María José Zaldívar saltó de la Subsecretaría de Previsión Social a encabezar el Ministerio del Trabajo en pleno estallido social y ahora tiene la misión de proteger los empleos en la mayor crisis que ha vivido el país desde 1982. Del caso Cencosud, sus redes en La Moneda y el futuro, habla en esta entrevista. «Cómo salgamos de esta crisis sanitaria y económica es el pie con el cual vamos a seguir avanzando y construyendo», asegura.

«Esto no va a ser grabado con cámara, ¿verdad? Me puedo comer entonces una fruta… me lo tienen prohibido en las entrevistas”.
Al otro lado del Google Meet, la ministra del Trabajo, María José Zaldívar (44), muerde una manzana verde. Viene llegando a su oficina en Huérfanos, tras asistir por unas horas al Congreso en Valparaíso, para discutir en la comisión mixta la ley corta que modifica la Ley de Protección al Empleo. “En la mañana hablé desde mi casa para una radio. Entraron todos los niños, el gato maullaba… ¡y no hallaba qué hacer!”, relata la abogada UC, mamá de 4 hijos, de entre 7 y 14 años.
Desde que llegó la pandemia al país, la también historiadora ha trabajado de sol a sol para crear mecanismos legales que permitan –en la medida de lo posible– disminuir al mínimo la pérdida de trabajos, en la que es considerada la mayor crisis de la que se tenga registro desde 1982.
“He tenido la posibilidad de estar dedicada a esto porque tengo, en gran medida, los otros temas resueltos. Pero la realidad de la mayoría de las personas en Chile es que en este minuto están tratando de equilibrar todas sus distintas funciones para poder llevarlas adelante, que eso ya es súper difícil, pero además con la angustia de no tener la certeza de sus trabajos ni de sus ingresos. Quienes no estamos en esa situación, tenemos que estar profundamente agradecidos y ponernos al servicio de los demás, en todo orden de cosas, porque no hay nadie que no lo esté pasando mal en este momento”, asegura.
Cada día se levanta a las 6:30, y llega al ministerio alrededor de las 8 de la mañana. Trata de no volver a su casa después de las 8 de la noche, “para alcanzar a revisar las tareas y estar con mis hijos un ratito. Hay que administrar justicia, lidiar con el computador y la impresora para que la compartan, todos bienes de primera necesidad hoy”, dice.
Desde su oficina, en pleno centro de Santiago, ha sido testigo de las largas filas que se forman afuera de las Administradoras de Fondos de Cesantía (AFC), de trabajadores que van a cobrar sus seguros. “Es algo que a uno se le aprieta el corazón porque sabes que esas personas, en otras circunstancias, habrían podido encontrar trabajo mucho mas rápido y que hoy eso no necesariamente va a pasar”, advierte. “Eso ha sido lo más difícil de esta pandemia, porque los efectos pueden ser súper profundos para las familias”, agrega.

