¿Cruzo la calle al estilo de Los Beatles en Abbey Road?”, bromea Luis Larraín mientras la fotógrafa Verónica Ortiz dispara. El día está radiante y como buen viernes sándwich, hay poca gente circulando. Pero en la casa de la calle Pedro de Villagra –donde funciona transitoriamente Libertad y Desarrollo, a la espera de que termine […]

  • 26 agosto, 2013

Luis Larrain

¿Cruzo la calle al estilo de Los Beatles en Abbey Road?”, bromea Luis Larraín mientras la fotógrafa Verónica Ortiz dispara. El día está radiante y como buen viernes sándwich, hay poca gente circulando. Pero en la casa de la calle Pedro de Villagra –donde funciona transitoriamente Libertad y Desarrollo, a la espera de que termine la ampliación de la casona de Presidente Errázuriz con Alcántara–, hay bastante movimiento. Hernán Büchi aparece de repente en shorts y sale a su clásico trote, mientras el líder de LyD cuenta cómo se aplica a fondo en su nuevo reto: el programa de gobierno de Evelyn Matthei, al que se sumó hace un par de semanas.

Muchos integrantes de este centro de estudios trabajaron para la candidatura de Allamand. Otros lo hicieron en la de Golborne y luego en la de Longueira. Larraín no participó como director en ninguna de las tres, hasta que apareció la Matthei arriba del escenario. El gran apoyo que ha concitado, dice, lo convenció. “Veo bastante entusiasmo en colaborar con esta candidatura, que es distinta a las demás”, afirma.

-¿Matthei era la mejor candidata de la derecha o era necesario una mujer para hacerle peso a Bachelet?

-Evelyn es una muy buena candidata, no sólo por el hecho de ser mujer –que es un plus porque permite empatar con Bachelet–, sino porque además tiene otras características…

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-¿Como cuáles?

-Pese a que ella ha estado en política mucho tiempo –tiene prácticamente una vida ligada al servicio público– por la independencia de juicio que tiene y su trayectoria, no se la identifica plenamente con la clase política. De alguna manera se percibe que Evelyn no era la candidata original del sector…

-¿Y eso no le juega en contra?

-Al revés, de alguna manera muestra que ella tenía fortalezas para ser la candidata. Y si bien es cierto que probablemente no tenía el trabajo partidista que la ungiera inicialmente como candidata, llegado el momento de elegir, su nombre surgió rápido y prácticamente sin contrincantes.

-¿Fue una jugada magistral de la UDI?

-La UDI se movió rápido, pero más que desde el punto de vista del partido, fue bueno para el sector, porque finalmente salió una buena candidata, que además tiene un posicionamiento difícil de encasillar sólo con la UDI. Es una persona que representa bien a la centroderecha.

-Matthei es más liberal que muchos dirigentes de la derecha en temas como el aborto terapéutico o la despenalización de ciertas drogas. ¿En qué pie queda la agenda valórica de la UDI? ¿Cree que la derecha dura la va a apoyar?

-Aquí hay una definición previa: las cuestiones valóricas son muy importantes y, por lo mismo, es difícil que un partido político trate de centrar su plataforma en ellas. En otras palabras, dentro de una expresión política debiera caber diversidad en ese tipo de posturas, justamente porque son definiciones muy personales.

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-¿Puede haber diversidad en temas tan controvertidos como el aborto terapéutico? Si un votante está a favor, no va a elegir a un candidato que no lo considere en sus propuestas…

-Se admite que haya diversidad dentro de los partidarios, pero hay algunas decisiones centrales de política en las que es importante concordar. Por lo que yo le he escuchado a Evelyn, teniendo una posición determinada respecto al aborto terapéutico, entiende que no puede imponer su punto de vista al partido que la está apoyando.

-¿Su carácter se lo permitirá?

-Creo que sí, ella lo dijo y cumple su palabra. Ella explicitó su opinión respecto al aborto terapéutico, pero no lo ha hecho en otros temas valóricos, por lo cual entiendo que su candidatura va más allá de una determinada concepción valórica conservadora.

-¿Podrá captar a los huérfanos del centro?

-En alguna medida, sí. Creo que Evelyn es una candidata más factible de recibir el voto de alguien de centro que lo que podría haber sido Pablo Longueira.

-Ella dijo que llegaba a la segunda vuelta. ¿Tiene opción?

-A la segunda vuelta de todos modos. Y hay siete candidatos, por lo que la posibilidad de ganar en primera vuelta es muy baja. Todos los candidatos sacan votos.

-¿Cómo califica la actitud de Andrés Allamand post primarias?

-Es muy difícil meterse a juzgar cuestiones que tienen relación con reacciones personales, pero con todos los dimes y diretes que quieras, hoy la UDI y RN tienen una sola candidata y eso es súper importante.

