La periodista advierte que el rol de la prensa es incomodar a los sectores más polarizados y no quedar bien ni con la elite ni con la calle. “Estamos en una sociedad tan bipolar que tendríamos que tomar partido por uno u otro. Y eso no lo vamos a hacer”.
Foto: Rodolfo Jara

  • 23 enero, 2020
Paz-Epelman

De las muchísimas esquirlas que ha dejado el estallido social, el rol de la televisión abierta fue, sin duda, uno de los temas en debate. Hubo llamados a “Apagar la TV” y también intentos de ataque a los distintos canales. El factor común fue una crítica transversal al rol de la prensa.

Transmisiones en directo. Testimonios. Imágenes que Chile no tenía en su retina, matinales con paneles de políticos y nuevas conversaciones marcaron la tónica. Y ahí, en ese menú, el rating no estuvo ausente y trajo nuevos datos. Chilevisión Noticias y CNN fueron el canal privado que encabezó el rating comercial que mide hombres y mujeres entre 25 y 64 años de los estratos ABC1, C2 y C3. CHV Noticias central pasó de 3,3 a 5,4 puntos de rating comercial. Un alza de 63%. Y en el rating total -que mide a toda la población-, el grupo Turner se instaló en el segundo lugar con un 7,3 puntos lo que significó un 11% más que antes de la crisis.

La mujer que comanda ese buque se llama María Paz Epelman. Es la directora editorial de Turner Chile, compañía que la semana pasada cambió su imagen corporativa: hoy son Warner Media, nombre de la firma norteamericana que controla al grupo.“Warner es un gigante creativo que reúne a colosos como HBO, Warner Brothers, Turner y CNN. Ahora somos parte de ese ecosistema que busca ser líder en contenido Premium”, dice Epelman para explicar que el cambio de identidad (nombre y logo) está siendo un proceso gradual a nivel internacional. “Lo más importante es que hay que empezar a cambiar la comprensión de quienes somos”, señala.

Periodista de profesión, graduada de coach Ontólogico y Organizacional, a sus 52 años ha labrado una trayectoria intensa en varios campos (fue vicepresidenta de Asuntos Públicos y RSE de VTR; presidenta de Acción RSE; miembro del consejo directivo de Red Prohumana; y directora de la RAD de la UDD y de Icare). A pesar de esa experiencia, dice que este ha sido, por lejos, su trabajado más difícil y también más apasionante.

-¿Cómo evalúa el rol de la tv en la crisis?

-Frente a la crisis, los primeros sorprendidos fuimos los departamentos de prensa de todos los canales de televisión. Y debo reconocer -con dolor- que fue muy fuerte ver la enorme brecha afectiva que teníamos con nuestras audiencias.

-¿Qué fue lo doloroso?

-Fue muy doloroso darnos cuenta de que nos estaban mirando como al enemigo; que nos decían la prensa burguesa. La gente del movimiento social nos miraba como parte del problema. Fue tan fuerte que se tradujo en agresiones a reporteros y camarógrafos. Al mismo tiempo, eso nos impidió estar más en medio de las manifestaciones y conversar con las personas, escucharlas. Pero hemos hecho el intento. Quizá por eso la audiencia nos ha premiado en estos meses.

-Tanto la calle como la elite tienen una mirada crítica de la tv. ¿Cómo se enfrenta?

-Estamos conscientes de que estamos bajo un fuego cruzado y que como medio de prensa, con una línea independiente, vamos a ser criticados por personas muy comprometidas con posiciones de derecha o izquierda. La única forma de evitarlo sería comprometerse con alguno de los dos grupos, y no podemos hacerlo. No está en nuestro ADN.

-¿Qué significa eso en la práctica?

-Estamos en un verdadero fuego cruzado, en que todo lo que digamos y mostremos molestará a uno u otro. Y así ha sido desde el mismo 18 de octubre. Debemos mantener el coraje de mostrar lo que consideramos correcto y la humildad para escucharlos a todos. El rol de los medios masivos es contrarrestar la reafirmación ideológica de las burbujas sesgadas de los grupos de WhatsApp, donde se retroalimentan las visiones. Tenemos que perturbarlos a todos, pero con los hechos.

-¿Será posible hacerlo cuando hay una polarización en que cada uno ve lo que quiere?

-Los medios tenemos que hacer el esfuerzo de ofrecer un denominador común de hechos y de análisis que sirvan al menos para perturbar la visión de quienes están muy polarizados. No creo que podamos contrarrestar la influencia que ejerce hoy tu propia red social. Todos reafirman sus posiciones dentro de su propia burbuja. A la gente de derecha no le llegan los mismos videos y memes que a la gente de izquierda. Viven mundos apartes.

Ni con la calle ni con la elite

-En el reporte que dan las encuestas, ¿la audiencia valora la independencia o quiere puntos de vista?

-Quiero dejar en claro que no es que a nosotros nos estén evaluando tan bien. Lo que pasa es que la televisión abierta está muy mal evaluada y nosotros somos los menos peores en esta crisis. Porque, a diferencia de lo que cree la elite, la ciudadanía considera que tenemos una agenda muy burguesa, muy sistémica, y los que apoyan masivamente el movimiento social esperarían una línea editorial con compromiso ideológico que nosotros no lo tenemos.

-O sea, ¿están en un zapato chino?

-Yo creo que a cualquiera que está tratando de dar cuenta de la complejidad, le va a pasar eso. No vas a quedar bien ni con la calle ni con la elite. Estamos en una sociedad tan bipolar, que tendríamos que tomar partido por uno u otro. Y eso no lo vamos a hacer.

