Mezclando proximidad y distancia, la diputada reconoce las dificultades de las últimas semanas en la Alianza y respalda la decisión de la UDI de postergar la definición presidencial para 2009. Trabajar por “el desalojo” de la Concertación, cree, debe ser razón más que suficiente para garantizar la unidad.

  • 21 septiembre, 2007

Mezclando proximidad y distancia, la diputada reconoce las dificultades de las últimas semanas en la Alianza y respalda la decisión de la UDI de postergar la definición presidencial para 2009. Trabajar por “el desalojo” de la Concertación, cree, debe ser razón más que suficiente para garantizar la unidad.Por Cony Stipicic H.; fotos: Enrique Stindt

 

La UDI es el mayor partido político chileno y no tiene candidato presidencial. Era el más disciplinado, pero en las últimas semanas invirtió papeles con Renovación Nacional y ha estado al borde de la balcanización. Tenía un perfil popular claramente definido y hoy está como buscando su destino. Después de años de administrar sus diferencias puertas adentro y de pedir disciplina a sus socios porque el titular presidencial era de sus filas, el gremialismo ha hecho realidad en las últimas semanas sus peores temores.

 

Internamente dividida entre quienes creen que es irreal levantar de la nada un candidato presidencial y aquellos que quieren llevarlo a toda costa, aunque no haya ni luces de un posible nombre competitivo, la UDI dio un paso clave el pasado 10 de septiembre, al decidir postergar la nominación presidencial para abril de 2009. Eso da tiempo para encontrar a alguien o darse un segundo aire antes de sumarse a la opción de Sebastián Piñera, sin desgastarse en el intento.

 

Testigo directo de las desavenencias, recriminaciones y debates internos del último mes ha sido la diputada Marcela Cubillos. Miembro de la generación de recambio de la UDI, tiene un diagnóstico realista y desapasionado de la crisis en que su partido parece estar sumido. Y también un sentido de misión claro, el que comparte estrechamente con su pareja, el senador Andrés Allamand, a quien ayudó a escribir el polémico libro El desalojo y a quien acompañó en el reciente altercado público que sostuvo con Pablo Longueira, luego que se supiera que preparaban juntos un proyecto de reforma laboral.

 

No tiene inconvenientes en reconocer que muchos de los males que se le han diagnosticado a la UDI son ciertos. Otros, cree, son asuntos que se han manejado mal “y no son tan graves como han aparecido”. Y algunos, definitivamente, los atribuye a interpretaciones de los medios que, al final, “no son reales”.

“Hay un poco de todos los ingredientes. Negar que haya habido errores también sería absurdo. Nos hemos hecho autogoles, pero todavía tenemos un capital grande. La UDI tiene un proyecto definido dentro de la Alianza. La pelea en la que estamos embarcados hoy –derrotar a la Concertación– es tan grande que ha ido aunando nuestros proyectos y eso se nota en el trabajo parlamentario. Yo no gastaría tantos esfuerzos en tratar permanentemente de decir que somos dos proyectos distintos”, reflexiona la parlamentaria.

 

 

 

-¿Y los autogoles, por qué?

-Es evidente que la UDI hoy día no tiene un candidato presidencial. ¿Me encantaría que lo hubiera? Claro, nos gustaría a todos. Pero no lo tiene y no creo que sea un drama. Lo sería si viviésemos pendientes del tema. Si al final fuera nuestra única discusión interna o si la labor política se tradujera exclusivamente a debatir si “tenemos o no tenemos”, si “apoyamos o no”. Así nos paralizamos. Dejemos al itinerario político seguir su curso. Lo que yo quiero es ver a la UDI en un análisis súper realista. Y si por hacer un trabajo bien hecho surgen liderazgos o cambian los escenarios, adoptaremos la decisión en su minuto.

 

 

-¿Hay algún hito que haya “desencajado” a la UDI?