-A un costo altísimo…

-A un costo importante en términos de imagen, porque pasaron las típicas cosas que a la gente no le gusta que pasen. Los de centroderecha valoran la unidad, pero sus políticos a veces se empeñan en no valorarlo. En definitiva, si Evelyn hace una buena campaña, eso puede superarse. En el consejo general de RN, un 81% le dio su apoyo. En este caso, la dinámica de la política hace que la inmensa mayoría de RN la apoye y le convenga hacerlo. Si eres candidato parlamentario, quieres tener a la candidata presidencial al lado y ella ha dicho que va a ser ecuánime con los dos partidos. Eso es tranquilizador para RN.

-¿Por qué la derecha no ha lo logrado superar el individualismo?

-Le cuesta más. La derecha tiene menos tradición y destreza en manejo político que la centroizquierda, por eso encontré muy bueno que hubiera primarias en el sector. Hubo una buena participación.

Candidata de teflón

-Más allá de las cifras económicas, ¿cuál es el balance del gobierno de Piñera?

-Me cuesta dejar de lado las cifras porque son muy importantes…

-Pero ha quedado demostrado que no lo son todo, por algo tiene poco apoyo.

-Eso es relativo, hay que mirar las cosas con más perspectiva. La creación de empleos durante este gobierno fue espectacular: 872 mil puestos nuevos. Las expectativas fueron mayores que lo que se ha logrado, pero eso es parte de la naturaleza humana: uno siempre quiere tener más y lo que ya logró no lo agradece porque ya está en el bolsillo, sino que se piensa en lo que viene después. La prosperidad económica que hemos tenido, la posibilidad de tener empleos hoy día casi en todos los estratos sociales, es algo ganado y que está en el bolsillo. Pero no siempre fue así, por lo que es algo que hay que cuidar.

-Y si hay mejoras sustantivas, ¿por qué la gente va a reelegir a Bachelet?

-Porque la política es más compleja. Los números no lo son todo. Si fuera así, ni siquiera tendríamos que hacer elecciones. La política no sólo tiene que ver con las realidades, sino que con las ilusiones de la gente.

-¿Qué ilusiones no cumplió Piñera?

-El gobierno de Piñera, en general, tuvo un problema de sobrealimentar expectativas. Algo que tiene que ver con el estilo del Presidente, muy ganador y competitivo, en el que siempre trató de mostrar una posición mejor. Al final, eso no sintonizó con lo que la gente quería escuchar. A la gente no le gusta ese espíritu tan competitivo.

-Para el ciudadano común es difícil entender que la centroderecha se haya preparado durante 20 años para gobernar, y que después vaya a perder el poder en cuatro…

-Es que no está claro que lo vaya a perder (risas). Hoy Bachelet aparece con ventaja, pero todavía falta la campaña. Es difícil que Matthei le gane, pero puede hacerlo. También tiene que ver con Bachelet. Si ella no existiera, ¿quién sería el candidato de la Concertación?, ¿cómo le iría? Y eso es algo que ni Piñera ni la derecha ni nadie puede controlar.

-¿Cuáles son las ventajas de Bachelet frente a Matthei?

-Para mí es al revés (risas).

-¿A dónde debiera apuntar Matthei para quitarle votos a Bachelet?

-Creo que Evelyn tiene más claridad respecto de las cosas que hay que hacer. La candidata de la Concertación tiene mucho apoyo, un abanico amplio de gente que la está respaldando y que está en sus programas, pero todavía no nos ha dicho a cuáles de ese abanico va a elegir. Por ahora, electoralmente, a ella le conviene no pronunciarse. A lo mejor, si dice que su ministro de Hacienda va a ser José de Gregorio, muchos de la Nueva Mayoría van a decir que no.

Hay muchas incógnitas sobre qué significa un nuevo gobierno de Bachelet. Hace cuatro años, ella era la Presidenta, y todos los problemas sobre los cuales se discute hoy –abusos, desigualdad, etc.– ya estaban. Y eran peores que ahora.

-Al parecer, Bachelet logra despegarse de los problemas…

-En Estados Unidos se decía que había candidatos que eran de teflón… Habrá que verla sometida a una buena adversaria como Evelyn Matthei, que de verdad creo es más simpática que Sebastián Piñera (risas). Tiene ventajas en eso.

-Pero Matthei con Piñera tienen bastante cosas en común: son ambiciosos, competitivos y de carácter fuerte…

-No son tan parecidos en carácter, pero sí en que tienen un abanico de conocimientos muy amplio, dependen menos de los asesores y tienen posición en los distintos temas. •••

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El largo camino del AVP

-Volviendo al tema de las promesas de Piñera, personalmente, usted que tiene un hijo homosexual, ¿qué siente con el tramitado Acuerdo de Vida en Pareja?

