En una cartelera mediocre como la de este año, Zodiac es una fiesta. Pero una fiesta donde nadie lo pasa demasiado bien. POR HECTOR SOTO Lo mejor de Zodiac –me dice un amigo– es el aliento, el paso del tiempo, el propósito de comprimir en dos horas y tanto de proyección una larga pesquisa policial […]

  • 15 junio, 2007

En una cartelera mediocre como la de este año, Zodiac es una fiesta. Pero una fiesta donde nadie lo pasa demasiado bien.
POR HECTOR SOTO

Lo mejor de Zodiac –me dice un amigo– es el aliento, el paso del tiempo, el propósito de comprimir en dos horas y tanto de proyección una larga pesquisa policial y judicial en torno a un asesino en serie que operó durante años en la zona de San Francisco. Fue una tremenda odisea caracterizada por sucesivas expectativas y frustraciones, que al final terminó disolviéndose en la nada y dejando sin respuesta cientos de conjeturas y sospechas. ¿Era uno el asesino o fueron varios? ¿Qué tan cerca estuvieron las investigaciones de identificarlo? ¿Qué tan reveladores eran esos crímenes de lo que estaba ocurriendo en ese momento en Estados Unidos? ¿Hasta qué punto las pesquisas policiales pueden disipar la nube de oscuridad en que se hunde el comportamiento de las personas?

Aunque está lejos de responder satisfactoriamente a estas interrogantes, la película de David Fincher es ambiciosa: cubre ese largo período de tiempo que hizo saltar por los aires muchas de las viejas certidumbres de la sociedad norteamericana, instalando en su interior dudas, disociaciones y traumas que persisten hasta hoy. En este sentido, la cinta tiene un peso cívico que ciertamente estaba dentro de los cálculos de su realizador.

Donde Zodiac es un proyecto mucho más frustrante es a nivel de la puesta en escena y, sobre todo, del guión. Este fue escrito bajo la compulsión de entregar en sus primeros 60 minutos de proyección una cantidad de información que difícilmente alguien pueda ser capaz de procesar y retener, relativa a crímenes, condados y policías; a líneas de investigación, mensajes enviados a los diarios y sospechosos; a periodistas y detectives; a rivalidades y amoríos, a circunstancias y fechas… Mucho. El esquema que bajo esta información va entrando a la pantalla no solo es discutible sino también demencial. Pareciera que Hollywood está olvidando que el cine argumental funciona sobre la base de una corriente narrativa
constante, porque en este caso cada escena se va superponiendo a la anterior sin que la cinta procure mayores pistas para conectarlas entre sí. Es cierto que estas han sido concebidas con especial atención a sus equilibrios internos. El problema es que el flujo, la corriente interna del caudal narrativo, no funciona y por lo mismo toda esa primera hora de película es una aridez imbancable.

Después, menos mal, el asunto se compone, aunque ya sea un poco tarde. Solo una vez que la realización siente que ha cumplido la tarea de poner sobre la mesa los datos útiles e inútiles en juego, Fincher se acuerda que el cine, aparte de trama, también es una cuestión de personajes. Solo entonces comienza a perfilar al caricaturista (Jake Gyllenhaal) que se obsesiona con la investigación, al periodista (Robert Downey Jr.) que la abandona a medio camino, al policía (Mark Ruffalo) que traicionará su código ético fabricando pruebas inculpatorias para cerrar un caso que ya se le ha convertido en una pesadilla y que por demasiado tiempo lo ha estado superando.

Es cierto que en relación al tipo de películas que está llegando a la cartelera –estúpidas, pueriles, malísimas– Zodiac, más que una excepción, es un lujo. Un lujo, aunque también una decepción, puesto que la obra tenía todo a su favor para llegar muchísimo más lejos. Tenía actores, presupuesto, escenarios y atmósferas narrativas que difícilmente volverán a darse. Fincher se farreó muchos de estos activos por simple dispersión y falta de foco, al punto que una fracción importante de la audiencia podría salir de la película creyendo que esta es una historia de errores judiciales. Si un solo juez, un solo fiscal, hubiese tenido a su cargo la investigación, lo más probable es que esto no habría ocurrido. Pero para los efectos de la película esto daba lo mismo. El eje de la cinta no va por ahí. El problema es que tampoco se sabe muy bien por dónde.