-Como todos los partidos en Chile, hemos cometido errores y hemos tenido aciertos, pero no me compro la tesis de un partido desencajado, y mucho menos sin norte. Lo que a mí me gustaría ver corregido es que nuestras discrepancias no se ventilen por la prensa. Ese era un activo que tenía la UDI y la gente nos envidiaba por eso. Pero ha cambiado y nos ha costado mucho corregirlo, porque son cosas que no se pueden imponer por una declaración, por una decisión de la directiva o por un mandato del jefe de bancada. En eso tenemos todos que dar el ejemplo, directiva y parlamentarios, y también la Alianza en su conjunto. Habría que hacer una cultura política, y eso nos cuesta.

 

 

-¿No cree que el problema está en que la UDI, y la Alianza en general, no tienen vocación de poder?

-Con el objetivo de derrotar a una coalición agotada, con poco más que ofrecerle al país, me llama mucho la atención que podamos farrearnos la oportunidad por divisiones de las que muchos ni siquiera fuimos parte. Cuesta entender que no estemos ciento por ciento volcados a ese objetivo.

 

 

 

Esa frágil unidad

 

 

-¿Quién la interpreta más: el estilo de Jovino Novoa o el de Hernán Larraín?

-Más que estilos distintos lo que ha habido son posiciones diferentes.

 

 

-¿Pero cuál la identifica más a usted?

-Es que depende del tema. Por ejemplo, en la polémica reunión de Piñera con los alcaldes de la UDI, creo que Hernán lo abordó mejor. Pero, obviamente, con Jovino tengo sintonía en la mayoría de los temas políticos y en muchas de sus formas de actuar.

 

 

-Novoa es un personaje gravitante en la UDI: ¿cuánto pesa su enemistad manifiesta con Piñera?

-Es que ahí se cruzan cosas dolorosas. En la UDI todos entendemos a Jovino y se le respeta en ese tema. Obviamente que hay cruces que a mí no me corresponde valorar.

 

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-¿Cómo interpreta que la Alianza caiga en las encuestas en los mismos momentos en que Sebastián Piñera, con una línea opositora completamente distinta, más “blanda”, se perfila como el político con mayor futuro del país?

-Hay una falacia en esa crítica de que la Alianza no capitaliza el descontento con el gobierno. La figura que está mejor posicionada es del sector. La encuesta que sí hay que mirar es la que compara la evaluación de la Alianza con la de la Concertación. Y ya en la última medición aparecía con mayor desaprobación el oficialismo. Aquí hay roles que son distintos. Uno es el que está llamado a ocupar Piñera o cualquier figura de la UDI que aspire a ser candidato. En ese caso, se puede acoger a ciertos sectores que no se sienten identificados cien por ciento con los postulados de la Alianza o los partidos que la integran. El otro es el que debe cumplir la Alianza, que es básicamente un rol de oposición. El medir el éxito solo por el índice de desaprobación es parcial, porque al mismo tiempo vemos cómo la gente se ha ido convenciendo que este es un gobierno que no está haciendo las cosas bien, que demuestra signos de ineficiencia, de agotamiento de ideas, que está cada vez más desacreditado… Bueno, si la oposición no hiciera una labor de fiscalización eficiente, a lo mejor éste seguiría siendo un gobierno que crea la falsa sensación de que lo está haciendo bien. Lo importante es que las figuras de la Alianza sean capaces de ganar la elección presidencial y derrotar a la Concertación.

 

 

-¿Por qué la UDI no puede hacer lo que RN ya hizo una vez con Lavín: apoyar al que lidera las encuestas?

-RN tampoco dio su apoyo a Lavín por anticipado. Efectivamente, algunos dirigentes se incorporaron desde el inicio a la campaña, pero como partido también mantuvieron por un tiempo el tema pendiente, eso sí procurando no boicotear la candidatura. La UDI no está obligada a tomar una definición presidencial ahora, menos si el propio Piñera ha dicho que no es candidato todavía y cuando la Concertación tampoco ha resuelto el tema. Lo que sí espero es que como partido no boicoteemos, que no hagamos zancadillas a ninguna de la figuras que hoy día están mejor posicionadas. Al contrario, tratemos de potenciarlas al máximo, entre todos, porque probablemente una de ellas –de Renovación o de la UDI– nos va a encabezar en la próxima elección.

