• 1 marzo, 2018

Economista

La trama

Los conocedores de la política nacional dicen que el destino de un nuevo gobierno se juega simbólicamente en los primeros 100 días de su gestión. En un período de 4 años eso es probablemente así. Doy casi por hecho que habrá más crecimiento y empleo, de no mediar alguna crisis económica internacional severa que por ahora no se anticipa. Ese entonces no es el punto crítico. La clave es cómo el nuevo gobierno pasará finalmente a la historia y por cierto el color de su sucesor. Lee mis labios, reza el dicho, en este caso ¡es la política!, no la economía como ha sido tradicionalmente. A diferencia de Bachelet, Piñera llega muy bien preparado, con el norte claro, los equipos afiatados, las prioridades definidas, y su sector político ordenado. Pero el mapa no es el territorio, la teoría no es la realidad. La ruta no basta pensarla, hay que recorrerla.

Las 4 grandes señales a las que estar atentos

En esos 100 días habrá cientos de señales para pronosticar lo que será el gobierno, pero hay algunas realmente críticas. A mi juicio son básicamente 4.

1.La relación con el gobierno anterior. Bachelet instaló la retroexcavadora para borrar la gestión anterior de Piñera. Se trataba en el propio decir de su ideólogo (Quintana y el PPD), de eliminar todo vestigio posible de neoliberalismo de la sociedad. Paralizó así todo avance del gobierno anterior. Piñera debe reaccionar a ello con dureza, pero especialmente con grandeza. Está en juego la unidad nacional y es necesario parar la polarización, pero con verdad. Solo debe encargar auditorías serias, objetivas, y responsables y hacer públicos los resultados en muy breve tiempo. Habrá una gran campaña de posverdad sobre el “legado”. Tratarán de llevar ese debate a lo ideológico y eso es una trampa; hay que llevarlo a la evidencia dura que solo puede proporcionar una auditoría seria de preferencia internacional. Un tema especialmente complejo será el de las decenas de miles de operadores políticos instalados por el gobierno anterior. Sí o sí debe ordenar ese problema, que además serán su quinta columna. El éxito de su gobierno depende en gran medida de ello. Debe ser justo y no castigar a los buenos empleados públicos. El problema es que el gremio está muy politizado a la izquierda.

2. El tipo de oposición que tendrá. Muy pronto veremos si hay espacio para un intento de unidad nacional y el logro de grandes acuerdos. Ojalá se logre. La oposición está demasiado fragmentada, la izquierda dura muy herida, la DC destruida y el Frente Amplio es muy disperso, poco republicano, muy activista y con poca o nada experiencia en política. Sin duda irán aprendiendo, pero el costo será muy alto. La clave para Piñera será lograr fortalecer decididamente el centro, probablemente deba hacerlo desde Evópoli más una fracción de RN, el PRI y agregar nuevas fuerzas como Ciudadanos, Liberales, DC, incluso una parte evolucionada del PPD, y otros, sin descuidar a la derecha más tradicional. El 8% de José Antonio Kast será determinante. Ese es el difícil arte de la política, mientras que la ciencia de la política está en la calidad de las políticas públicas. La izquierda maneja el arte, la derecha la ciencia. La adecuada combinación es lograda solo por estadistas de fuste. Piñera debe convocar de alguna manera el apoyo de Lagos y Frei en lo republicano. También debe acercar a Guillier, que en mi opinión tiene una veta republicana clara.

3. Las primeras leyes. Estas dan la tónica de los cambios estructurales que se quieran realizar en tan breve período. El nuevo Congreso es parte del oscuro legado de Bachelet, pero es lo que hay, y aún no sabemos cómo va a funcionar. En los primeros meses veremos la puesta en escena de una nueva camada (no todos) de diputados entre estrafalarios, faranduleros o de poca monta, tratando de capturar la atención pública. A la larga aprenderán, pero dejarán una estela de daño institucional no menor. Piñera deberá mostrar una especial sabiduría que esperamos la haya incubado. No es solo un desafío de la razón.

