El baile de los que sobran marcó su juventud y dice que le duele que después de tantos años esa canción siga vigente. Mario Desbordes está decidido a correr las fronteras ideológicas de su sector en la convicción de que los cambios no se pueden postergar. Por eso, llama a la gente a seguir movilizada y no bajar la presión.
Fotos: Verónica Ortiz

  • 21 noviembre, 2019

Mario Desbordes ha sido uno de los dirigentes políticos más protagónicos desde que estalló la crisis social. No solo porque ha liderado los acuerdos con la oposición, sino porque tempranamente instó a su gobierno a abrirse a los cambios que la ciudadanía exigía. Tanto él como los hermanos Ossandón -el senador Manuel José y la diputada Ximena– consideraban que La Moneda no estaba leyendo la gravedad del momento. Y para convencerlos de abrir compuertas, Desbordes se enfrentó con la UDI y con su propio gobierno.

A sus 51 años, no tiene la vehemencia ni el temperamento sanguíneo de otros políticos. Desbordes dice que no le gusta estresarse porque se pierde claridad. Y quizá por eso cultiva una forma casi zen que puso a prueba para enfrentar este delicado momento político.

Hay quienes creen que su biografía le permitió leer más rápidamente lo que la calle exigía. Que su buen olfato es porque él mismo es hijo de clase media exigida a salir adelante. Buena parte de su infancia la vivió en La Cisterna. Luego se iría a la Escuela de Carabineros, donde llegó hasta el grado de teniente. Pero toda su educación básica y secundaria fue en escuelas públicas con letra.

Eso bien podría ser parte de su pasado, pero no lo es. Aunque sea diputado y presidente de Renovación Nacional, la burbuja en la que podría vivir si quisiera se rompería en sus almuerzos familiares en Maipú. Allí conversa con un padre que recibe 180 mil pesos mensuales de pensión y con sus hermanas que ganan sueldos bajos y no tienen opción de pensar en la casa propia.

Desbordes no mira el movimiento social a través de una ventana. De hecho, él mismo ha contado que su hijo de 23 años va a las marchas y que, si él no fuese parlamentario, también estaría manifestándose en las calles.

“Cuando conté que mi hijo salía a movilizarse, me encontré con la sorpresa de que muchos de mi sector, que están en altos cargos, me empezaron a decir en privado y en voz baja que sus hijos también estaban en la calle”, dice la segunda vez que nos reunimos a hacer esta entrevista. La primera fue antes del acuerdo por la paz que firmó el Congreso. Y la segunda, el domingo 17, cuando el mundo político empezó a respirar de nuevo.

Mientras batalla contra la adicción para dejar las gaseosas light, Desbordes cuenta su pasión por el jardín. En su casa en Colina es él quien corta el pasto y poda las plantas. Sabe de árboles y de la época de floración. Y, aunque suene un poco esotérico, le encantan las plantas “protectoras” como el romero, la ruda, el laurel o la lavanda. Es decir, plantas de sanación y que cuidan de las malas vibraciones.

-A muchos les da la impresión de que hay un mundo político que aún no logra entender lo que ha pasado. ¿Ve esa incapacidad en su sector?

-Yo creo que sí. Hay una cosa un poco dogmática en el sentido de que la receta siempre es el crecimiento y el empleo. Incorporar el componente social, la solidaridad, no ha sido fácil. Se instaló la idea equivocada de que ser de derecha era solamente lo que te mandataba el Instituto Libertad y Desarrollo.

-¿Cómo?

-Durante muchos años mi sector quedó capturado por la idea de los temas del crecimiento y el empleo, eso era ser de derecha. Cuando el primer gobierno del presidente Piñera planteó el postnatal de seis meses, se nos vinieron al cuello, porque iba a destruir el trabajo de las mujeres. Pero ya vemos que no se produjo drama en el empleo femenino. Ha costado mucho que mi sector comprenda que hay dos o tres vertientes de centroderecha, y son todas legítimas.

-¿De cuál es usted?

-Me cuesta encasillarme. Creo en la economía social de mercado como concepto. Soy un convencido de que la solidaridad es un elemento fundamental. No tengo traumas con un Estado más grande en algunas áreas. Reivindico el concepto de obra pública, pero eso no me hace estatista, ni me transforma necesariamente en socialcristiano, aunque probablemente sea lo más parecido a lo que soy.

-Esta crisis lleva más de un mes. Pareciera que lo que se pide es, justamente, sacudirse de antiguas recetas, ¿no?

-Absolutamente. Pero hay gente que cree que hoy se debe mantener la receta más firme que nunca y no hay que ceder ante la izquierda. Tú ves que José Antonio Kast y Gonzalo de la Carrera consideran que somos todos unos traidores cuando planteamos la necesidad de abrirnos a un sistema mixto de pensiones. Mi convicción es que el sistema mixto es saludable y debe incorporar un componente de solidaridad. No estoy concediendo ni cediendo. Es lo que veo.

