El presidente de Renovación Nacional (RN) indicó que ante el poco apoyo de la reforma tributaria y considerando el momento económico que vive el país, se debería desechar el proyecto. Aquí, sus lecciones de vida publicadas en Capital en junio de 2018.

  • 7 junio, 2018

Por: María José Gutiérrez
Foto: Verónica Ortíz

“Nací en Los Andes, crecí en La Cisterna y soy el primer presidente de centroderecha que estudió en una escuela con número. Apenas terminé mi enseñanza media entré a Carabineros. En la época del gobierno militar, la gente que era de derecha, como yo, tenía una admiración muy importante a las Fuerzas Armadas y Carabineros. Yo sabía que el ejército, que es muy lindo, no iba a pelear nunca una guerra, en cambio, los Carabineros estaban en la calle y les tocaba pelear para lo que se habían preparado.

El 12 de abril del 89 salí en un diario por primera vez. En la portada de La Tercera estoy de uniforme y en el suelo hay un compañero mío asesinado por el FPMR. Yo tenía 20 años y él 22. Éramos más duros en esa época. Yo ya era un viejo chico, pero Carabineros te hace madurar, quizás a la fuerza. Estuve ahí ocho años. Salí porque no me dieron permiso para casarme: me dijeron que la contrayente no era apta porque tenía un hijo, y ese hijo era mío. Eran conceptos machistas. Yo tenía la idea antigua de que si uno era papá se casaba, así que renuncié y me casé. A los cuatro años me separé. Probablemente tenían razón, pero si no me hubiera casado, no tendría mi segundo hijo. Y me ha ido bien en la vida civil.

Juan Mihovilovich, que había sido seremi socialista, me invitó a trabajar a Gendarmería en un programa incipiente de incorporación de empresarios a las cárceles. Partí en Colina I y II. Luego me hice cargo del sistema semiabierto y empecé a estudiar Derecho de noche. Después fui jefe nacional de reinserción laboral, me tocó ver cosas muy duras, motines. Hasta que en el 2000 me echaron porque era de derecha, tal cual me lo planteó el director. Pero eran las reglas del juego, yo era jefe de departamento y ese era un cargo de confianza. Había entrado como técnico, no hablaba de política, pero en la elección Lagos-Lavín apoye a Lavín, ayudé en su programa.

Entré a RN por Pedro Daza, que era el director del Instituto Libertad. Mi hermano Pablo –que falleció después en un accidente– era dirigente de la UDI, el último de los formados por Jaime Guzmán. Y eso causaba sospecha en el partido. Por eso ‘desaparecieron’ mi ficha dos veces. A la tercera logré entrar. Después empecé a entender estas tremendas peleas en la centroderecha y que en política las lealtades no son muy firmes. Mi señora me pregunta cómo acá uno puede pelear muy duro con alguien y después rehacer relaciones. Y es porque a diferencia del mundo privado, donde yo me puedo cambiar a otra empresa, en política somos los mismos siempre.

Siendo presidente regional de RN, después de hacer una apuesta fuerte por la zona de Lo Prado, pasamos a ser el partido más grande del distrito, así que comencé a hacer carrera para diputado. El día que había que inscribir la candidatura, me bajaron, después de haberme ratificados dos veces. Ese momento duele mucho, cuesta asimilar esos golpes. Sin chistar, me fui a trabajar con el presidente Piñera en la campaña de 2009, luego me designó subsecretario, hoy tengo una buena relación con él. Le dije varias veces el año pasado que mi proyecto personal no era estar en este gobierno, sino ser presidente de RN.
No tengo vínculos con la elite de Renovación. Nuestros partidos de la centroderecha están acostumbrados a una construcción que tiene que ver con conocerse de toda la vida, pertenecer a grupos y clubes. ‘No tienes las redes que se necesitan’, me dijeron más de una vez. Eso de frente. De espaldas eran cosas bastante peores que prefiero no repetir. Carlos Larraín tuvo la generosidad de apoyarme para ser secretario general en su minuto, el presidente Piñera también. Y desde ese cargo proyectarme. Y aquí estamos de presidente del partido.

Los roces con Alfredo Moreno fueron cuestiones bien específicas que conversé con él. Pese a que fue canciller, él no estuvo metido en la arena política la vez pasada y fue una de las cosas que le dije: los códigos en política no son los mismos del mundo privado, y en ese ministerio en algún minuto no hubo cuidado con esos códigos. Pero eso ya pasó, el mismo ministro habló de errores y está superado”.