Por Patricio Abarca Es marzo de 1989 y dos uvas envenenadas ponen a Chile de cabeza. Son dos gajos con cianuro descubiertos en una caja que viajaba de Campo Lindo de Curacaví hasta el puerto de Filadelfia y que abren paso a una tragedia comercial. Significará pérdidas enormes por el cierre del mercado en Estados […]

  • 30 mayo, 2014

Por Patricio Abarca

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Es marzo de 1989 y dos uvas envenenadas ponen a Chile de cabeza. Son dos gajos con cianuro descubiertos en una caja que viajaba de Campo Lindo de Curacaví hasta el puerto de Filadelfia y que abren paso a una tragedia comercial. Significará pérdidas enormes por el cierre del mercado en Estados Unidos, las que alcanzarán los 330 millones de dólares. En medio de la incertidumbre, Emilio Pellegrini, agricultor y empresario cuyo apellido significa peregrino, evalúa la situación con frialdad.
No es el tema que más le preocupa.

A sus 71 años, este hombre que se deleita con música clásica y que gracias a los libros prescinde de la televisión, el asunto que realmente le da vueltas es el descenso de Universidad de Chile a Segunda División. No sabe casi nada de fútbol, ni las reglas, ni los nombres de los equipos. Pero ese traspié deportivo ocurrido hace dos meses con el segundo equipo más popular del país, lo obliga a dejar el silencio y a hablar de una vez con su hijo.

-Manuel, mira, ¿por qué no te dedicas definitivamente a la ingeniería? ¿No has escuchado todo lo que dice la prensa de ti? El fútbol no te va a dar futuro. Mira a tu hermano Emilio, es gerente de Colbún. Y ahora que se está abriendo otra vez el mundo de los grupos económicos, tú tendrías excelentes oportunidades.
-No se preocupe, papá. Yo voy a seguir haciendo  lo que me gusta. Y le aseguro que llegaré más lejos que Emilio.

El patriarca de la familia queda perplejo. Sabe que su hijo Manuel tiene un espíritu nada fácil de horadar. Por más que en su primer año como entrenador de un equipo profesional de fútbol haya descendido, una respuesta como la que acaba de recibir quiere decir que el plan no sólo se mantiene, sino que irá cada vez más en serio.

Que el quinto de sus ocho hijos hubiese sido futbolista durante 14 años, jugando en el mismo cuadro azul, no había sido un problema. “Una cosa hecha tiene que estar bien hecha”, era uno de sus lemas, y al final de cuentas, entre viajes, entrenamientos, concentraciones, derrotas y triunfos, Manuel le había dado la razón y había sacado limpiamente su carrera de ingeniero en construcción en la Universidad Católica. Sin tener un mínimo privilegio, desde los 17 años vivía en dos mundos que no se conectaban y que no se prestaban para ningún tipo de favores.

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La convicción fue su primera clave. Antes de salir de Chile y de ser campeón en Ecuador con Liga Deportiva, luego con San Lorenzo y River Plate en Argentina; antes de triunfar con el modesto Villarreal en España, de vivir una áspera campaña con el Real Madrid, de resurgir con el Málaga y de llegar al Manchester City, y ser finalmente, el primer técnico sudamericano en ser campeón de la Premier League. La convicción fue la llave maestra que abrió camino a otras claves que podrían explicar bien la estrategia Pellegrini, su plan a largo plazo para cumplir lo que le dijo a su padre Emilio en marzo de 1989.