 

 

-¿Qué le pediría a Piñera?

-Es que es difícil sentirse con el derecho a pedirle algo a alguien que, hoy día, ni siquiera es candidato.

 

 

-Pero en la práctica lo es…

-Le pediría lo mismo que a cualquier dirigente de la Alianza: que trabaje por la unidad, por evitarnos conflictos, por ampliar nuestra base de apoyo.

 

 

-Raúl Alcaíno dijo que si Piñera compraba una acción más no votaba por él. ¿Le pediría usted algo equivalente?

-El argumento de Alcaíno, según yo lo entendí, era bueno porque iba más allá de la compra de acciones. El apuntaba a la falta de sintonía de Piñera con lo que la gente le está pidiendo que haga. La UDI ya votó por él en la segunda vuelta. El tiene un liderazgo al interior de la Alianza, con el cual tiene que ser responsable y cuidarlo. Y tiene que entender que sus actuaciones personales no producen solamente efectos en él, sino en todo un sector político.

 

 

-Con la decisión de postergar el tema presidencial, ¿no corren el riesgo de mantener una tensión que atenta justamente contra la imagen de gobernabilidad?

-O quizás no y lo que mantiene una imagen de conflicto o de ingobernabilidad latente sea el hecho de estar con la discusión presidencial abierta. Postergar la decisión a un minuto en que es apropiado tomarla, al contrario, puede ser un incentivo para tener buenas relaciones y trabajar en un proyecto unitario. Y ahí veremos en qué situación está la candidatura de Piñera y qué ha pasado también con figuras de la UDI. Michelle Bachelet irrumpió al final. Esta postergación nos da márgenes de libertad, en la medida que seamos responsables para institucionalizar la Alianza.

 

 

-¿Aunque haya un grupo de alcaldes que esté por proclamar a Piñera?

-Al tema de las elecciones municipales hay que quitarle dramatismo. Los candidatos a alcalde, por el sistema electoral, son de la Alianza y recibirán el apoyo de ambos partidos.

 

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-¿No le preocupa que un candidato salido a último momento obtenga una derrota electoral?

-La UDI está diciendo justamente lo contrario: que va a nominar un candidato presidencial en 2009 precisamente porque hoy no hay uno perfilado. Como el partido más grande, no podemos renunciar a tener una figura presidencial.

 

 

-¿Si no tienen a nadie para entonces, apoyarán a Piñera?


-Cuando la UDI dice que quiere llevar un candidato, por lo menos como a mí me gusta entenderlo, es alguien pro Alianza, no anti Piñera. Estamos pensando en un candidato que potencie la base electoral del sector y no que esté ahí para criticar a Sebastián.

 

 

 

El episodio aquel

 

 

-En estas semanas la unidad de la Alianza se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Era artificial?

-El tiempo va a demostrar que no es artificial y que, al contrario, es más sólida de lo que hoy creemos. Que frente a conflictos como los que han surgido, aunque afectaron a dirigentes emblemáticos de la Alianza, al final primó el criterio de unidad. Si te fijas, en el medio de los conflictos, la decisión de los partidos fue establecer el comité ejecutivo y seguir adelante con la agenda fijada en Valdivia. Todos los pasos que se han dado han sido reales y fue súper importante para el momento en que se produjeron los problemas, que debieron haberse evitado.

 

 

-¿No vio más lejana la unidad con el conflicto entre Longueira y Allamand?

-Yo comparto lo que dice Andrés: los trabajos políticos no pasan por relaciones personales o de amistad. Tenemos una pega demasiado importante que hacer y que no pasa por cuán amigo seas o lo bien que te lleves con alguien, sino por tener un objetivo común.

 

 

-¿Está de acuerdo con Allamand en que hay que aprender de la Concertación la resolución de los conflictos?

