La vida fácil, de Richard Price, recrea el mundo violento y multicultural de los bajos fondos de Nueva York. Un paseo por el lado salvaje. Por Marcelo Soto

 

  • 8 marzo, 2011

 

La vida fácil, de Richard Price, recrea el mundo violento y multicultural de los bajos fondos de Nueva York. Un paseo por el lado salvaje. Por Marcelo Soto

 

Richard Price, guionista de películas como El color del dinero y de series de TV como The wire, es uno de los escritores mejor dotados de la actualidad para calibrar el sonido de la calle, la manera en que la gente habla y se comporta; la vulgaridad de sus dichos, los insultos, el ruido ensordecedor de la música que escuchan mientras gritan o discuten o trafican. Como pocos, el autor nacido en el Bronx en 1949 ha plasmado ese universo multicolor, inabarcable y políglota que es la Nueva York de hoy.

Su última novela publicada en español, La vida fácil, podría ser descrita como una obra magnífica si no fuera porque la traducción juega en su contra. No era fácil traducir un relato colmado de giros callejeros que ni siquiera un neoyorquino de toda la vida podría conocer, pero la opción de llenar las páginas de dudosos modismos hispanos no parece la más acertada. Con todo, y luego de superar el muro lingüístico de vocablos y expresiones gangsteriles, de diferentes tribus y razas, el libro es de tal ambición y magnitud que es imposible no dejar de exclamar frases de admiración ante la hazaña lograda por Price.

La vida fácil es una montaña rusa armada sobre el Lower East Side y Brooklyn, con una trama llena de subidas mortales y saltos al vacío. La anécdota inicial parece nimia: un chico blanco, llamado Ike Marcus, ha sido asesinado en una calle solitaria, tarde en la noche. Al momento de su muerte, iba acompañado de Eric Cash, quien pasa a ser el principal sospechoso. Eric trabaja en un restaurante de moda y quiere ser escritor. Toda la evidencia apunta en su contra, pero él alega inocencia. Los policías que lo interrogan –Matty y Yolonda- no le creen y se juegan el pellejo asumiendo que es culpable.

La vida fácil.
Richard Price. Mondadori, 520 páginas. Barcelona, 2010.

Las pistas resultan sumamente débiles y Eric es puesto en libertad. Para evitar cualquier escándalo los detectives acuerdan con el abogado de Cash dejarlo en paz: no podrán volver a interrogarlo, aunque todavía quedan dudas por resolver. Así, Eric se ve en una incómoda situación. Es inocente, pero no puede ni quiere probarlo.

Cash tiene algo que lo hace insidioso. Desprecia a quienes tienen éxito y a los clientes que van al bar donde trabaja, tipos con plata y tarjetas doradas que se creen capaces de desenvolverse en sus oficinas y en las calles con la misma soltura. Compran droga y hablan de sus conquistas igual como hablan de la última película de Tarantino. Pero sobre todo, Eric desprecia lo que Ike, el chico asesinado, representa: el estilo cool, sobrado y encantador de la clase privilegiada. Cuando se organiza un velatorio para Ike, el lugar donde fue asesinado se llena de niños bien sofisticados. El narrador los describe así: “en su mayoría blancos, con un poco de todo lo demás aquí y allá; refinados rebeldes con el pelo teñido, cortes de pelo andrógino o cabezas rapadas, botas altas, escotes bajos, vestidos de un respetuoso negro, lo que en muchos casos no se diferenciaba de lo que se ponían cualquier otro día. Estaban en la cresta de la ola, jóvenes, talentosos, privilegiados, tomándose en serio de momento la perspectiva de dedicarse al arte o montar alguna empresa libre e inconformista o ser sencillamente ciudadanos del mundo, y no sólo confiaban relativamente en su capacidad de conseguirlo, sino también en su divino derecho a hacerlo”.

Alguien como Bret Easton Ellis hubiese escrito esta novela desde el punto de vista de esos chicos sobrados, pero Price hace lo contrario. Su mirada se centra en los perdedores, en los que viven en sucuchos, en los inmigrantes que no saben una palabra de inglés, en los preadolescentes que viven en los peores barrios y cuyo único destino es convertirse en delincuentes. Chicos que escuchan rap y que son golpeados y que sólo atinan a golpear.

Junto con este mar de personajes desesperados, el autor tiene un especial ojo para recrear el mundo de los policías, tan marginal como el de los criminales que persiguen. Una novela estupenda.

Price en la pantalla

El color del dinero (1986).

Price escribió el guión de esta película dirigida por Scorsese y con Tom Cruise y Paul Newman como discípulo y maestro de los juegos de pool.


Clockers (1995).

Spike Lee dirigió esta adaptación de una novela de Price sobre el sub mundo de la droga y las pandillas en Nueva York.


The Wire (2004).

Price escribió algunos capítulos de esta serie de TV, ambientada en Baltimore, que muchos consideran la mejor de la historia.