-En ese clima, periodistas como Mónica Rincón y Daniel Matamala reciben críticas y apoyo. ¿Lo atribuye a la polarización?

-Absolutamente. Daniel y Mónica han ejercido el periodismo de opinión durante años y muy responsablemente. Y, desde mi punto de vista, de una manera muchísimo más equilibrada de la que se les reconoce.

-¿Cómo protegen a sus rostros de esos ataques?

-Con mucha conversación editorial y trabajo en equipo, pero hay una confianza básica en su profesionalismo y en su no ideologización. Es muy injusto el juicio de que Daniel y Mónica tienen compromiso ideológico. Lo que tienen es un compromiso valórico, pero no ideológico. Yo los he visto denunciando casos de corrupción de todo el arco político. Lo que pasa es que a muchos no les gusta que los denuncien. Por ejemplo, a Daniel se le acusa de ser antiempresa, pero no lo es. Es antiabuso, anticolusión. Él acusa la distorsión del rol de la empresa. Creo que los empresarios debieran tener la misma agenda que Daniel.

-¿Y repudiar las malas prácticas?

-Exactamente. El día que vean eso, el empresariado va a poder salir de la posición defensiva y podrán lograr que se distinga lo bueno de lo malo. Aquí hay mucho prejuicio infundado y también sabemos que mucho de esos prejuicios contra Daniel y Mónica provienen de campañas de bots, derechamente, que alimentan a las personas con una sensibilidad más conservadora. Gente que tiene miedo de hacia dónde puede marchar el país.

-El avisaje también ha sido un tema. El empresario Juan Sutil levantó sus avisos del canal. ¿Cómo lo han vivido?

-Lo entiendo como una reacción emocional, por miedo, pero creo que es un error. Los medios de comunicación son una garantía para la democracia. La autonomía editorial de los medios de comunicación no la puedes querer comprar con avisaje, aunque no te guste el contenido, porque gran parte de lo que hacen los medios es mostrarle a la sociedad aquello que no le gusta.

-¿Qué opina de la decisión de Sutil?

-Creo que el mérito de Juan Sutil -con quien me quiero tomar un café- fue decirlo abiertamente. Me gustó su valentía de expresar lo que piensa al descubierto, con todo el costo que eso tuvo para él y sus empresas en términos del rechazo en redes sociales. Y lo planteo así versus otros avisadores que toman las mismas decisiones, pero no lo dicen públicamente aunque la intención es la misma. Por lo menos, Juan Sutil te da la posibilidad de llamarlo por teléfono y de preguntarle: ¿qué estás viendo tú? Y no es que vamos a hacer lo que él quiera que hagamos, porque probablemente no vamos a poner en pantalla los contenidos que personas muy de derecha quisieran ver acá. Así que como tampoco vamos a poner lo que la gente de extrema izquierda quisiera ver. Los vamos a molestar a unos y a otros. Vamos a ser impopulares con unos y con otros. Pero claramente a nosotros nos interesa dialogar y conocer las posiciones de todos.

-¿Le falta un mea culpa a la prensa?

-Creo que hemos cometido errores, pero no horrores. El que diga que no se ha equivocado en esta crisis, está para ir a terapia. Todos nos hemos equivocado en esta crisis. Por eso debemos revisarnos, para evitar los sesgos. Hay que entregar información basada en evidencia y mostrar realidades diversas. No con el fin de incendiar la pradera, sino para romper la segregación. Necesitamos un periodismo que genere empatía.

-¿Empatía?

-Como sociedad estamos enfermos de falta de empatía. Por eso nuestro rol es mostrarle a la elite lo que siente y piensa un joven de la primera línea. Y mostrarles a los que protestan qué siente un hijo de carabinero. Y saber que cuando hagamos eso, nos van a seguir criticando por izquierdistas o por fachos, respectivamente. Entiendo la emoción que hay detrás de eso porque lo que le está pasando al país es bien fuerte.

-¿Qué es lo más fuerte?

-Lo que está de fondo es que en el país tenemos que seguir conviviendo todos. El otro -que piensa de modo totalmente distinto y actúa de un modo que te parece muy mal- seguirá existiendo en este espacio/territorio/nación. Nadie puede pretender eliminar a ese otro. Ni vencerlo o doblegarlo. Nadie va a ganar si mantenemos una lógica de lucha.

-Me llamó la atención que una ejecutiva como usted haya retuiteado los mensajes del Dalai Lama en varios días de la crisis. ¿Por qué?

Porque sus frases nos dan pistas. Hay que aumentar nuestros niveles de inteligencia espiritual urgente. En los momentos más álgidos, de toma de decisiones difíciles, el principal recurso ha sido volcarse hacia adentro, al lugar donde uno se encuentra con sus valores. Ahí hay una clave de humildad. Nos falta empatía, deponer la visión omnipotente. Tenemos alterada la convivencia.

-¿Y cómo se traslada eso a las salas de prensa? ¿Cómo se le inyecta empatía?

-Humildemente, creo que los medios chilenos no estamos al nivel de lo que se necesitaría en esta crisis. Por eso hay que tratar de sintonizar todos los días. Mostrar cómo se alimenta una familia que vive con sueldo mínimo, entender que no pueden darse el lujo de comer fruta, verdura o pescado. Y si alguien cree que con eso estamos alimentando el odio, bueno, que lo crea. Pero hay gente que esa realidad no la conoce o que ni siquiera se lo ha preguntado, y esa es una realidad que tenemos que mostrar para que pueda existir la empatía. No para generar odiosidad.