“Tú y yo vivimos en lugares opuestos, pero tenemos problemas similares”, asegura Maxime Nicolle (32), uno de los líderes del movimiento francés que se hizo conocido hace un año tras manifestar su descontento hacia el presidente Emmanuel Macron utilizando chalecos amarillos. El grupo inspiró a varios chilenos que en las recientes protestas sociales vistieron el mismo atuendo para hacerse notar: la diferencia, eso sí, es que aquí los usan para oponerse a los violentistas, no al gobierno.

  • 28 noviembre, 2019

Para el mecánico aeronáutico Maxime Nicolle (32), el activismo político llegó sin ser buscado.

El 20 de octubre de 2018, el francés -hasta entonces un desconocido opositor a la administración del presidente Emmanuel Macron que trabajaba en un puerto marítimo comercial- tomó la decisión de transmitir en vivo un video por Facebook para manifestar su descontento. Quería revelar públicamente su dura crítica al gobierno y hablar sobre la necesidad de tener una nueva Constitución. La grabación instantánea demuestra aquella rabia e injusticia con la que apasionadamente se le escucha a larga distancia: acusó al mandatario galo de enriquecer a la clase privilegiada de ese país y de no responder a las demandas sociales, entre ellas, reducir el tiempo de la lista de espera en los hospitales públicos.

A los pocos minutos, otros usuarios de la red social comenzaron a seguirlo y se sumaron a la transmisión. “Comenzó a darse una conversación sobre mi descontento y sobre el de ellos. Sobre el robo de dinero por parte del Estado, la corrupción y los grandes empresarios: ellos son los que tienen el dinero y ellos son los que pagan para elegir al presidente”, indica Nicolle por videollamada desde Francia.

En ese momento, cuenta el dirigente social, reconoció uno de los nombres de los participantes que se unía entonces: Eric Drouet (34). “Wow”, pensó. Se trataba de un conductor de camiones que había visto en televisión y que marchaba con frecuencia por las calles en oposición al alza en el impuesto al carbono.

Pero no lo contactó. Como él no estaba involucrado en política, explica, optó por no relacionarse con los que, como Drouet, ya aparecían en los medios.

Sin sospecharlo, tanto él como el dirigente camionero se convertirían en los líderes de los chalecos amarillos, grupo que encabeza las protestas que hasta hoy se mantienen en Europa. Según explica a Capital, en Francia se trata de un grupo transversal, que no tiene fundadores. “Es un movimiento horizontal. Los medios me hicieron comenzar a ser un líder porque tengo estos grupos en Facebook y me hicieron un rostro visible”, asegura. 

Esta es su historia.

Fly Rider

Nicolle nació en 1987 en la ciudad francesa de Limoges, lejos de la política y de su padre, con quien nunca tuvo contacto. Tras estudiar y obtener una licenciatura en mecánica aeronáutica, se unió al Ejército, en el que estuvo desde 2005 a 2018. Entre 2016 y 2017 vivió en Madagascar, donde fue jefe del puerto marítimo al sudeste del país africano. “Por mis años de servicio, sé cómo la Armada y la Policía francesas trabajan”, asegura.

Siempre usa el mismo chaleco amarillo. En él tiene escritas con plumón las palabras “fuerza” y “honor”, mientras que el de su novia, Marianne, está dibujado el rostro de una mujer pintado con los tres colores de la bandera francesa: rojo, blanco y azul, que representan la libertad, igualdad y fraternidad.

Su jockey puesto siempre hacia atrás, brazos tatuados y frondosa barba pelirroja lo convierten en un personaje fácil de identificar. Fanático del paracaidismo y las motos, en las que se traslada hace doce años, Nicolle es conocido como Fly Rider, seudónimo con el que se apoda en las redes sociales y con el que titula su primer libro, que lanzó el 14 de noviembre: Fly Rider, un chaleco amarillo

 

Ahí retrata lo que ha vivido estos 12 meses: cómo se gestó el movimiento y las principales demandas que se exigen, a pesar de que allá –al igual que en Chile– no hay un petitorio común. Explica además cómo se involucró en la política, materia de la que nunca formó parte antes. “La injusticia normalizada es mi razón para luchar”, dice. 

Los ocho

Quien comenzó todo esto fue precisamente Drouet. En octubre del año pasado realizó una convocatoria a través de redes sociales y así agrupar a los disconformes del gobierno de Macron. Para identificar a los que querían formar parte del grupo, propuso instalar sus chalecos amarillos, que por ley deben estar en los autos en Francia, al igual que en Chile, en el parabrisas. La idea era contabilizar cuántos eran. Era el primer paso.

