Es la mujer más importante del arte cinético a nivel americano, dueña de un talento muchas veces poco entendido y que sólo algunos han sabido reconocer como se lo merece.

  • 15 mayo, 2008

Es la mujer más importante del arte cinético a nivel americano, dueña de un talento muchas veces poco entendido y que sólo algunos han sabido reconocer como se lo merece.

Es la mujer más importante del arte cinético a nivel americano, dueña de un talento muchas veces poco entendido y que sólo algunos han sabido reconocer como se lo merece. Matilde Pérez tiene un ojo maestro y una capacidad de adelantarse a los tiempos con sus cajas de luces y sus tubos llenos de electricidad. A sus ochenta y tantos años, su nombre suena fuerte entre sus pares, a pesar de que en algún minuto muchos rechazaron su poco convencional manera de hacer arte. Fue gracias a las generaciones más emergentes que esta artista ha podido lucir su trabajo un poco más, y precisamente ellos fueron los que motivaron a la galerista Isabel Aninat a montar una exposición con sus obras. Se trata de un nuevo homenaje –porque ya se le han rendido varios– en que se presentarán sus creaciones más recientes y otras no tanto, pero que merecen ser vistas una vez más. Como cuenta la misma Isabel, esta idea surgió al ver cómo los jóvenes llegaban a su centro de arte preguntando por Matilde y, especialmente, por sus grabados. Fue entonces que decidió hacer esta muestra cuyas protagonistas serán las serigrafías, las piezas lumínicas y las pinturas llenas de esa “mágica” ilusión óptica. Y por si esto fuera poco, también estarán los venezolanos Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez y el argentino Julio Le Parc, quienes nos darán un adelanto de sus innovaciones en la cinética latinoamericana. Un nuevo entrecruce regional para esta galería, cuyo objetivo final es brindar lo mejor de lo mejor del arte de este lado del planeta.