Por: Marcelo Soto Fotos: Verónica Ortíz Te voy a contar dos cosas”, dice Manuel José Ossandón, en una oficina del Congreso en Santiago. “Estoy presentando al comité de ética del Colegio de Periodistas un alegato contra la señora Pilar Molina, porque resulta que ella no cumplió con ninguna norma, me acusó injustamente de algo que […]

  • 27 noviembre, 2017

Por: Marcelo Soto
Fotos: Verónica Ortíz

Te voy a contar dos cosas”, dice Manuel José Ossandón, en una oficina del Congreso en Santiago. “Estoy presentando al comité de ética del Colegio de Periodistas un alegato contra la señora Pilar Molina, porque resulta que ella no cumplió con ninguna norma, me acusó injustamente de algo que hoy día no existe, no he recibido boletas, no apareció nada, porque no hay. Segundo, esto va a terminar en una querella. Y voy a exigir disculpas públicas de Radio Agricultura”.

El senador que compitió en las primarias de Chile Vamos, donde obtuvo 372 mil votos, es deslenguado y campechano. Eso se sabe. Tiene un rasgo impredecible, al que sus asesores parecen estar acostumbrados.

-¿Usted puede asegurar que nunca hizo una boleta falsa?

-Jamás. ¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Te has acostado con un negro?

-No.

-Bueno, yo tampoco he hecho boletas. Tengo esa misma certeza.

***

Es un lunes de mucha actividad para Ossandón y, a las seis de la tarde, luce cansado: reconoce que trabajar en el Senado es muy distinto a ser alcalde. Que hay mucha zancadilla, maniobras raras y miles de reuniones. Pero le gusta. No se siente intimidado y se mueve a sus anchas. Varios senadores entran a su oficina a saludarlo. Reta a alguien por teléfono y da instrucciones precisas, cortantes.

Por estos días, no son pocos los que andan detrás de él, buscando de alguna manera sacar una tajada de su capital político. Aunque Piñera más que lo dobló en votos, tuvo más preferencias que Beatriz Sánchez y Alberto Mayol, del Frente Amplio. No fue una sorpresa que perdiera ante el ex presidente, pero sí que sumara más que la izquierda.

-Usted pudo haber ido directo a la elección presidencial. ¿Se arrepiente de haber participado en las primarias?

-Yo cumplo con mis compromisos, y asumí uno con Carlos Larraín y con Cristián Monckeberg de ir a primarias. Desgraciadamente, los compromisos de otros a lo mejor no se cumplieron.

-¿Fueron desleales?

-No me voy a victimizar. Yo perdí y me hago un lado, así de simple. Pero tengo súper claro que es dificilísimo competir contra la élite, los poderes fácticos, casi todos los alcaldes, todos los senadores y diputados, y sin embargo, saqué una tremenda votación. Demostré algo que la élite tiene que mirar con mucha detención: que éste no es un país de izquierda. Si la gente no vota por la derecha, es porque no quiere más abusos.

-Cuando habla contra la élite es contradictorio, porque usted pertenece a ella.

-Sí, soy parte de ella, pero estoy diciendo algo que la élite no quiere reconocer: la cosa viene mala. El crecimiento económico es importante, pero con paz social. De lo contrario, esto se cae. El ejemplo es Venezuela, que el año 85 era la democracia más estable de Latinoamérica, lejos. Tenía tres grandes problemas: era monoproductor, petróleo; nosotros, cobre. Segundo, tenía una desigualdad tremenda y muy pocos tenían toda la riqueza, y la élite no quiso ver eso, igual como pasa hoy en nuestro país. Tercero, había una tremenda corrupción tapada, tal como en Chile. Tenemos los mismos síntomas. O abrimos los ojos y reaccionamos a esto, o vamos a terminar mal. Yo no estoy contra los empresarios, ni contra la élite, estoy contra los empresarios sinvergüenzas. Contra los frescos. Hay muchos que se sienten afectados cuando digo esto, porque aquí la élite más que un presidente de la República busca un ministro de Hacienda.

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-Es difícil exigir pruebas de blancura si en su misma familia han sido acusados de fraudes tributarios.

-Pero son primos míos, no tengo nada que ver con eso. Yo tengo un RUT distinto, tengo 54 años, y búscame a mí. No tengo nada. No he sido nunca declarado reo, ni nunca he tenido problemas con la justicia.