El 17 de noviembre de 2018 se corrió la voz y más de 300 mil ciudadanos quitaron los chalecos de los autos y los usaron para marchar. “No fue el inicio del movimiento, fue el principio de la detección visual de este”, dice Nicolle. Fue el segundo paso. Entonces, sí quiso conocer al líder camionero. Fue el inicio de un camino que los une hasta hoy: ambos desde entonces conforman el grupo de los ocho representantes más mediáticos del movimiento.

Su movida tuvo algo de efecto, explica Nicolle. Ese mismo mes el ministro de Transición Ecológica y Solidaria, Élisabeth Borne, invitó a “los ocho” a conversar. A la autoridad le pidieron que tomara en consideración sus peticiones y las de miles de franceses que le escribían a diario al grupo por redes sociales.

Los ocho resumieron las propuestas en un documento, en el que le explicaban al ministro que el impacto ecológico, aunque no lo era todo, era parte importante de su razón para manifestarse. “Pero después de esa reunión no pasó nada”, alega Maxime, quien espera que Macron deje su cargo. 

El movimiento adquirió fuerza: alcanzó 188.000 miembros en el grupo oficial en Facebook y su última manifestación congregó a 28.000 personas. Para establecer un diálogo, entre el 15 de enero y el 15 de abril de este año, el gobierno francés realizó un gran debate nacional, con foros públicos, reuniones con autoridades, conversatorios y una plataforma online (https://www.debatpublic.fr/), en la que ciudadanos realizaron propuestas. Se estima que participaron un millón quinientas mil personas. Como respuesta, los chalecos amarillos realizaron el Le Vrai Débat –debate real, en español– para recolectar propuestas y descontentos de los ciudadanos.

El resultado se engloba en cuatro grandes temáticas: transformación del sistema político; fortalecimiento del servicio público –como hospitales, hogares, municipalidades y escuelas-; lucha contra la evasión fiscal, aumentando las sanciones a los fraudes y crear un sistema de impuestos directo; tomar compromiso con la ecología, prohibiendo el uso del herbicida glisofato, apoyo a la agricultura orgánica, sanción para empresas contaminantes y prohibición de envases no reciclables.

En noviembre del año pasado, el ministro del Interior, Christophe Castaner, contactó a los ocho líderes para una reunión. Ellos quedaron en que asistirían al encuentro, pero al no considerarse voceros de los Gilete Juanes (chalecos amarillos) y no buscar una negociación para poner fin a las manifestaciones, acordaron que la reunión sería transmitida vía Facebook, para que los ciudadanos formaran parte de esta. Castaner no estuvo de acuerdo y finalmente no se concretó el diálogo. “Por eso nunca hablamos con el gobierno, ellos no quieren hablar con nosotros ni con la gente, solo quieren hacer una negociación entre cuatro paredes”, dice Nicolle. “Hoy el gobierno no se interesa por el movimiento. El presidente Macron no habla de nosotros, dice que no hay violencia desde los policías, dice que no es un problema perder un ojo… Si lo tuviera que graficar es como escupir al suelo hacia nosotros”, dice el francés mientras imita ese gesto.

“Chile no habría ido a nuestra convención”

En junio de este año, Nicolle se unió al equipo de un incipiente diario online independiente llamado Le Quartier Général, que funciona a través de suscripciones. Su oficina es su casa, y junto a él trabajan unas 10 personas más. A ello se dedica tiempo completo. “Marianne es la administradora de mi grupo en Facebook y me ayuda desde hace un año a llevar la información a 47 países”, aclara. 

Antes de esto, ya era activo en la red social de Mark Zuckerberg. El primer grupo que armó -“Fly Rider infos blocage”- lo creó ese 24 de octubre del año pasado. Hoy, 156.000 personas conforman dicho espacio. En su cuenta privada de la misma plataforma tiene 145.000 seguidores.

En otro espacio que administra en la red, llamado “Fly Rider Yellow Jacket International News”, traduce noticias en francés a 50 diferentes idiomas. “Nos dimos cuenta de que la corrupción que afecta a Francia también está en Portugal, en España, en Italia, entre otros”, asegura Nicolle. Así, de lunes a domingo le dedica casi todo el día a las redes sociales, a traducir material y a realizar entrevistas. “Respondo a peticiones de medios de todo el mundo. Además de hablar contigo en Chile, lo he hecho con España, con Egipto, con Rusia, Portugal, Suiza… Trato de hablar con todos los que pueda, todo el tiempo posible”, cuenta.

