“Se puede ayudar asistencialmente a una persona, pero mientras no le des la oportunidad de acceder a un trabajo estable, no la sacas de su condición de pobreza”, dice el presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos. Y ahí es, precisamente, donde se juega el rol social de la actividad emprendedora.

  • 12 noviembre, 2008

 

“Se puede ayudar asistencialmente a una persona, pero mientras no le des la oportunidad de acceder a un trabajo estable, no la sacas de su condición de pobreza”, dice el presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos. Y ahí es, precisamente, donde se juega el rol social de la actividad emprendedora. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Enrique Stindt.

Lleno de vitalidad y entusiasmo, Jorge Matetic Riestra recibe a Capital en su casa de infancia, situada en pleno corazón de Providencia, la misma que hace 10 años convirtió en centro de operaciones para sus diversas empresas.

Actual presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos –la USEC, entidad que está cumpliendo 60 años de vida– y galardonado con el Premio Icare al mejor empresario 2008, este ingeniero agrónomo, educado en el Saint George y en la Universidad Católica, está convencido de que la empresa no sólo debe ser económicamente eficaz, sino que socialmente constructiva y, por sobre todo, éticamente correcta. “Además de sus fines propios –nos dice– que incluyen contribuir al desarrollo integral de sus trabajadores y a su sostenibilidad económica, la empresa contemporánea no puede ser ajena a la búsqueda del bien común, que es tarea de todos, en una comunidad de hombres libres como es Chile”. En esa cruzada está en la USEC, junto a un directorio de lujo que incluye a Rolando Medeiros y Erwin Hahn, como vicepresidentes.


-Nada mejor que hablar de ética y desarrollo empresarial a partir de la propia experiencia. En tu caso, ¿a qué atribuyes el éxito en los negocios?

-Fui formado bajo el concepto de la ética del trabajo. Quizás por descender de inmigrantes que no lo estaban pasando bien en Europa –mi abuelo llegó a Punta Arenas cuando Croacia formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y mi madre, de Asturias– yo crecí en un ambiente donde se valoraban el esfuerzo y el deseo de emprender. El sólo hecho de subirse a un barco para atravesar el Atlántico y llegar a una tierra desconocida implicaba valor y fuerza, un paso valiente que implicaba jugarse por entero para sobrevivir.


-¿Y a qué se dedicó tu abuelo?

-Mi abuelo fue empresario; mejor dicho, él se hizo empresario. Cuando llegó no tenía más recursos que su habilidad para hacer cosas. Partió con una fábrica de colchones y después se dedicó al comercio, levantando lo que hoy sería una pequeña “multitienda”, con de todo un poco, que llegó a tener importancia en Punta Arenas. ¿Cuál fue su secreto de éxito? Muy simple. Cuando desembarcó en el sur no tenía un peso, pero había recibido una estupenda educación en Europa. Me parece que este es el punto que hace la diferencia. Los inmigrantes venían de una Europa convulsionada por todo tipo de problemas, pero tenían un capital insustituible: la educación.

-Que pudo traspasarla a sus descendientes…

-A mi papá también le fue bien en la vida porque tuvo una muy buena preparación. Se educó en los Salesianos, una congregación orientada a la educación y que hizo una inmensa obra civilizadora no sólo en la zona austral de Chile, sino también en la Patagonia argentina. Fueron ellos los que le transmitieron la ética del trabajo bien hecho, del amor demostrado en el cariño puesto en los detalles, del sentido de servicio que tiene el trabajo cuando se realiza de cara a Dios. Cuando terminó el colegio, se vino a Santiago, a la Universidad Católica, donde se matriculó en lo que hoy es la Facultad de Economía. Ahí conoció a mi mamá. Ella, asturiana, había llegado de cinco años a Chile, educándose en el Liceo Nº 1 de Niñas, que por entonces era uno de los buenos colegios de Santiago. Como simple anécdota te cuento que a mí me bautizó don Carlos Casanueva, que era el rector de la UC y había casado a mis papás.

-¿Católico desde siempre?

-Sí, desde siempre. Yo diría que más por el lado del papá que de la mamá, porque él apreció toda la vida su formación salesiana. Yo fui al Saint George, que también era un colegio marcador que entregaba un temple distinto, traspasándonos una fuerte vocación social y una manera de ver la vida muy práctica y muy ejecutiva.

-Después de recibir el premio al mejor alumno de tu promoción, entraste a la Católica.

-Sí, entré a estudiar Ingeniería. Era la carrera que me habían metido en la cabeza que debía seguir, pero a mí siempre me había gustado el campo. Mi papá tenía uno en la costa y eso me tiraba… El caso es que estuve un par de años en Ingeniería y después decidí incorporarme de frentón a Agronomía.


-Tú estás, entre otras empresas, vinculado a las área vitivinícola y agropecuaria. ¿Qué valor le das a la reforma agraria implementada en los gobiernos de Frei Montalva y Allende?