• La preparación: El mentor de Pellegrini fue Fernando Riera. Impulsado por él hizo algo que en los años 80 era una rareza: capacitarse en el extranjero para ser entrenador de fútbol. También tenía un compañero, Arturo Salah, con quien pudo partir a Italia, en 1985, a un curso de técnicos, cuando todavía era jugador. Ambos llegaron a Coverciano, el centro de la selección italiana y desde entonces se transformaron en una dupla sofisticada, ajena a la realidad nacional. Fue el sello de su carrera, y a tal extremo, que cuando debutó como técnico de la U, en 1989, en medio del campeonato partió a otro curso, en Lilleshall, Inglaterra por tres semanas. Durante ese período su equipo perdió puntos vitales y terminó descendiendo por diferencia de goles. Pero no se trataba sólo de fútbol. En su carpeta se acumulaban cursos de liderazgo y de idiomas. “En la Copa América de 1993, Pellegrini estudiaba italiano y se perfeccionaba en francés. Y me decía: tengo que estar a la vanguardia de estos temas”, cuenta Harold Mayne-Nicholls.
En Europa maneja otras herramientas, como el software Amisco, que le entrega información sobre cada partido de su equipo. Grabar 90 minutos demanda a una empresa ocho horas de trabajo en un computador para procesar los pases, las jugadas y todos los registros de cada jugador. Recibirlo y analizarlo es parte del trabajo cotidiano de Pellegrini en su oficina. Todo esto es natural para él. Cuando en 2010, al asumir como técnico del Málaga, recibió un mail del ingeniero Rodrigo Jul, creador de otro software estadístico llamado Sico, el técnico no demoró en responder. El programa lo siguieron desde Sampaoli hasta José Mourinho, así que no fue raro que cuando Pellegrini venía a Chile, se juntaba con Jul para precisarle algunas jugadas.

• La disciplina: Para alguien que tuvo que estudiar y jugar fútbol desde joven, la disciplina también estaría marcada desde el primer momento de su carrera, cuando asumió al mando de las juveniles de la U, en 1987. En ese entonces, la única vez que sonó la alarma, el culpable prefirió confesar. El lateral izquierdo, el “Mono” Acuña, era fijo en la escuadra, pero un día, sin aviso, faltó a la práctica. Pasaron tres días hasta que Acuña apareció de nuevo en El Sauzal. Pellegrini tenía una cara de dos metros y lo esperaba en el centro de cancha, rodeado del silencio sepulcral de todo el plantel. “Profe, usted es tan buena onda, es tan derecho, que tengo que decirle la verdad. No le voy a decir que se me murió mi abuelita, que se me enfermó un hermano ni nada. Lo que pasa es que estuve con una mina, estuve encerrado tres días con una mina. Me la jugué toda, y bueno, por eso falté”, explicó el Mono. La carcajada de Pellegrini fue más grande que la de los jugadores. Pero duró lo que tenía que durar. El Mono quedó castigado durante tres partidos y lo único que pudo hacer era reclamar de vez en cuando en voz baja: “Chiss, digo la verdad y me castigan igual”.
Más sorprendido quedó Fernando Díaz, su ayudante técnico en Liga Deportiva, doce años después de ese incidente en la U juvenil. “Jugábamos un amistoso contra el Dínamo de Kiev y a la hora que había que entrar al camarín, los jugadores se andaban paseando, relajados. Manuel esperó a que entraran los primeros once y cerró la puerta de un portazo. Los que estaban afuera quedaron helados. Jugaron los once y nunca más hubo un atraso”, recuerda.

• Tener un plan: Todo lo que hace Pellegrini primero ha sido escrito. Una jugada, un ejercicio. Rodrigo Gómez –el jugador al que más dirigió en Chile; en Palestino y en Universidad Católica– ha contado que el técnico usa unos diagramas en que aparecen todas las funciones de los jugadores en el entrenamiento. “Son tan didácticos que es imposible perderse en la cancha, porque te dice desde la duración del calentamiento hasta los movimientos tácticos que deberás ensayar”, resume. En el juego hay otro aspecto que para el hincha resulta hasta desconcertante: el cálculo de los puntos.

