A pocos días de la elección presidencial y ante el favoritismo de Cristina Fernández en las encuestas, una breve reseña de sus características y del significado del liderazgo femenino allende los Andes.

  • 19 octubre, 2007

A pocos días de la elección presidencial y ante el favoritismo de Cristina Fernández en las encuestas, una breve reseña de sus características y del significado del liderazgo femenino allende los Andes.

“Tengo nombre de reina. Acevedo siempre me decía eso… y la verdad es que me fascinaba que me dijera reina”, le confesó a una amiga no menos de diez veces. Acevedo es Sergio, el renunciado gobernador de Santa Cruz, Argentina. Y ella es Cristina Fernández, la senadora, esposa del presidente Néstor Kirchner y candidata a la Casa Rosada.

Considerando el favoritismo que muestran las encuestas, conviene revisar algunas de las características de quien puede convertirse en la próxima presidenta argentina, partiendo por sus diferencias con otras líderes femeninas de la región. Porque no le gusta que la comparen. Ni Evita, ni Hillary, ni Bachelet. “Yo soy yo y punto”, suele responder fastidiada. Además que al otro lado de la Cordillera asumen esto del liderazgo político femenino con ánimo distinto. Pero vamos por parte. Cristina nació en Ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. Se educó en una típica familia de clase media. Dicen que de niña soñaba con ser bailarina clásica, que era caprichosa, divertida e inteligente.

En la década de los 70 su primer novio fue secuestrado y torturado. Hoy integra la lista de desaparecidos que heredó esa compleja etapa de la historia trasandina. Tiempo después conoció a Néstor Kirchner y nunca más se separaron, pese a los cientos de rumores sobre su distanciamiento e infidelidad.

Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata. En poco tiempo, su carisma y liderazgo la convirtieron en una líder natural de la Juventud Peronista (JUP), movimiento al cual renunció más tarde por no estar de acuerdo con la conducción. El 5 de enero de 1976 fue detenida por la junta militar, lo que en nada mermó su pasión por la política. Obtuvo el cargo de Legisladora Nacional, mucho antes de que su marido fuera gobernador de Santa Cruz, por lo que no le gusta que vean su candidatura presidencial como una herencia de Kirchner. Entre sus luchas políticas se cuenta la férrea defensa de los Hielos Continentales –a favor de Argentina, claro está– y su oposición a Menem.

Es conocida por su elegante sentido de la moda, su amor por los viajes y una feroz oratoria. Practica Pilates y tiene dos hijos: Máximo, que vive con su pareja en Santa Cruz, y Florencia, de 16 años, que vive con el matrimonio en la residencia presidencial.

El fenómeno de los matrimonios en el poder no es nuevo en la política argentina.

Conocido fue el rol que cumplió Evita en la administración del general Juan Domingo Perón. Ocupó el cargo de secretaria de Desarrollo Social, se convirtió en una líder social (no exenta de polémica, por cierto) y, entre otras cosas, consiguió el derecho a voto para la mujer. Por problemas de salud renunció a ser vicepresidenta de Perón en el segundo periodo.

La segunda esposa de Perón, María Estela Martínez, conocida como Isabelita, lo secundó en el cargo tras el fallecimiento del mandatario.

Otro ejemplo. La ex esposa de Carlos Menem, Zulema Yoma, cumplió un rol relevante para la vida política de su marido. Y la mujer de Eduardo Duhalde, Chiche Duhalde, es diputada nacional y fue la fundadora de las famosas “Manzaneras” de Buenos Aires (en cada manzana de la Provincia de Buenos Aires había una mujer que respondía a ella).

La vicegobernadora de la poderosa Provincia de Buenos Aires es Graciela Gianettasio, esposa de Felipe Solá, quien ejerce la gobernación.