volumen de exportaciones, por parte de Estados Unidos, y una disminución significativa de su gasto interno.
Algunos creen ver en los esfuerzos del presidente norteamericano, una semejanza con los “Acuerdos del Hotel Plaza”, del año 1985, entre Estados Unidos y sus aliados determinando una intervención conjunta de los mercados cambiarios. El dólar en los dos años siguientes se devaluó un 40%. Japón, que mostraba un crecimiento muy importante, sufrió los efectos más negativos. China ha enviado mensajes, señalando que, por ningún motivo, quiere repetir una experiencia parecida.
El mecanismo de contraer las compras en el exterior y crear esta guerra comercial, parece no ser el adecuado. Más de 1.000 economistas americanos enviaron una carta a Trump, refiriéndose a la similitud con la crisis mundial de 1930. Advierten que implantar estos derechos causaría severos daños en ese país.
La crisis de los años 30 produjo efectos desastrosos en la economía mundial, siendo Chile unos de los más afectados. Nuestro comercio exterior disminuyó en un 80% y tardó más de 30 años en recuperarse. En la situación actual será necesario intensificar nuestro comercio con APEC y Alianza del Pacífico. Sin embargo, esta nueva guerra comercial no tiene otra forma de resolverse, que una negociación razonable entre todas las partes involucradas. Ningún país querrá vivir la desastrosa experiencia de los años 30.
Noticias recientes indican una cierta aproximación entre Estados Unidos y la Unión Europea, que podría ser la base de acuerdos más extendidos. El comercio mundial se funda en negociaciones entre países muy diferentes, pero que escogen esa vía antes que enfrentamientos.
Cabe esperar que éste sea el camino de solución.