• 10 junio, 2009


No habremos construido el Louvre ni la pirámide de vidrio que le sirve de entrada, pero hemos construido un país que sabe responder a sus ciudadanos en épocas de crisis. Y eso vale más que cualquier monumento con miras al Bicentenario.


Al acercarnos al 2010 ha resurgido el Bicentenario y, con ello, las comparaciones con el Centenario, con los proyectos del presidente Lagos y los de la presidenta… Y, como siempre, en este tema estamos siendo ambivalentes.

Por una parte, nos encanta París, que ha llegado a ser lo que es y a tener 60 millones de visitantes al año gracias, entre otras cosas, a que cada presidente francés deja un legado en concreto, y lo hace en grande y en armonía con el entorno. Por otra, calificamos de “faraónico” o de “elefante blanco” cualquier intento de hacer una obra mayor, ya que, en una curiosa lógica, decimos que “nos haría más pobres”.

¿En qué pie nos encuentra el Bicentenario? ¿Cómo estamos como país? ¿Qué ve el mundo cuando mira a Chile?

En las listas de actividades del Bicentenario pocos mencionan una que dará “el puntapié inicial” a las celebraciones. Se trata del XXI Congreso Mundial de Ciencia Política, a realizarse en Santiago del 12 al 16 de julio de 2009. Es el primer Congreso Mundial en Ciencias Sociales en Chile. En el anterior, en Japón en 2006, participaron 2.000 politólogos de 70 países. Congresos similares se han hecho en Berlín, París, Washington y Moscú. El próximo, en 2012, será en Madrid. La candidatura de Santiago se impuso a la de Budapest, no obstante que los partidarios de esta última planteaban que el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín era una gran ocasión para reunir a los politólogos del mundo a orillas del Danubio y examinar los avances de Europa Central y Oriental.

¿Por qué ganó Santiago?

Durante los últimos 70 años, Chile ha sido gran un laboratorio de experimentos políticos y socioeconómicos. La literatura en ciencia política sobre Chile en el resto del mundo, a la cual ha colaborado tanto el recientemente nombrado secretario auxiliar de Estado para Asuntos Interamericanos, el penquista Arturo Valenzuela, es enorme y muy desproporcionada a nuestro tamaño. Los analistas políticos del mundo quieren visitar Chile y ver en terreno qué pasa.

La decisión se tomó en 2004. El tema del Congreso será “¿Malestar Global? Dilemas del Cambio”. Nadie pensó que ello coincidiría con la mayor crisis de la economía mundial desde la Gran Depresión. Menos aún, que Chile se destacaría como uno de los países mejor preparados para enfrentar la crisis y que mejor parado ha salido de ella.

En los últimos dos meses, los decanos de la prensa financiera internacional, el Financial Times primero y el Wall Street Journal después, han publicado destacadas notas poniendo a Chile por las nubes. Chile sería no sólo ejemplo para América latina y el mundo en desarrollo, sino que para la propia Europa. Una caricatura en el FT ponía al ministro de Hacienda de Chile de maestro ante un pizarrón y a Gordon Brown, el primer ministro británico, entre los alumnos. Mientras los economistas locales, en su mejor tradición, asumen con fruición su papel de “agoreros de siempre”, un reciente estudio clasifica a Chile entre los 15 países que mejor han enfrentado la crisis.
de crisis. Y eso vale más que cualquier monumento.

En 1930, Chile fue uno de los países más afectados por la Gran Depresión y en 1982 la economía cayó un 14%. Hoy estamos entre los mejor posicionados. Y esto no es sólo un tema de manejo económico. Hay un cierto modelo que se viene aplicando desde 1990 en materia de políticas públicas imaginativas y creativas, que da resultados.

Mientras tanto, Europa Central y Oriental van “cuesta abajo en la rodada”. La economía de cada uno de los tres países bálticos, Estonia, Latvia y Lituania, tan alabadas en Chile por sus “impuestos planos” y apertura a destajo, tendrán caídas de dos dígitos en 2009.
de crisis. Y eso vale más que cualquier monumento.

Tanto los “monstruos” de la ciencia política que se darán cita en Santiago en algunas semanas (los Giovanni Sartori, Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter, Leonardo Morlino y Laurence Whitehead de este mundo, en adición a “estadistas-académicos” como Fernando Henrique Cardoso), como los “politólogos de a pie” de cinco continentes tendrán mucha tela que cortar.
de crisis. Y eso vale más que cualquier monumento.

Al juntarse en Santiago para pensar la crisis mundial y el futuro del capitalismo, verificarán que en este “pequeño país, esquina con vista al mar”, que cumple 200 años, hemos sabido enfrentar la globalización y sacarle el mejor partido. No habremos construido el Louvre ni la pirámide de vidrio que le sirve de entrada, pero hemos construido un país que sabe responderle a sus ciudadanos en épocas de crisis. Y eso vale más que cualquier monumento.