El ganador de un Oscar por Belle époque, visitó Chile para dictar una charla en la Universidad Alberto Hurtado y ultimar el rodaje en Santiago de El baile de la victoria, adaptación de la novela de Antonio Skármeta que marcará su regreso al cine de ficción. De paso, aprovechó de deslizar su particular punto de […]

  • 4 mayo, 2007

El ganador de un Oscar por Belle époque, visitó Chile para dictar una charla en la Universidad Alberto Hurtado y ultimar el rodaje en Santiago de El baile de la victoria, adaptación de la novela de Antonio Skármeta que marcará su regreso al cine de ficción. De paso, aprovechó de deslizar su particular punto de vista sobre la cinefilia y el cine contemporáneo. Por Joel Poblete; foto, Enrique Stindt.

Puede que como cineasta no entusiasme a todos por igual y hasta genere ciertos anticuerpos, a pesar del Oscar conseguido por Belle époque y los Goyas acumulados con La niña de tus ojos. Pero como cinéfi lo acucioso y entusiasta, como conversador ameno y fascinante y como observador agudo e inclemente de la industria fílmica, el español Fernando Trueba (52) es imbatible. Y lo demostró en su reciente paso por nuestro país, invitado por la Universidad Alberto Hurtado para inaugurar con una clase magistral el segundo año del Diplomado en Cultura Audiovisual Contemporánea de dicha casa de estudios. Trueba no solo provocó algunos remezones entre los cinéfi los más furibundos al cuestionar el real aporte de realizadores “intocables” como Kubrick; aprovechó, además, de reunirse nuevamente con Antonio Skármeta, a quien ha estado viendo a menudo en los últimos meses, pues el proyecto con el que el cineasta regresará a la ficción tras cinco años será precisamente una adaptación de la novela del chileno El baile de la victoria, cuyo rodaje se realizará en Santiago a partir de septiembre.

Al iniciar la conversación, lo primero que preguntó Trueba fue por una tienda donde encontrar DVDs interesantes, y de paso incrementar su colección de películas chilenas (que incluye títulos de Silvio Caiozzi y Andrés Wood, y la infaltable Batalla de Chile de Patricio Guzmán). Es que la cinefi lia ha sido clave en la evolución de este artista madrileño, desde que se iniciase en los años 70 como crítico de cine en La guía del ocio y El País, labor que fi nalmente desembocó en su primera película, una comedia que precisamente se llamó Opera prima (1980). De esa pasión por mirar da fe también su Diccionario de cine, publicado en 1998 y cuya reedición se lanzó hace unas semanas en España. En él se permite el siempre fascinante ejercicio de revisitar películas,
hablar de sus favoritos e incluso modificar sus juicios sobre títulos, actores y cineastas. “Para mí es un libro muy divertido de hacer. Mi idea es cada ocho o diez años lanzar una nueva edición, pero cambiándolo, añadiendo partes y quitando cosas que ya no suscribo”.

-¿Habrías sido director si no hubieras sido tan cinéfilo?

-Supongo que uno es uno y su pasado, y la manera en que quiere hacer las cosas. Yo llegué al cine a través de eso que se llama cinefi lia, que implicaba amar tanto el cine como para querer ir a pasarte tus días en la Filmoteca, leer todo lo que encontrabas, las revistas francesas –que en la época eran buenas, no tan malas como hoy–, y devorar todo, desde el cine clásico hasta el que en mi época de juventud se pasaba en los cines de barrio de Madrid. Me sorprende cómo en las generaciones jóvenes hay cineastas que no tienen interés por ver el cine del pasado ni los clásicos; lo que les gusta es lo que hacen ellos y la película que van a fi lmar, o les preocupa cómo van a fi lmar el guión que han escrito, pero no les interesa nada lo que se haya hecho antes o lo que hagan los demás. No digo que sea el factor común de todos los jóvenes, pero sí es muy sorprendente para todos los que venimos de esa época.

-¿Entonces la cinefilia actual es muy distinta de la de tu época?

-Hace poco se publicó un libro de ensayos de Susan Sontag, donde hay un artículo en el que dice que el cine ha muerto, porque ha muerto la cinefi lia, aunque yo no creo que haya muerto ni que va a morir. Las nuevas generaciones tienen una manera distinta de vivir el cine, que ni la critico ni nada, pero creo que se pierde un gran disfrute al no ver cine clásico, no aprender a descubrirlo y amarlo. Si el cine muere va a ser de puro éxito, ¿sabes? Ha triunfado sobre todos los “enemigos” que supuestamente iban a acabar con él: la TV, el video, el DVD… y la prueba de su triunfo es que ahora lo que está acabando son las salas, el espectáculo colectivo, la gente en la oscuridad y tal, pero sin embargo las casas se convierten en un cine, y el concepto nuevo es el Home Cinema. El cine ha llegado a la casa de todo el mundo, cada casa será un manecine en el futuro, y en diez años una casa sin una buena pantalla será como una casa sin baño. Incluso si quieres vas a poder comprar instantáneamente, sin necesidad de bajarla, una película de Murnau.

