Hasta ahora, el valle del Limarí había destacado por sus frescos y minerales chardonnay –más algunos notables syrah de clima frío–, pero habría que agregar una tercera cepa con potencial en la zona cercana a la ciudad Ovalle: la sauvignon blanc, sobre todo en su versión más chispeante y herbácea, con esos toques de ají […]

  • 2 noviembre, 2007

Hasta ahora, el valle del Limarí había destacado por sus frescos y minerales chardonnay –más algunos notables syrah de clima frío–, pero habría que agregar una tercera cepa con potencial en la zona cercana a la ciudad Ovalle: la sauvignon blanc, sobre todo en su versión más chispeante y herbácea, con esos toques de ají verde que arman una fiesta en la nariz.

Eso, al menos, es lo que promete Maycas Sauvignon Blanc Reserva Especial 2007, elaborado por la nueva viña –del grupo Concha y Toro– con sede en el valle nortino. Allí se plantaron las parras más antiguas de Chile, por el siglo XVI, y hoy, luego de varias centurias de olvido, el lugar vive un renacer.

Para tener una idea del auge del sector, piensen que pasó de no más de cien hectáreas plantadas de cepas fi nas en 1995 a más de mil en la actualidad. Y si en un principio se optó por las tintas, la experiencia ha demostrado que las variedades blancas son las que mejores expectativas tienen.

Marcelo Papa, el enólogo de Maycas, es uno de los pioneros de este segundo aire del valle y desde hace 12 años viene insistiendo con la calidad de la uva que allí puede lograrse. “Hay tres claves que explican esta potencialidad”, dice. “Primero, el clima, luego los suelos y, por último, la luz”. Respecto al clima, hay que tener en cuenta que se trata de un valle donde la cercanía del mar es relevante. Este sauvignon blanc, por ejemplo, nace de una zona, en la ribera norte del río Limarí, a 19 kilómetros de la costa, donde las temperaturas mínimas son uno o dos grados más altas que en Casablanca. Las máximas, en cambio, son similares. Otra diferencia: pese a la neblina matinal, en el valle nortino la humedad es menor, lo que reduce el riesgo de enfermedad.

“El suelo posee un componente de calcio, que le otorga a los vinos su cualidad mineral”, agrega el enólogo. “Un tercer factor es la luminosidad, que acá es un 35% superior a Puente Alto. Todo lo anterior da como resultado que los ciclos vegetativos sean largos. Si el chardonnay tarda 209 días en Limarí, en Casablanca lo hace en 190”. Aparte del sauvignon blanc, Maycas –que para los incas significaba “tierra de cultivos”– incluye un chardonnay 2006 de estilo clásico, austero y con la madera bastante presente, y un syrah 2005, suave y generoso, que conviene beber un poco más fresco de lo habitual, sobre todo en estos días. Tres opciones para redescubrir un valle milenario.