-Seguramente, es lo que ve en su entorno cercano…

-Claro, el fin de semana, cuando estoy con mis padres, en mi casa no se discute si las acciones subieron o no. Hablamos de lo que pasa cuando tienes una pensión de 180 mil pesos. 

-Lo ve desde la experiencia misma.

-La experiencia de vida te marca y te hace mirar las cosas de una manera mucho más flexible. ¡Cómo no voy a comprender el drama de las pensiones! Veo la situación de mi padre y veo que muchos de los que están dando recetas de cómo solucionar el problema del sistema de pensiones no cotizan en las AFP. Ellos tienen sus ahorros en una cartera de inversiones. 

-¿Cree que ha logrado transmitir esa vivencia al gobierno, a sus partidos?

-Sí. Le contaba al presidente Piñera que en los primeros días de las manifestaciones fui a ver a mi madre a Maipú. Ella era líder de Avon, tenía a su cargo un grupo de señoras que vendían esos productos, pero ya no lo puede hacer porque tiene problemas a la cadera. Está esperando hora para su operación… Esos días veía a sus vecinos y todos estaban caceroleando. Conversé con varios. Me decían que ellos no eran ni de izquierda ni de derecha. Solo querían que les solucionara el tema de las pensiones, el precio de los medicamentos. Esa experiencia te permite mirar las cosas desde otro punto de vista.

Seguir en la marcha

-Lograron un acuerdo para abrir la ruta a una nueva Constitución. Usted sabe que una parte de la derecha se siente derrotada. ¿Cómo limpiar esas asperezas que quedaron?

-También otros dicen que nos rendimos a los violentistas, pero es al revés. Los derrotados fueron los violentistas. Ellos no querían acuerdo, ellos quieren echar abajo nuestra democracia y el sistema completo. Entonces, no veo dónde está la derrota, la rendición. Aquí va a haber elecciones y la gente decidirá. ¿Tanto terror le tienen a una elección?

-¿No es legítimo el miedo?

-Es que no entiendo por qué algunos creen que nos van a derrotar, si no hemos ni competido todavía. Creo que va a ganar la opción de hacer una Convención Constituyente cien por ciento electa y que nosotros podemos ganar. Pero hay gente que le tiene susto a las urnas y ya se están escondiendo debajo del catre. Me da un poco de vergüenza ajena esa actitud.

-Usted mencionaba la influencia de Libertad y Desarrollo. ¿Por ahí vienen los temores?

-Le hablo de RN porque nos creemos el cuento. Somos el partido más grande de Chile y queremos que la opción de la Convención Constitucional cien por ciento electa gane. Entonces, no sé si Lucho Larraín cree que no se puede ganar. Yo lo invito a ser candidato. Sería estupendo tenerlo en la Constituyente. Es un tipo brillante. Comparto la mitad de lo que él piensa, pero sería un tremendo aporte.

-Ha llamado a no bajar la presión de la calle. ¿Por qué?

-Fui muy claro. Yo hago un llamado a que Chile vuelva a funcionar, pero también a que la gente se mantenga movilizada, que no es lo mismo que una manifestación permanente.

-¿Pero por qué cree que la gente debe presionar?

-Porque tengo miedo de que haya gente en mi sector, y en otros también, que si ven que declina la presión social van a perder la urgencia para hacer las reformas sociales.

-¿Su temor es que la presión por las reformas se diluya?

-Sí, porque sé que si no hacemos las reformas ahora, en seis meses más van a explotarnos de nuevo en la cara. ¿Y sabes cuál es el riesgo? Que nosotros ya no vamos a poder ser actores en ese proceso. Que quede claro que cuando llamo a mantener la movilización, también estoy llamando a aislar a los violentistas. Porque aquí las reformas que se van a lograr, y el acuerdo constitucional, no es por los que incendiaron iglesias o edificios; va a ser por el millón de chilenos que salió a la calle.

-¿No estará corriendo todas las fronteras de su sector?

-Estoy convencido de que es lo que se necesita hoy día. Tenemos que avanzar hacia un sistema mixto en las pensiones y limitar las utilidades de las AFP, por ejemplo. No veo otra forma de subir las pensiones -más allá del pilar solidario- para que la gente de clase media, que recibe pensiones paupérrimas, tenga una buena calidad de vida. Y nos queda la salud, el precio de los medicamentos… Si avanzamos en eso, yo creo que la calle se calma, porque lo que quiere ver son reformas concretas.