El caso Cencosud

Zaldívar aterrizó en el ministerio 10 días después del estallido social, a fines de octubre, en reemplazo de Nicolás Monckeberg. Hasta entonces se desempeñaba como subsecretaria de Previsión Social, y desde ese rol no solo fue la impulsora del proyecto de ley que obliga a cotizar a los independientes, sino también la diseñadora del proyecto de reforma a las AFP.
De familia DC –es hija del ex senador Adolfo Zaldívar, quien murió en 2013–, trabajó de abogada informante de la Superintendencia de Seguridad Social (Suceso) en el gobierno de Ricardo Lagos, luego fue fiscal del organismo en Bachelet 1 y durante el primer gobierno de Piñera fue nombrada superintendenta de la institución. “Yo no soy una persona de derecha. Nunca he militado en ningún partido y siempre he tratado de poner mis conocimientos en materia previsional o de seguridad social al servicio del país. Es lo que soy yo, y siempre me he sentido muy cómoda trabajando con el presidente Piñera, pese a que voté por Carolina Goic en estas presidenciales. Y eso todo el mundo lo sabe. Y es parte de lo que puedo aportar: una mirada distinta”, señala.
Fue el mismo 16 de marzo, anticipando lo que podía venir al ver que los alcaldes pedían a gritos las cuarentenas, cuando María José Zaldívar llamó al subsecretario Fernando Arab. “Parece que tengo una solución al problema”, le dijo, “¿qué te parece que, en vez de finiquito, pidamos solamente una declaración jurada y que con eso se gatillen los beneficios del seguro de cesantía?”. Arab, cuenta, “no me pescó mucho”. Y a los dos días la llamó de vuelta. “Oye, Cote, sabes que tengo una súper buena idea: ¿qué te parece si en vez de finiquito…”. “Yo le dije, ¡me estás agarrando pal leseo! ¡Es lo mismo que te dije hace dos días! ‘Te juro que no te caché’, me dijo. Ah no, entonces estamos muy conectados”, relata. “Siempre discutimos de quién fue la idea”, dice riendo.
Así partió el proyecto de Ley de Protección al Empleo, la iniciativa estrella de Zaldívar que consiste, por un lado, y en la suspensión de los contratos laborales y la reducción de las jornadas y salarios, por otro, con cargo al seguro de cesantía.
Ese mismo día los equipos de la Subsecretaría de Previsión Social, que lidera Pedro Pizarro, y de Trabajo, a cargo de Arab, armaron una propuesta que le presentaron a Piñera. La idea inicial la fusionaron con el proyecto que se estaba tramitando en el Congreso que reducía la jornada laboral. En paralelo, la tantearon con el ministro de Hacienda, Ignacio Briones –“le gustó harto”, dice–, y una semana después presentaron el proyecto en Valparaíso. “Fue duro, en general aquí el equipo ha estado súper estresado, hemos trabajado todos los fines de semana con un compromiso súper importante”, señala. “Estábamos también con el proyecto de trabajo a distancia, que sacamos ahí mismo, este y después nos pusimos a trabajar en el proyecto para los trabajadores que emiten boleta de honorarios”, agrega.

-De acuerdo a las últimas cifras, casi 66 mil empresas se han acogido a la Ley de Protección al Empleo, ¿qué balance hace?

-Lo que tenemos hasta ahora es que es una ley que ha permitido que aproximadamente 70 mil personas se hayan acogido, respecto de medio millón de trabajadores mayoritariamente concentrado en empresas micro, pequeñas y medianas. Solo un 1,3% son empresas grandes, y con eso me refiero a empresas con más de 200 trabajadores. La realidad es una ley que ha sido intensamente usada por empresas chicas. Pero algo que me complica mucho es que aunque, cuando uno ve los números duros, la ley ha sido súper exitosa, se ha instalado la idea de que ha habido abuso, de que las empresas grandes son las que mayoritariamente lo están usando, firmas que no tienen la necesidad, y que la ley estaría sirviendo para financiar a las compañías y no para los trabajadores. Pero no es así, las grandes son muy poquitas y la ley contempla todas las medidas para controlar el mal uso. Vamos a tomar todas las medidas para evitar que esto ocurra.

-Ayer Cencosud dio pie atrás a la decisión de acogerse a la Ley de Protección al Empleo y dijo que restituirá los fondos recibidos. ¿Cómo interpreta la decisión?

-Tomamos conocimiento de la decisión de Cencosud, sin embargo, ello no significa que desaparezcan los cuestionamientos a dicha empresa por haberse acogido a la Ley de Protección del Empleo, en circunstancias de que —al parecer—, contaba con recursos para sostener el pago de remuneraciones a sus trabajadores suspendidos luego de repartir más del 80% de sus utilidades entre sus accionista. Al margen de ese tema, que deberán definir los tribunales, el daño público causado al espíritu de esta ley, que fue creada con el objetivo central de proteger los salarios de los trabajadores en los tiempos difíciles que vivimos, estimamos que fue enorme porque pudo impedir que otras empresas que sí necesitan ayuda y proteger a sus trabajadores, se hayan desistido de hacerlo por todo el revuelo público que se generó en torno a esa empresa. Pero quiero reiterar que cualquiera que mal use esta ley, es decir, que se acoja a ella no estando en una situación que le imposibilite hacerse cargo de sus trabajadores, deberá hacerse responsable de las consecuencias legales de dicha decisión.