-Usted criticó al candidato Felipe Kast diciendo que su aspiración era llegar al Senado, no a La Moneda. ¿Qué le diría hoy, cuando él postula por Magallanes?

-Yo espero que haga una gran campaña para lograr lo que siempre quiso: ser senador. Como él tiene acceso a mucho dinero, en forma inteligente pudo hacer una precampaña inmensa, si en el fondo la primaria presidencial lo dejó parado para una senatorial.

-Hace poco, un tío suyo envió una carta a El Mercurio en la que decía que Piñera debía pedirle disculpas.

-Esa opinión es de mi tío.

-¿Cómo juzga el papel del ex presidente desde que ganó la primaria?

-Mira, nunca me ha gustado estar rodeado de yes men y me parece que el ex presidente Piñera, siempre se rodea de un coro que canta el mismo tono. Siempre. Creo que él debiera aprovechar mucho mejor la diversidad que tiene Chile Vamos. Tengo muchos principios y valores distintos a él, en la campaña los mostré, pero él ganó. Y cuando uno pierde tiene que hacerse a un lado.

Yo cumplo mis compromisos. Así que no tiene sentido hablar de condiciones o negociaciones para apoyar a Piñera. El ex residente no necesita esas cosas. Él se siente seguro y me parece perfecto. Ahora bien, electoralmente, le haría daño a Piñera que aparezcamos los dos como mejores amigos. Nadie se lo creería. Es como si Piñera dijera que ahora vuelve a ser fanático del Colo Colo. Hace más daño que bien. Piñera tiene que seguir su camino como candidato y hacer lo que él cree es mejor para Chile o mejor para ganar las elecciones. Él sabrá qué le importa más.

-¿Le ha cerrado las puertas?

-Yo reconocí mi derrota, por lo tanto, no voy a ser un obstáculo en su campaña. Tiene toda la plata del mundo, tiene toda la gente, mucha experiencia, por lo tanto no me necesita, sería absurdo que me pidiera que jugara un rol.

-Pero usted llega a sectores que él no llega, si le pidiera ayuda, ¿se la daría?
-Insisto: yo no voy a ser una piedra en el zapato, no mando a mis seguidores, los que votaron por mí no son corderos. Él no tiene que convencerme a mí, sino a esa gente que se identificó con mi propuesta. Él sabe cuáles son mis planteamientos, y ojalá los tome en consideración.

-¿Pero lo ha llamado?

-La vez que hablamos fue cuando lo llamé para felicitarlo; después él se fue de vacaciones y yo también, y al final no terminamos encontrándonos. Existieron algunas gestiones, habló Víctor Ríos, que es mi representante, con Andrés Chadwick, pero después hubo una declaración del presidente, en referencia a mí, alegando que las personas tenían que cumplir sus compromisos.

-¿No le gustó esa declaración?

-No. Víctor Ríos salió aclarando que sí cumplíamos los compromisos. Por lo demás, en ninguna parte del documento por la primarias salía que el que perdía tenía que salir con la bandera del otro. No sale en ningún lado. Lo que no voy a aceptar es que me dejen como un traidor, porque yo no soy un traidor. Si me atacan, yo me voy a defender. Si no me atacan, no pasa nada.

-¿El triunfo de Piñera es seguro?

-Si el domingo fuera la elección gana de todas maneras, porque la Nueva Mayoría ha sido un desastre. Pero ojalá la gente de su campaña entienda que el crecimiento económico no es lo único, porque aquí están todos convencidos de que esto es crecimiento, empleo. Abran los ojos, porque no es así. Soy un convencido de que si Piñera fuera capaz de agarrar algunas de las ideas que planteé, va a ganar la elección.

-¿Cuáles?

-Creo que Chile necesita una nueva ley de pesca, porque la actual es corrupta. Creo que Chile debe fijarse como meta la gratuidad educacional. Es un desafío difícil y de largo plazo. Pero es un sueño que debiésemos tener como país. Necesitamos garantizarles a todos los chilenos, especialmente a los que menos tienen, que podrán acceder a una educación de calidad. Pero para eso tenemos que entender que deben existir instituciones privadas y públicas, confesionales y no confesionales. La educación debe reflejar diversidad de visiones. El problema en la derecha es que cree que todo lo que diga el Estado es malo, mientras que la izquierda cree que solo lo que es estatal es bueno. Hay cosas buenas en lo privado y lo público. Yo no me confundo con los eslóganes, si funciona, tenemos que hacerlo. Lo importante no es el color de la vaca, sino que dé leche.