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Pellegrini tiene sus cuentas y se mueve según el desarrollo de un mapa numérico. No juega con las expectativas y se apega racionalmente a esas variables. Se entiende así que pese a que en Universidad Católica no logró el campeonato con Gorosito y Acosta en sus filas, su discurso siempre estuvo afirmado en el rendimiento global de puntos. Ahora, ni cuando el Manchester City se asomaba como gran favorito, Pellegrini dejaba de considerar los números, impasible ante la euforia que lo rodeaba. El plan global del técnico se expresa también en una decisión crucial en su carrera, cuando en 1999 partió a Ecuador para hacerse cargo de Liga Deportiva Universitaria. El llamado del embajador Jorge Burgos lo sorprendió. Rodrigo Pozo, magnate y dueño del club, había preguntado por Jorge “Peineta” Garcés, pero el hombre de la DC lo contactó con Pellegrini, quien a esa altura seguía dedicado a su empresa constructora. Fue la oportunidad para diseñar su carrera en el extranjero, porque aunque Ecuador no era un objetivo deseado de antemano, era el único paso posible para salir de Chile y llegar a Europa.

• El estilo: “Lo más importante es no jugar de acuerdo al rival. Si uno como técnico empieza a cambiar según el rival, sólo genera dudas”, dice Pellegrini. Por eso se esmera en todos los equipos en trabajar con una mecánica de juego. Por eso podría ser que a sus equipos les cuesta partir en un campeonato. El trabajo es sobre la plantilla completa y los titulares se consolidan después. Lo que prima en sus equipos es la posesión del balón, las triangulaciones, la pelota jugada desde atrás. Es el paladar de Pellegrini el que busca jugadores técnicos. “Lo que hicimos en Villarreal, con centrocampistas tipo Cazorla jugando por dentro, creo que fue una pequeña revolución en el fútbol español. Los equipos que tienen volantes móviles, no estáticos en la banda, otorgan una categoría técnica a los equipos”, declaró.
El gusto por el fútbol bien jugado lo ha mantenido en general con un 4-4-2, pero quizás haya sumado una sutileza en el medio, en la zona de contención, ahora con un volante de quite y otro mixto.

• El liderazgo: Cuando era jugador, era respetado por sus compañeros por su fiereza y también por su sencillez como compañero. Como entrenador, al principio lo distinguieron su caballerosidad y su porte. Pero cuando llegó a Liga Deportiva había desarrollado un tema que lo iba a consolidar. “Empezó a salir lo que era la inteligencia emocional. Y eso lo fui juntando con la técnica y la táctica”, recordó. Si hasta ese momento tenía un buen trato con sus dirigidos, los lazos mejoraron en condiciones peculiares, dirigiendo en ambientes que tenían otros códigos. Lo habitual desde el principio era buscar apoyo en líderes dentro del plantel, gente con influencia en el grupo que pudiera traspasar las ideas del técnico. Aunque se definió alguna vez como entrenador dictador-demócrata, en realidad lo que siempre ha tratado es de convencer a sus dirigidos. Ejerce un control que no es autoritario y que probablemente lo asemeje más a Clint Eastwood dirigiendo sus películas: instrucciones sencillas, control de la situación y compromiso de ambas partes.

• Manejo de crisis: “Mi principal desafío en el Real Madrid fue no reaccionar ante un camino imposible. Llegar al éxito cuando no hay un concepto global de lo que es la institución. El silencio es la mejor manera. No hay peor enemigo que el que no contesta”. La alusión de Pellegrini recuerda su difícil paso por el Real Madrid y a su difícil relación con el presidente de la institución, Florentino Pérez. Este año, antes de jugar contra el Barcelona por la Champions League, reconoció que supo que sería despedido de su club a un mes de llegar “por las diferencias de criterio con el presidente”. Los conflictos en el fútbol abundan y ante ellos el técnico chileno tiene una fortaleza que no se nota y sólo la saben los que están cerca. “Nunca he sentido presión, ni la más mínima, por la crítica externa”, cuenta. Por eso la seriedad, la parquedad, el silencio, son en realidad señales de una ventaja. Con ella puede blindar a sus jugadores de un montón de situaciones críticas. Por eso se entiende que no le responda a José Mourinho –una máxima que ha roto en un par de ocasiones: nadie es perfecto– cada vez que lo ha intentado meter en una polémica. La presión que vive un entrenador de alto nivel, Pellegrini la puede sobrellevar gracias a su carácter. Un paraguas y una actitud serena cuando el mundo que eligió vivir se mueve, como lo viene haciendo desde hace montones de años. •••