-La verdad objetiva es que el 11 de septiembre de 1973 en Chile quedaba comida para cinco días. Si a esa política agraria se le puede llamar exitosa, quiere decir que los responsables de ese éxito fueron esos dos gobiernos. Hoy nadie se acuerda, pero la situación era tan grave que no había semillas para sembrar. Chile hubiera tenido que vivir de la caridad ajena de no ser por un cambio político importante. La reforma agraria no es un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas, pero bueno, fue un momento distinto, una época distinta…

Espíritu de empresario

-Como presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos, ¿cuál es el espíritu que los debe caracterizar?

-Intentamos orientar y motivar a empresarios y ejecutivos para que, guiados por la doctrina social de la Iglesia, se comprometan a practicar, más que a predicar, que el trabajo es una herramienta para el desarrollo integral del ser humano, compartiendo y entregando lo mejor de cada uno –en capacidad y experiencia– para enriquecer el medio laboral en el que estamos insertos. A pesar de que compartimos muchos valores con personas de otros credos, o incluso agnósticos, y que el hecho de ser cristianos no nos hace ni mejores ni peores que otros, sí pienso que intentamos ser más conscientes y comprometidos con la realidad social, con nuestro entorno.

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-¿Por qué se ha “demonizado” al mundo empresarial, cuando –en definitiva– los emprendedores y los empresarios lo que han hecho a lo largo de la historia de Chile es más bien cooperar a su desarrollo?

-No sé si “demonizado” es la palabra adecuada. Me parece un poco dura, pero efectivamente pienso que no hay una percepción general de lo importante que es la actividad productiva para el desarrollo de un país. Porque al final todos hablan de la pobreza, de los temas sociales y no se resalta lo suficiente que la única forma de salir de la pobreza es emprendiendo, dignificando el trabajo, produciendo. No hay otra manera. Se puede ayudar asistencialmente a una persona, pero mientras no le des la oportunidad de acceder a un buen trabajo, a un trabajo estable, no la sacas de su condición de pobreza. Tengo la certeza que la gente que trabaja en buenas empresas respeta, aprecia y valora enormemente la tarea de los empresarios. Es indudable que hay grupos políticos cuyas ideologías les impiden ver la realidad sin anteojeras; pero también es indudable que los empresarios hemos permanecido demasiado callados, nos hemos concentrado en nuestras actividades productivas y no nos hemos preocupado de transmitir mejor nuestros planteamientos que buscan, entre otras cosas, valorar la ética del trabajo por sobre la ética del reparto.

-¿Cómo así?

-Mira, está creciendo lo que yo llamo la “teoría de Robin Hood”, que en pocas palabras no es otra cosa que incentivar la idea de quitarle a uno para darle a otro. En vez de centrar la atención en el valor del trabajo, del esfuerzo, del emprendimiento, de la disciplina y eficiencia, observo que se está pregonando una idea nefasta para Chile y su desarrollo, cual es incentivar la búsqueda del regalo, la prebenda, la dádiva. Aquí se necesita un gran proyecto país que centre de una buena vez la atención en el tema educacional. La igualdad de oportunidades pasa por una educación valórica que privilegie la idea de que cada uno puede ser lo que quiere ser y que desarrolle la voluntad de ser más. No son sólo conocimientos, sino desarrollo de habilidades y de una ética de solidaridad. Hoy día, muchos piensan que su condición es culpa de otros y eso no es siempre así. No deja de ser frustrante observar que, pese a que somos un país que ha crecido en recursos, que ha tenido los más altos precios del cobre, que ha acumulado fondos, no haya podido avanzar en materia educacional. Aún en las situaciones más adversas, quien posee educación sale adelante.

-Pero también hay un problema de legislación…

-Tenemos en algunos ámbitos una muy mala legislación. Nos quejamos, pero no lo suficiente. En general, los empresarios no nos tomamos la molestia de ser más agresivos para defender nuestros puntos de vista y posiciones. En democracia todos tenemos los mismos derechos, entre ellos el de opinar. En todo orden de cosas escuchamos diariamente proposiciones equivocadas. Falta una instancia de diálogo. Desgraciadamente no nos hemos puesto bien de acuerdo los chilenos en ciertas cuestiones fundamentales, y creo que todos tenemos una culpa en ello. Siento que ha habido una falta de alineamiento con ciertos objetivos básicos que se arrastran desde hace mucho tiempo y que no es responsabilidad sólo de este gobierno. Por lo demás, el tema de cómo sacar adelante a Chile, mejorar la equidad, eliminar las bolsas de pobreza, es algo que corresponde tanto al sector público como al privado. Deben establecerse políticas públicas inteligentes. Estamos entrampados en la política contingente, en las elecciones, en quién saca más o menos votos.

-¿Acaso los empresarios no tienen tribuna?