-Muy buena esta ventaja que ofrecen las nuevas tecnologías, pero se pierde algo de magia, ¿no?

-Por un lado es maravilloso que todo esté disponible y se pueda ver. Es como tener acceso a la mejor fi lmoteca del mundo; pero quizás antes había toda una mitificación mágica: cuando yo era pequeño y descubrí el cine, el acceso a las películas no era tan fácil… y si tú te enterabas que una de tus películas favoritas se exhibiría en un lugar remoto, ibas hasta allá porque no sabías cuándo sería la próxima vez que podrías verla. Yo creo que las magias se pierden y se descubren otras. Cada época inventa sus propias magias, dependiendo de las tecnologías disponibles, y tampoco quiero atreverme a decir que otra época fue mejor, no quiero ser de esos que idealizan el pasado. ¿Por qué va a ser mejor no tener acceso a una película que tener acceso a ella? Uno puede tener la nostalgia de quien eras tú en esa época, pero no quiere decir necesariamente que esos días fueran mejores, sino que eran bastante sui generis, y cuando uno se lo cuente a sus nietos dirán “en que época tan rara vivía esta gente”.

-Es extraño que teniendo más acceso que nunca al cine del pasado, las nuevas generaciones no siempre tengan mucho amor por los clásicos.

-Precisamente por eso. Aquello que es fácil de conseguir no se valora, y desde luego no se mitifica. El cine se ha democratizado, entonces cualquiera puede hacer una película con su cámara digital y luego traspasar el material a cine. Eso asusta a algunos profesionales del cine, pero a mí no, porque durante siglos cualquiera pudo hacer literatura y escribir un libro. Gente que a menudo escribe novelas malísimas publica sus libros, pero ello no ha acabado con la literatura, no pone en peligro a García Márquez. El que cualquiera pueda hacer una película tampoco pone en peligro al cine, lo que da es oportunidades a quien tiene talento y antes no tenía acceso a hacer una película por los elevados y disparatados costos de la industria. Es interesante esa democratización, me divierte y a la vez como cineasta me da una gran esperanza: si alguna vez no quiero jugar dentro de las reglas del juego puedo seguir haciendo un cine clandestino, íntimo y personal, que no necesite de distribución ni de comercialización, ni siquiera de un gran público. El cine está adquiriendo una enorme riqueza de posibilidades.

MUCHOS PROYECTOS, SOLO UN ELEGIDO

Los casi 15 años transcurridos desde su Oscar por Belle époque –cuando al recibir la estatuilla dijo “quisiera creer en Dios para darle las gracias, pero solo creo en Billy Wilder”, demostrando su admiración incondicional por el director de Una Eva y dos Adanes– han sido de lo más variados para Trueba: primero el escaso éxito de su fi lme americano Two much, cinta en la que se enamoraron Antonio Banderas y Melanie Griffi th; luego el suceso de La niña de tus ojos en 1998, que consagró a Penélope Cruz (“es curioso que sus mejores trabajos, donde demuestra que es una bestia de la actuación, siguen siendo los europeos, porque en Hollywood aún no ha tenido la oportunidad que merece”); el documental musical Calle 54 y su interés por la producción discográfi ca, al ayudar a masifi car el trabajo de artistas como Bebo Valdés y Diego El Cigala, a través de álbumes como Lágrimas negras: “No me considero ni quiero formar parte de la industria discográfi ca, quiero ser un outsider, un tipo del cine al que le gusta la música y de vez en cuando produce un disquito según un proyecto”.

Nadie podría acusarle de permanecer inactivo. En carpeta tiene un guión para una película de animación, otro para un thriller con Penélope Cruz que producirá el francés Luc Besson (El quinto elemento) y una historia coescrita junto al veterano Jean-Claude Carrière –colaborador de Milos Forman, Louis Malle y Buñuel– situada en la Francia de los años 40, durante la ocupación. “En mi vida había tenido tantos guiones de fi cción acabados”, reconoce. A todo eso hay que agregar un documental en proceso sobre el músico brasileño Francisco Terqueira Tenorio Jr., del que lleva 150 horas grabadas, aunque dice no tener la menor prisa por terminarlo, porque planea fi nalizarlo entre el rodaje de El baile de la victoria y su próxima película.

-Te gusta hacer las cosas simultáneamente.

-Lo que me gusta es sentirme libre, dejarme llevar por lo que sienta, no estar esclavizado ni por el mercado o lo comercial. Incluso por lo no comercial, porque también hay gente esclavizada por tratar de mantener su éxito, y hay otros que están atrapados por su plan artístico, por el afán de “volver a hacer una nueva película marginal, mantener mi figura de poeta maldito, indie, moderno, con un aro en la ceja”.

Creo que la gente se autolimita demasiado, no quieren hacer algo porque “puede desconcertar a la gente que sigue mi obra”, entonces creo que no solo es bueno desconcertar a quien pueda seguirte, sino además desconcertarte a ti mismo.