-No siento que sea una promesa incumplida, quiero esperar al término del gobierno. En eso creo que Piñera va a cumplir, va a hacer todo lo posible, porque él cree auténticamente en ese proyecto. Ojalá lo haga.

-¿Está a favor del matrimonio homosexual?

-Esto es un proceso, estoy de acuerdo con el AVP. En el caso del matrimonio homosexual no estoy en contra por principio, pero tengo mis dudas. Al reflexionar sobre esa materia, desde una perspectiva un poco más liberal, entras a cuestionar cosas antes, como cuál es el verdadero rol que tiene el Estado en sancionar un matrimonio. Hay gente que se casa por la Iglesia, otra que no. Uno se pregunta si el estatuto matrimonial debiera ser una cuestión mucho más simple y más abierto, y regular solamente lo que tiene efectos sobre terceros.

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La “pomada” de la reforma tributaria

Larraín siempre planteó que una reforma tributaria era una mala decisión. Es más, dice que el cambio impositivo de Piñera aceleró las cosas: “Uno de los argumentos esgrimidos es que con esos ajustes se eliminaba la necesidad de una reforma tributaria. Fue todo al revés: se puso sobre el tapete la discusión”.

-¿Cómo nadie pensó en eso antes?

-Se lo dije muchas veces al Presidente, pública y privadamente, y dentro de las respuestas me decían que había gente no tan distinta a mí que pensaba diferente. En política hay mucho voluntarismo, a veces se cree que si muevo un vaso a la izquierda no queda más a la izquierda que antes.

-Independiente de los recursos que generaría una reforma, ¿el argumento del “deber moral” no vale?

-Es una mala idea basar la discusión de los impuestos en una lógica moral. Al final, la incidencia de los impuestos –quién paga los impuestos– no es trivial. Los capitales son móviles y resulta extraordinariamente difícil que logres que la gente pague más de lo que considera justo; la plata se mueve. No es hacer un cálculo matemático de decir “toda esta gente gana toda esta plata y voy a subir la tasa para recaudar más”. De hecho, muchas veces sucede que uno sube la tasa y no recauda más. Por ejemplo, cuando hablan de subir el famoso impuesto a las empresas, como si fueran entes distintos a las personas, y todos felices porque las empresas tienen plata. Eso es una falacia, porque si lo subes, una parte de ese impuesto lo va a pagar la empresa y el otro el consumidor, según el estudio de la incidencia. Otra la va a pagar el trabajador y eso depende de cuánto se pueda traspasar de ese mayor costo a los distintos factores de la empresa. Si subes los impuestos, no necesariamente quien quieres que los pague lo va a hacer.

-¿Eso no se puede regular?

-Se puede, pero la cosa es hacerlo eficientemente. Cada vez que cambias una ley tributaria, cambias los incentivos. Se hace tanto caudal de que las empresas pagan poco y eso es falso. Tan falso es, que si miras qué porcentaje de la recaudación tributaria pagan las empresas en los países de la OCDE, Chile es el tercer país que más paga: un 5% del PIB. El primero es Luxemburgo y el segundo es Noruega. Si miras las tasas, la de Chile es más baja que la mayoría de los países de la OCDE y, sin embargo, lo que se recauda es mucho más, porque Chile tiene una base tributaria mucho más amplia.

-¿Cree que no es necesaria una reforma tributaria para financiar mejoras a la educación o a la salud?

-Ése es un cuento. Siempre es necesario revisar la estructura tributaria, pero este cuento que le contaron a los chilenos, de que la desigualdad se resuelve con una reforma tributaria es una mentira. Eso no va a pasar. Un grave riesgo de Michelle Bachelet es que le han vendido a los chilenos una pomada que es muy peligrosa: que si cambian el binominal, suben los impuestos y hay universidad gratis para todos, se arreglan los problemas. Ésa es una mentira del porte de una casa. Si llegan a hacerlo, ¡vamos a ver que después de cuatro años van a tener la escoba! La política es mucho más compleja que reducirla a estos tres fetiches, todo el mundo habla del FUT y nadie sabe lo que es.

-¿Una reforma tributaria va a generar más inequidad?

-Podría, si por la vía de aumentar los impuestos a las empresas y rebajar a los tramos más altos de las personas, provocas una situación en la cual disminuye la inversión.

-Pero está la experiencia de otros países que han subido los impuestos y han logrado recaudar más dinero…

-Siempre hay formas mejores y peores de hacerlo; los impuestos en Chile no son bajos comparado al ingreso que tiene el país.