-No es eso. Lo que quiero decir es que a lo mejor nos deberíamos poner más políticos para que nos pesquen más, porque –como digo– nos quejamos de la legislación cuando nos parece que no contribuye al crecimiento del país. Pero esas mismas leyes, demasiadas veces, son aprobadas porque prácticamente todos los parlamentarios están de acuerdo. ¿Has visto, por ejemplo, algo menos serio que la discusión del salario mínimo?


-¿El modelo económico heredado del gobierno militar está en peligro?

-No. Creo que ahí no está la discusión. Sinceramente, no creo que hoy haya en Chile quien plantee cambiar el modelo porque, simplemente, no hay otro. ¿Conoces a alguien que quiera vivir como en Cuba, donde el sueldo promedio es de 25 dólares? Lo que necesitamos es que Chile crezca más, que generemos más trabajo y riqueza, más que brindar asistencialidad.

-¿Y que pasa con la legislación laboral?

-Desgraciadamente, hemos ido cada vez más adoptando una legislación laboral anti-trabajo. Se están acortando la jornada laboral, las jornadas extraordinarias, se aumentan los feriados, se ponen cada vez más trabas al que contrata, etc. No hay espíritu alguno de fl exibilidad. Las cosas andan mal por el uso de criterios políticos y no técnicos. Hace un tiempo se acordó que se iban a generar para la administración del Estado, cargos de alta dirección pública para tener gente idónea, capaz de desarrollar sus tareas más allá de la contingencia política. Pero se ha logrado en una proporción muy baja.


-¿Representa el ministro Andrade esa ideología que aspira a superar la pobreza mediante la ética del reparto?

-Yo he tenido algún contacto con él y como persona merece mi respeto. Cada cual es dueño de pensar lo quiera. Pero también creo que está tremendamente equivocado en lo que piensa y que el modelo de relación laboral que está proponiendo lo único que genera es pobreza y desencanto. Creo que toda esta teoría, que está fundada en que el mejoramiento de la capacidad negociadora de los trabajadores es lo que mejora su nivel de ingreso, no es efectiva; porque lo único que determina el nivel de ingreso de una persona es su grado de preparación. Menos mal que la presidenta ha tenido un buen criterio de no mandar al Congreso todos los proyectos que él ha propuesto… pero sigue siendo el ministro del Trabajo de este gobierno, de manera que alguna representatividad tienen sus ideas…

Sobre la crisis


-¿Estamos bien preparados para enfrentar la crisis económica?

-En una crisis mundial como esta, no hay nadie blindado. Chile tiene una economía abierta al mundo y, claramente, vamos a ser afectados por lo que pase con nuestros principales socios comerciales. Con todo, tenemos reservas y un manejo macroeconómico muy adecuado y serio.

-¿Bien por Velasco?

-Ha sido un ejemplo de persona que ha asumido un cargo público con la calificación técnica y la excelencia necesaria. Es un ejemplo de cómo debieran ser todos los servidores públicos.

-¿Cuál es el estado de ánimo de los empresarios frente a la crisis?

-Estamos todos preocupados, porque es evidente que si tengo una empresa y me caen las ventas en un 40%, no puedo estar tranquilo. Ahora, la verdad es que aún no está claro cuánto nos puede afectar y si hemos tocado fondo. Esta no es una crisis que se haya generado en Chile, sino en los países más desarrollados del mundo. Por ahora, sabiendo que es posible que nos enfermemos, debemos tomar vitaminas y buscar remedios. Tenemos que analizar cuáles son las restricciones que tenemos al desarrollo, tanto en materia de incentivos, de capacitación, estímulos fiscales y en legislación laboral. Hay que intentar generar un trabajo que sea de todos, con compromiso político de ambas coaliciones. Que anden como el perro y el gato no nos ayudará en nada.

 

 

Aniversario con sentido
En la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC) están de fiesta: cumplen 60 años. Fue fundada en 1948 por un grupo de profesionales, ejecutivos y empresarios a quienes la Acción Católica, dirigida por San Alberto Hurtado, les encomendó la misión de apoyar a todos los dirigentes de empresas como importantes agentes del desarrollo social, económico y cultural de Chile, mediante la difusión y la práctica de la doctrina social de la Iglesia.

Su primer presidente y fundador fue ni más ni menos que Jorge Matetic Fernández, padre del actual. “Nuestra gran tarea es cooperar a que los empresarios tomen conciencia de los temas sociales y que los asuman como propios. Hemos incentivado la generación de empresas productivas y socialmente equilibradas, cuyo foco principal es la persona y su dignidad. Buscamos que nuestras organizaciones se hagan sostenibles, que las personas se sientan acogidas, que se generen lazos de lealtad y confianza mutua. Dicho de otro modo, la primera y más grande responsabilidad del empresario cristiano es hacer bien su trabajo, manejar bien su empresa, entregar el mejor producto a sus clientes, saber relacionarse con sus proveedores, con el gobierno, la competencia. Actuar de manera ética y ser solidarios con el entorno, partiendo por los propios trabajadores, los vecinos y el medio ambiente”, dice el actual presidente.