-¿Cree que la UDI está dispuesta a avanzar en esa línea? Ellos dicen que ya entregaron bastante…

-Yo creo que muchos de la UDI están de acuerdo en que la integración vertical, el abuso de posición dominante, los monopolios, son contrarios a lo que defendemos, que es la economía de mercado. Y cuando hablamos de avanzar hacia un sistema mixto de pensiones, he escuchado a algunos ultradogmáticos oponerse, pero también he escuchado a muchos en la UDI estar de acuerdo.

-¿Qué pide la gente cuando habla de más dignidad en el trato?

-Bueno, esas son las otras reformas urgentes: terminar con los abusos públicos y privados. Uno de los primeros estallidos sociales en miniatura, pero que fue muy decidor, fue el de una persona que estaba harta de la burocracia, del maltrato que tuvo en el Compín. Y abrió el extintor desesperado por lo que le estaba pasando. Nadie lo leyó. Ese tipo de hitos eran señales de un malestar acumulado que provocaba bronca. Ese malestar tiene que ver con abusos, con que el delito de cuello y corbata no tenga condena de cárcel… Urge terminar con los abusos.

“Te quiero contar una cosa. Hace como cuatro meses me entrevistó Freddy Stock en su programa en Vía X. Los dos somos de La Cisterna y me preguntó cuál era la canción que marcó mi juventud. Le dije que era El baile de los que sobran. Fue muy marcador de la vida de muchos. Porque en el liceo te vendieron la pomada de que ibas a salir adelante, pero uno sabía que muchos iban a terminar pateando piedras. Lo triste es que esa canción siga tan vigente como hace 35 años. Es evidente que si uno habla de movilidad social, son pocos los casos donde realmente sucedió.

-Bueno, usted es un caso de movilidad social.

-Sí, aunque mi situación es atípica. Un lado de mi familia siempre tuvo una buena situación y el otro lado, el materno, no tanto. Soy nieto de un obrero peletero que hacía abrigos de piel. Yo tengo mi historia donde me ha ido bien, pero no sabes la pena que me provoca saber que hay otros a los que no.

-¿Sabe que hay varios que lo ven como un candidato presidencial que emergió de esta crisis?

-No lo veo en el horizonte ahora.

-¿Pero no lo tienta?

Este minuto no es el de las candidaturas presidenciales y RN tiene buenos nombres sobre la mesa. No sé qué pasa con los nombres en la UDI. Valoro mucho a Joaquín Lavín también, aunque no ha estado muy presente en esta crisis. Pero no, mi opción por ahora es tener una buena reelección de diputado y seguir aportando en esta crisis.

“Hay gente de mi sector que se hubiera sentido muy cómoda escondida detrás de la pollera de los militares”

-Las violaciones a los derechos humanos, ¿pueden quedar como una mancha para el gobierno?

-Hemos vivido una crisis muchísimo más grande que la francesa, la ecuatoriana, la catalana y la de Hong Kong. En ninguno de esos países hubo el nivel de destrucción que hubo aquí. Se destruyó todo el sistema de transportes, cientos de supermercados quemados, saqueados, vandalizados. En ese contexto, la enorme mayoría de Carabineros se ha mantenido apegado al marco legal. Algunos otros no supieron enfrentar bien las crisis y otros, con dolo, con intención de causar daño, se salieron del marco legal. Pero todos los formalizados han sido denunciados por la propia institución y si salieron del marco legal, tendrán que ser condenados.

-¿Cree que ha sido marginal?

-Lo que digo es que hay casos graves y tienen que ser condenados, pero la enorme mayoría de los procedimientos que ha tomado Carabineros, bajo una presión enorme, con un desgaste físico y psicológico gigantesco, se han ajustado a derecho.

-¿Demoró mucho la salida política y quedó más cargado a un tema de orden público solamente?

-Es un factor. Hay gente de mi sector que se hubiera sentido muy cómoda escondida detrás de la pollera de los militares o de los carabineros. Pero no son ellos los que tienen que solucionar esta crisis. Somos los que estamos en política. Creo que el gobierno demoró innecesariamente una reforma previsional que pudo estar lista la primera semana.

-¿Cuál es su temor hoy?

-Que no estemos a la altura, que creamos que esto pasó, que no hagamos las reformas en la profundidad que se requiere, que nos mantengamos aferrados a nuestros dogmas, y que en un tiempo más esto vuelva a explotar y ahí, la verdad, cerremos por fuera.

-¿El tiempo está jugando en contra?

-Si no somos capaces de hacer las reformas escuchando a la calle y no terminamos con la inequidad, con estos abusos, yo prefiero salir y privatizarme. Es primera vez que vivo de la política y si no se pueden hacer esos cambios, prefiero volver al mundo privado y el domingo volver a la casa de mi viejo, sentarme tranquilo, con la conciencia de que estoy donde tengo que estar no más.