-Usted ha dicho que los delincuentes de cuello y corbata deben ir a la cárcel. ¿A quiénes se refiere?

-Yo no voy a dar nombres, pero estoy diciendo una realidad: que en Chile los empresarios frescos no van a la cárcel. Ni los que se coluden. Hay que producir un cambio en el código fuerte, y que la gente sepa que esto cambió. El mejor sistema es el capitalista, una economía social de mercado. Yo creo en eso. Pero sin abusos. Porque todos los grandes defensores de la libertad se han quedado callados cuando se habla de colusión o abusos de los poderosos. El gran problema de este país y el cáncer que tiene es que el dinero manda a la política. Y eso es de izquierda a derecha. Y no lo quieren reconocer. Este país es mucho más corrupto de lo que parece. Nadie lo puede decir, y si lo dices, todos te atacan, eres un tal por cual y todo.

-¿Se niega tajantemente a aceptar un ministerio, eventualmente si gana Piñera, aunque sea política ficción? ¿O lo pensaría en su momento?

-No, nada que ver, si yo tengo pudor. Existen ciertos límites.

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-¿No le gustaría que Piñera fuera su jefe?

-No es eso, me da lo mismo. Si el tema es el siguiente: una de las cosas que hace mal a la política es que cuando tú dices las cosas de frente y duras, después se hacen los que no ha pasado nada y te invitan a comer. Esas actuaciones no son verdaderas. Si alguien me dice cosas tan duras, como yo se las dije a él, no lo querría y él tiene toda la razón de no quererme. Es humano, si no lo hiciera es de otro planeta. Yo lo entiendo. Jamás me llamaría a un ministerio y si me llama, él sabe perfectamente que yo nunca trabajaría en un ministerio con él. Yo asumí un papel como senador y voy a seguir siendo senador.

-¿Se sintió menospreciado por la derecha tradicional?

-Me gustaría que me mostraran quién ha tenido una gestión en Chile más exitosa en los últimos 50 años, que la de Puente Alto. Fui el senador más votado de Chile Vamos, sin ni uno, con todo un gobierno en contra, con toda la élite en contra, y saqué la primera mayoría.

-¿Sin ni uno? Tenía el apoyo de su familia, que no es menor…

-Pero al lado de los otros era una pena… Pero yendo a tu pregunta anterior, el problema de la derecha es el elitismo de la tecnocracia, que cree que todos los problemas se solucionan en una sala de Harvard o en una planilla Excel. Yo valoro la tecnocracia. Siempre me he rodeado de tecnócratas capaces. Pero no lo es todo.Hay que juntar la tecnocracia y la calle. Ambas ayudan a ser buen gobierno. Cuando la derecha cree que todo es tecnocracia, nos va como nos fue en la elección de 2013, cuando perdimos por goleada.

Hoy es el tiempo de Piñera, él ganó, la historia la construyen los vencedores.

-¿Qué consejo le daría?

-Le diría que haga un análisis profundo del discurso del Frente Amplio, que es ingenuo, pero hay un diagnóstico muy cierto. Y muchos no lo quieren ver. Gran parte del diagnóstico es el malestar, porque la gente en Chile está cansada. Y si el próximo presidente de la República no capta eso, y solamente escucha la voz de la élite, será un desastre.
La campaña del terror

-¿El Frente Amplio pecó de soberbia? Usted sacó más votos.

-El Frente Amplio cree que en Chile todo está mal y que todos los problemas los soluciona el Estado. Están equivocados. Ellos creen que el libre mercado es un problema. Los países que admiran están todos en ruina. El Frente Amplio no tiene calle. Tiene buenas intenciones. Pero no conocen el Chile de verdad. Viven en una burbuja y ofrecen soluciones que no han funcionado en ninguna parte. Yo creo en el mercado y en el Estado. Ellos sólo creen en el Estado. Mucho Silvio Rodríguez, poca calle.

Ahora bien, el FA está inflado por muchos medios de comunicación. Es una estrategia comunicacional tremenda.

-¿De parte de quién? ¿De El Mercurio, La Tercera?