Hoy, Fly Rider es prácticamente un referente internacional para los manifestantes: le llegan chalecos amarillos de todo el mundo. A través de la cámara del computador muestra orgulloso uno de Australia, con un canguro dibujado en la espalda, y otro de Londres.

-¿Cómo cambió tu vida el movimiento?

-Cuando los medios me señalaron como líder -porque hice videos y mucha gente los veía-, toda mi vida cambió. Ahora no puedo salir a la calle sin que me digan “¡oye, eres Maxime Nicolle!”. Quieren hablar conmigo, preguntarme qué opino de, pero yo no tengo las soluciones. Por eso comencé a estudiar, para entender el sistema político y económico, y en un año hablé con muchísima gente, de todas las áreas, para comprender. No quiero que si alguien me pregunte algo y no lo sé, asuman que el movimiento está compuesto de estúpidos que no entienden nada. Me propuse probar a los otros que sabemos por lo que luchamos.

-¿No te consideras un líder?

-¡Absolutamente no! Pero sé que junto con Eric Drouet, Jacline Mouraud, Priscillia Ludosky y otras cuatro personas somos la cara visible. Todos nos hemos propuesto que la información que se transmita sea la correcta, que no crean que somos un grupo de enojados que rompen todo y le pegan a la policía.

-¿Sabías que en Chile los chalecos amarillos están en contra de las manifestaciones en la calle?

-¿¡Qué!? No tenía idea. El chaleco es un símbolo de lucha, aquí nos identifica. Este viernes tuvimos una convención en Lisboa, Portugal, con personas del movimiento de diferentes partes del mundo. Los de Chile no hubieran podido ir. Fueron de la Amazonía, Francia, Argelia… Juan Branco, quien es mi abogado y el de Julian Assange (Wikileaks), organizó este evento.

-¿Cuál fue el objetivo?

-Obtener explicaciones, entender esta ola de protestas, hablar de la manipulación de los medios, de las mentiras de los gobiernos, de la corrupción… Tú y yo vivimos en lugares opuestos, pero tenemos problemas similares.

-¿Cuándo se acabará el movimiento?

-Creo que nunca. Las manifestaciones de los sábados quizás se terminen algún día, pero creo que estuvimos dormidos durante mucho tiempo y ahora estamos despertando. Muchos saben lo que ha pasado, entienden los problemas económicos, sociales y políticos. Y ahora se preguntan en qué se está gastando sus impuestos. Eso no cambiará.

Priscillia Ludosky: la otra líder

El movimiento de los chalecos amarillos lleva 53 semanas activo y divide su tiempo en “actos” que son marcados por los sábados, día en que la protesta se toma las calles de todo el país. La primera vez que Nicolle y Priscillia Ludosky (34) –otra de las líderes de este grupo– se vieron fue el 27 de noviembre de 2018, en el Acto II. Desde entonces mantienen contacto a través de las redes de mensajería Telegram, Whatsapp y Signal. Jamás a través de Facebook. “La policía puede infiltrarse”, sostiene Nicolle.

Ludosky también dedica el día completo al movimiento: esta es la décima entrevista que tiene en el día. Y tiene claro lo que busca: la renuncia del presidente Macron. 

-¿Ha tenido éxito el movimiento amarillo?

-No. No puede ser exitoso si seguimos protestando un año después. Lo que hicimos fue unir a la gente, invitarlos a que formen parte de estas ideas a pesar de ser de diferentes partidos políticos y de distintas clases sociales.

-¿Cuál es la razón principal por la que te manifiestas?

-Son varias. La primera es cambiar la forma en que la política funciona, queremos crear un referéndum por iniciativa ciudadana, el que nombramos como RIC. Es una herramienta democrática que existe en Italia, en California y en Suiza. Este método nos da un lugar en el debate público y hace que el referéndum sea consultado a la población. Macron lo rechazó, diciendo que era una herramienta antidemocrática, pero es lo contrario. Buscamos poder enmendar la Constitución a través de un referéndum. Y aún no lo logramos.

-¿Te pareció bien el proceso de diálogo que encabezó Macron?

-No. Esa medida duró tres meses, costó 12 millones de euros y hasta ahora, no tenemos novedades sobre los resultados. Pienso que fue una operación comunicacional del presidente para enfrentar las elecciones europeas que habrá en mayo. Y para ponerle frente, nosotros creamos una plataforma llamada “El verdadero debate”: Le vrai débat. Estuvo un mes y recibió un millón de visitas. 

El presidente nunca mencionó nuestra plataforma, nunca la consideró, por eso queremos juntarnos con él, entregarle el documento que resume lo que recibimos de nuestro ejercicio ciudadano.