Es imposible diseñar buenas políticas públicas si no contamos con los datos específicos de una realidad cada vez más compleja. De ahí la relevancia del Censo. Y también, sus debilidades.

Hace algunos meses comenzó el Censo 2012. Un gran despliegue de recursos financieros y humanos trabajando para poder tener una visión más clara de cómo es nuestro país. Para el gobierno, así como para las empresas y la sociedad civil, la información obtenida es de gran utilidad: en un tiempo más sabremos cuántas chilenas y chilenos somos y más de alguno utilizará la creatividad para sacar datos relevantes a la hora de analizar nuestra compleja realidad.

Ahora bien, si entendemos este proceso como el instrumento más adecuado para diseñar las futuras políticas públicas del país, a uno le gustaría contar con preguntas algo más específicas. Por ejemplo, en el tema de la discapacidad, no existe un apartado para poder reconocer las enfermedades y condiciones que ellas generan. Si uno tiene algún integrante en el hogar con fibrosis quística o con síndrome de Down, todo lo que sabemos es el dato general de que hay alguien que sufre una minusvalía, pero no cuál ni sus consecuencias. Piense por un minuto en lo complejo que puede ser diseñar políticas públicas con tan escasa información.

Más allá de que haya organismos como Fonadis destinados exclusivamente a los temas de discapacidad, el gobierno –y todo el país– perdió una oportunidad preciosa para obtener una fotografía lo más completa posible de una realidad que de seguro debiera requerir de políticas públicas definidas y bien orientadas. Objetivos que no podrán cumplirse si es que esa realidad no ha sido bien reporteada.

Los movimientos actuales comparten un malestar común que tiene que ver con la ineficacia del accionar del aparato público. A la hora de establecer políticas para el país es necesario tener información lo más completa posible, ya que ésta permite diseñar estrategias para grupos específicos. De ese modo, por cierto, se puede enmendar el rumbo o dejar de hacer algo que estaba sistemáticamente mal enfocado.
Por lo demás, el error de muchas de las políticas públicas es que se piensan desde Santiago, cuando la realidad de las regiones es totalmente diferente. Asimismo, las estrategias se analizan y definen a partir del promedio, siendo que hoy los niveles de complejidad que como sociedad hemos adquirido requieren de acciones concretas y con mayor dirección.

En este sentido, la situación de discapacidad se hace cada vez más relevante en países que avanzan hacia estadios de desarrollo mayor. Es en este escenario donde conocer las diferentes realidades permite afinar mejores respuestas para los problemas. Al final del día, por muchos bonos que se entreguen, el éxito de Chile estará dado por su capacidad de atender a los distintos sectores con políticas que sean relevantes para ellos.

Así como para las empresas el escenario en el cual se hacen los negocios ha cambiado bastante, tornándose cada vez más complejo, las exigencias de la ciudadanía también lo han hecho. En ese nuevo escenario hay más preguntas que respuestas, no existen verdades únicas y por ello se requiere dar el salto y preocuparse de temas que muchas veces se olvidan.

El tango argentino ejemplifica bastante bien lo que está sucediendo en términos de que existe la sensación, con o sin fundamento, de que “el que no llora no mama”. Aunque su problema es dolorosamente real y exige acciones del gobierno y la sociedad, los discapacitados muchas veces no tienen la fuerza ni las ganas ni las posibilidades de exponer sus demandas. Un país integrado y diverso requiere incorporar a todos. Aquí el mercado no tiene las soluciones y por lo tanto el Estado debe intervenir para poder crear las condiciones o bien proveer los servicios requeridos.

Es cierto que los niños en edad pre-escolar (hacia allí debieran apuntar nuestros esfuerzos en educación), así como muchos otros grupos –entre ellos los discapacitados– no son factores relevantes a la hora de definir a nuestros gobernantes. No por ello el país debe dejarlos de lado.

El Censo, en consecuencia, nos deja algunas interrogantes que probablemente tienen una justificación en la dificultad de éste y en el problema de caer en un exceso de especificidades. Esta herramienta –que no es la única– debiera entregar un nivel de información más complejo, que permita afinar la puntería de nuestras políticas como país.