-No voy a caer en el juego, pero es una estrategia comunicacional, lo mismo que van a hacer ahora. Entre más levantaban a Beatriz Sánchez, más dañado se veía Guillier. Guillier tiene poca experiencia política, tiene mal equipo, ha cometido errores inmensos, y él está regalando la elección hoy día. Y en el fondo, Beatriz Sánchez fue inflada, no tiene los votos que muestran las encuestas. Y fíjate cómo ahora aparece Pablo Longueira con una campaña para ganar en primera vuelta. Todo el mundo sabe que es imposible ganar en primera vuelta. Esa es una campaña estratégica para reventar a José Antonio Kast. Mucha gente que pensaba votar por Kast en primera vuelta, y en segunda por Piñera, ahora votará por Piñera, porque quiere ganar en primera, y eso es mentira, todo el mundo lo sabe. Lo mismo hicieron conmigo.

-¿Hubo una campaña sucia?

-Si yo hubiera tenido una campaña a largo plazo, yendo a primera vuelta y con plata, gano. Así de claro. Y en la primaria fue evidente que en los últimos veinte días se hizo una campaña del terror, tengo pruebas, grabaciones impresionantes. Escucha
(Muestra una grabación de una mujer que dice que Ossandón es lo peor, “un hombre que está enfermo, lo conozco”).

Esta es una de miles que se hicieron. La mandaron por Whatsapp a todo Chile. Fue una campaña del terror horrorosa.

-¿Usted no ha tenido problemas de salud, como dice ese mensaje? ¿No es depresivo?

-No lo sabía (risas). No, no tengo ningún tipo de trastorno. El único trastorno que he tenido fue haberme parado frente a una élite que no quiere ver lo que va a pasar en el futuro de Chile si no hacemos las cosas bien. Ahora tenemos que trabajar. Y por eso yo voy a ayudar.

-¿Está mirando a la presidencial del 2021?

-Es divertido que se hable de eso ahora. A cada día su afán. Le quiero enviar un mensaje a mis amigos de la élite: la elección hay que ganarla en la urna. Y no está ganada. Porque ya se han repartido los puestos, porque están convencidos de que Piñera ganó. No ha ganado. Hay que trabajar para que gane. Segundo, no tenemos mayoría en el Senado y Cámara de Diputados, hay que trabajar para tenerla, porque la hemos sufrido. Tercero, una de las grandes responsabilidades de un gobierno y que no la tuvo el anterior, y que espero si gana Piñera la tenga ahora, es que debe tener varios potenciales candidatos a presidente, para que alguien lo suceda, para que su labor sea proyectada. Cuando fui alcalde de Pirque me preocupé, y no me fui hasta que dejé a Alejandro Rosales ahí. Y en Puente Alto dejé a Codina. Y eso fue una estrategia pensada con humildad, generosidad, porque tienes que dar espacio a otras personas, cosa que no se hizo en el gobierno pasado. Si Piñera es presidente, ojalá que haya no uno, sino 10 precandidatos presidenciales.

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-Se cumplieron 50 años de la reforma agraria, ¿usted cree que fue positiva o negativa para Chile?

-No me gustó como se hizo, porque se abusó, pero había una explicación social, que yo creo que la élite no quiso ver. Es un tremendo ejemplo para lo que puede pasar en el futuro de Chile. Yo recuerdo campos en Pirque que estaban botados, donde los hijos de los inquilinos en sexto básico entraban a trabajar, vivían en chozas, sin baños ni zapatos. Y después los dueños lloraron porque les expropiaron los fundos.

El problema de la élite chilena, a la cual yo pertenezco, fue no darse cuenta de que había una pobreza inmensa en los campos y que se estaba cultivando un tremendo odio. Lo mismo está pasando ahora. El ejemplo de la reforma agraria, que mucha gente no quiso ver, puede repetirse. Aquí no se quiere ver lo que pasa con los estudiantes. Que la gente se muere en los hospitales. Hay una cifra negra que nadie quiere decir.

-¿Por qué usted aparece tan crítico de la derecha, si aspira a representarla?

-Voy de frente y a veces no ocupo la diplomacia. Pero lo hago porque siento la urgencia de que la élite entienda que Chile ha mejorado y progresado mucho, pero que ahora necesitamos cambiar muchas cosas para que el país pueda seguir avanzando. No basta con seguir haciendo lo mismo. Si seguimos haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora, esto va a reventar.