-A mí me impresiona al ver hacia atrás cómo Patricio Aylwin y la izquierda, con todo lo que se habían dicho en el pasado, con la historia que tenían, se pusieron de acuerdo en un objetivo común, que para ellos era sacar al gobierno militar. El objetivo de sacar a la Concertación después de casi 20 años en el poder es más que razonable para dejar atrás las diferencias.

 

 

-Probablemente en la relación entre la izquierda y la DC lograban entenderse porque no había cuentas personales, las que sí existen entre dirigentes de la Alianza.

-Es que en este caso también están de por medio las trayectorias. La de Andrés es indiscutible: se incorpora a la candidatura de Lavín, en el Senado no hay dos opiniones respecto de su forma de trabajo conjunto con la UDI. Este problema es el menos grave que han tenido que sortear dirigentes de la Alianza. Ha sido doloroso, ha sido injusto, pero a la luz de los otros que se han superado por trabajar en conjunto, éste también pasará a la historia como una anécdota.

 

 

-¿Cuánto capital perdió Allamand en esta pasada?

-La primera que ha perdido en todo esto es la Alianza. Porque frente a los incidentes, la gente se enoja con toda la Alianza y con justa razón. Y para Andrés, aunque él mismo dice que la política es sin llorar, es súper doloroso verse involucrado en un hecho que es injusto y que, a la larga, le produce un daño a aquello por lo que más ha trabajado: la unidad. ¿Daños personales? Andrés tiene una trayectoria y al final eso se impone solo.

 

 

-¿Allamand es un presidenciable tratando de ganar terreno entre los duros?

-Me carga en política que siempre se juzguen intenciones. El ha hecho un trabajo unitario que es reconocido tanto por los parlamentarios de Renovación como de la UDI, y efectivamente se han generado confianzas que para muchos, hace algunos años, eran impensables.

 

 

-¿Por qué jugar al halcón cuando la trayectoria lo muestra más al centro?

-Las explicaciones políticas le corresponden a él, pero como las comparto, no tengo inconveniente en exponerlas. Cuando le preguntan en qué cambió, él dice: “No, aquí lo que cambió fue la Concertación”. Con la primera Concertación se podía llegar a acuerdos, tenía una causa país, quería hacer las cosas bien, condenaba la intervención electoral, repudiaba cualquier hecho de corrupción. Y esa Concertación, después de 17 años en el poder, es otra. Entonces, la labor de la oposición también es radicalmente distinta. El discurso es demostrarle a la gente por qué la Concertación se debe ir el 2010 y, al mismo tiempo, plantear cuán distintas haríamos las cosas.

 

 

-¿Qué representa Longueira para usted?

-En lo personal, le tengo una enorme gratitud. Pablo ha estado conmigo en situaciones súper difíciles y en conflictos personales muy duros, entregándome un apoyo que en su minuto fue esencial. Son cosas que nunca se olvidan. Y en lo político, yo quisiera verlo volcando toda la adhesión y la fuerza que tiene al interior de la UDI al servicio de la causa en la que hoy estamos.

 

 

-¿Y no en polémicas como la que sostuvo recién con Allamand?


-Ese incidente, la verdad, para mí es imposible comprenderlo.

 

 

-¿Estuvo de acuerdo con que Longueira bajara su candidatura?

-Yo sentía que no era el minuto para levantar una candidatura presidencial. Lo que hizo Pablo era lo correcto. El no iba a forzar al partido a tomar una decisión que no era natural.

 

 

-¿Ve que entre los ganadores de las últimas difíciles semanas figura Joaquín Lavín?


-Joaquín tiene un rol ganado en la Alianza. Para la UDI, los mejores tiempos de Lavín fueron justamente aquellos en que el partido tuvo su mayor crecimiento. El es una figura de la Alianza y tiene un rol que cumplir.

 

 

-¿Debería estar Lavín disponible de nuevo?

-Al igual que muchos dirigentes va a ser de las figuras que siempre estarán en las listas de eventuales candidatos.