¿Qué te motivó a fi lmar esta adaptación de Antonio Skármeta?

-Es un texto muy bonito, había leído otras cosas de él, pero no esta novela, se me había escapado, y lo hice cuando el productor italiano Vittorio Cecchi Gori (el mismo de Il postino, también basada en Skármeta) me ofreció fi lmarla. El quería que la hiciéramos rápido y como me apetecía tanto, me decidí. A veces hay libros que te encantan pero por mucho que te gusten dices “no veo una película aquí”; y en este caso aparte de gustarme el libro, vi la película en sus páginas, no lo había acabado de leer y ya la película estaba moviéndose en mi cabeza. Eso no me pasa a menudo. Soy muy lector, siempre estoy leyendo y soy gran amante de la literatura, pero a pesar de ser director no leo buscando argumentos, sino porque simplemente me gusta leer. Por ejemplo, todos los otros guiones que tengo escritos son originales, este es el único que es una adaptación. Además, tenía tres personajes maravillosos, y para mí una de las cosas más importantes en el cine son los personajes, creo que la historia tiene que ser la mejor posible, pero los personajes son los que definen todo.

Además de elegir locaciones en Santiago se ha reunido en muchas ocasiones con Skármeta: “nuestra relación ha sido fantástica, a nivel humano y profesional, me encanta venir aquí, charlar con él y su familia. Estuvimos revisando el guión y ya estamos en conversaciones para ver el elenco. Habrá actores de varias nacionalidades y por supuesto espero que bastantes chilenos”. Por ahora, el único nombre confi rmado es el del popular actor argentino Ricardo Darín (El hijo de la novia).

{mospagebreak}EL CINE DE EPOCA, EL ACTUAL Y HOLLYWOOD

Trueba tiene las cosas muy claras en varios ámbitos. Reconoce que al fi lmar un largometraje de ficción siempre prefi ere las producciones de época: “Los que vivieron en ella no están ahí para corregirte, entonces te aprovechas y se convierte en un territorio de fantasía, porque de una película de época me atrae no tanto la reconstrucción, sino la libertad que me da.

Siempre digo que he descubierto cómo la realidad te esclaviza, si tú estás haciendo una película de ahora, ¿cómo puedes hacerla sin que el personaje se siente a leer sus mails o le mande un mensaje desde su celular a alguien, si todos pasamos horas al día en eso? Y yo odio eso, ir al cine y ver una pantalla de computador, digo ¡tengo que mirarla durante horas en la casa, acabo de pagar cinco euros para ver una película y estos hijos de puta me muestran otra pantalla de computador!”

También es muy crítico con el cine que se puede ver hoy, por ejemplo no pierde ocasión para ser implacable con algunos de los “regalones” actuales del cine asiático: “Hay muy pocos ineastas de ahora que realmente me interesan, siempre choco con la moda, porque hay directores que he intentado ver y entender por qué se han puesto de moda, como por ejemplo Kim ki-Duk, al que no le tengo el menor respeto, o Hou hsiao-Hsien, que me aburre”. De lo reciente dice que le han gustado Pequeña Miss Sunshine y el fi lme alemán La vida de los otros, ganador del Oscar a la mejor película extranjera, y que aunque no le gustó Babel sigue pensando que González Iñárritu es un gran director, mientras critica al guión de Los infi ltrados: “curiosamente le dieron el Oscar al guión y a mí me pareció una autentica basura, si yo lo escribo y se lo llevo al productor me lo tira por la cabeza y me echa de su oficina”.

-Eres muy crítico con el cine estadounidense actual…

-Es que el cine americano es muy pobre en historias que contar, porque ha caído bajo el imperio del videojuego. Una película como 300… ¡no se me pasa por la cabeza ir a verla! Basta con ver el trailer (sinopsis)… antiguamente uno iba al cine, mirabas los trailers de los próximos estrenos y decías ¡quiero ver esta! Pero ahora vas al cine, ves los trailers y dices ¡esta elícula ya la he visto! Y ya no necesitas verla, podrías ir a cenar y hablar de ella, de lo mala que es, con solo ver el trailer.

-¿Entonces nunca volverías a trabajar en Hollywood?

-La verdad es que no tendría problema en volver, el único problema con Hollywood y las grandes compañías productoras es que a mí me gusta hacer lo que me da la gana. En esa ciudad todo está basado en que te pagan mucho por hacer lo que le da la gana a otro, entonces yo prefi ero cobrar menos pero hacer lo que me da la gana. Es que por mucho que te paguen, en cuanto lo que estás haciendo es lo que le da la gana a otro, ya te has convertido en una de tantas personas que tienen que trabajar en algo que no les gusta para vivir, ¿sabes? Y yo contra eso me rebelo, prefiero vivir bajo un puente.

-Pero a ti difícilmente te va a pasar eso.

-Nunca se sabe.