– ¿A qué atribuye la decisión de la empresa?

-Desconozco las razones que haya habido detrás de su actuar. Esa es una pregunta que debe responder Cencosud.

-¿Cree que Cencosud nunca debió haberse acogido a la ley?

-Como Gobierno, hemos sido siempre claros respecto de las circunstancias en que las empresas pueden acogerse a la ley. Tenemos 73 mil empresas y cerca de 500 mil trabajadores que se han amparado bajo esta ley. Es lamentable que algunos no hayan entendido este mensaje de solidaridad que conlleva una ley de este estilo, en estos tiempos de emergencia y que requiere el apoyo de todos, desde un principio.

El futuro

-¿Cuál será la prioridad una vez que pase la crisis? ¿Retomar la reforma a las AFP?

-Es que el tema de las AFP no ha perdido el foco, sigue siendo una prioridad. Pero pasada la crisis sanitaria vamos a tener que ver cuántas empresas lograron sortearla, cuántos puestos de trabajo se pudieron mantener y vamos a tener que empujar la reactivación y creación de nuevos puestos de empleo. Y también va a venir una etapa en que se van a reconfigurar los trabajos tal y como los conocemos hoy, se van a potenciar algunos y dejar de existir otros. Lo que está claro es que va a venir una revalorización de lo que es la protección social. Porque en esta crisis, a quienes se pudo salvar en un primer momento fue a todos aquellos que eran trabajadores formales.

-¿Qué evaluación tiene del teletrabajo?

-El trabajo a distancia hasta ahora ha sido súper positivo, pero todavía tenemos una mirada que no es la real porque lo que se está desarrollando en este minuto no necesariamente responde a la normativa, sino que se tuvo que hacer de la noche a la mañana. Plantear hoy si es exitoso o no, o si las personas han logrado cumplir con las metas, es bastante absurdo porque no están las condiciones de cómo debiera ser: hacerlo con los niños dando vueltas que se están peleando entre ellos, o que se están cayendo por la escalera y tienes que ir a curar una herida –que es lo que nos pasa a todos y que uno no puede abstenerse–, o el mismo tema de internet… Lo que estamos viviendo es una especie de sinopsis de lo que va a ser el trabajo a distancia, cuando ya se haya instalado como realmente corresponde.

-Si no hubiésemos tenido el estallido social, ¿cómo sería la situación laboral actual?

-¡El estallido afectó de todas maneras! Tenemos actividades productivas que a lo mejor habrían estado en una situación distinta: todo lo que es el turismo, la gastronomía, los hoteles, habrían tenido espaldas distintas para poder enfrentar esta crisis. Cuando se dice “chuta, ¿por qué algunas empresas tuvieron que cerrar tan rápido?”. Es porque ya no tenían espaldas. Estaban súper afectadas.

-¿Teme que la crisis social se reactive una vez que pase el peak de la crisis sanitaria y que eso afecte la actividad, que de a poco se esté levantando?

-El temor es a no cumplir las expectativas y no hacer las cosas que tenemos que hacer para que esta situación, que va a ser bastante compleja, la podamos sortear con éxito. El estallido social –y aquí quiero alejar el tema de la violencia porque es otro fenómeno– demostró demandas de personas y graficó cierto sentir muy profundo a lo que era el abuso, a condiciones de desigualdad que se veían, situaciones en las que nos faltaba avanzar muchísimo como sociedad. Por eso, cómo nosotros salgamos de esta crisis sanitaria y económica es el pie con el cual vamos a seguir avanzando y construyendo.

-En ese sentido, ¿le preocupa la sensación de abuso que mencionó anteriormente respecto al mal uso de la ley?

-¡Claro! Cuando uno tiene una situación así y la gente siente que hay abuso o que gana el más vivo, es muy difícil. Por eso es importante que esta crisis la superemos todos juntos, con mucha solidaridad y asumiendo que cada uno tiene un rol que cumplir. Y que hay una oportunidad para salir fortalecidos de ella, pero que claramente va a ser muy doloroso.

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