Dejando a un lado por un momento la economía y el arreglo técnico del tema tributario, hay tres temas centrales en ese sentido. El primero, sin duda, serán las señales que dé en educación. Los colegios subvencionados están dañados; los liceos públicos, con algunas excepciones, son malos; la ley de educación superior es una bazofia como el Transantiago. La gratuidad llegó por un largo tiempo, pero el desafío real es la calidad en el siglo XXI y si no hay recursos para lo primero, menos habrá para lo segundo. Pero ahí se juega el partido; si no avanza en calidad todo está perdido. Su ministro de Educación será fuertemente atacado y los estudiantes saldrán a la calle más antes que después. Si no marca fuerte sus coordenadas en educación al inicio, no podrá hacer mucho después. El segundo gran tema es la salud. Se requiere una gran cirugía, tanto en las isapres como en la salud pública. Los gremios son difíciles y nuevamente ideologizados. Anticipo tempestades en los cambios necesarios. Aquí debe rápidamente buscar acuerdos para cambios estructurales. El tercer tema crítico es la inmigración descontrolada del mentado “legado”. Lo primero es explicar al país cómo ha ocurrido y transparentar la actual oscuridad con que el gobierno de Bachelet manejó este asunto. Solo así puede detener la masividad exagerada hasta tener una legislación adecuada y consensuada. Finalmente, sí o sí debe presentar en pocas semanas soluciones concretas y legislativas al tema Sename, lo que es una gran oportunidad para acuerdos nacionales.

4. Los proyectos emblemáticos.

Gestionar bien el Estado, es necesario, pero no suficiente. Así como Bachelet nos deja el país, debiera ser más que suficiente para un periodo de 4 años, pero no lo es. Deberá mostrar sus 4 ases. No pueden ser más. Estas cartas deben desplegarse en los 100 días. Debemos estar atentos. Podría ser en la descentralización, o la reforma del Estado, o en ciencia o tecnología, u otras pero debe mostrarlas en iniciativas concretas, basta de comisiones. En mi opinión debiera tomar la bandera de la Constitución y hacerlo bien, de manera limpia y republicana y con un gran acuerdo. Si lo hace, es un pasaporte a la historia bien ganado.

Los acompañamientos del guiso principal

Lo anterior es crítico en los primeros 100 días. Pero como todo plato principal tiene sus acompañamientos. Uno de ellos es la fortaleza del gabinete. Generalmente se nota muy rápido quiénes son los ministros clave y cuáles son los más débiles y eso da algo así como el tono de gobierno. Hay que estar atentos a ello. También es interesante observar las giras. ¿Cuál será la primera región y el primer pais visitados? Ello también da muchas pautas. Sin duda, no serán ni Venezuela ni a Cuba… un poco de humor no esta de más. En el tema laboral-sindical también se verán señales. La ley de Bachelet fue, como casi todas las que hizo, de muy mala factura técnica y extremadamente ideologizada. Eso traerá problemas que aparecerán muy pronto. Aquí habrá señales de la relación del gobierno con el empresariado, y Moreno deberá mostrar nuevas avenidas.

El tema de Carabineros es una papa caliente que se está quemando. El enredo con la fiscalía y la PDI lo agrava aún más. Villalobos ya sabemos que será removido rápidamente y su reemplazante es critico. Deberá actuar muy rápidamente. Aquí le veremos la mano al ministro del Interior. En ese mismo acto veremos la mano con el tema de la delincuencia y, por cierto, la crisis de La Araucanía.

A los 60 días, mas o menos, deberá ir al nuevo Congreso. Como es obvio no hay cuenta que rendir, pero sí se habla de futuro en esa primera cuenta. Será clave observar ese evento, dependiendo de lo que haya pasado en esos dos meses. Le guste o no, yo pienso que en el fondo y forma debe innovar. Por ejemplo, decidir cómo y a quién le hablará en el fondo. ¿Será populistamente a la tradicional “señora Juanita”, a los partidos, a la población, a las instituciones? ¿Será capaz de hablarle directamente a la historia desde el futuro? ¿Será una letanía de dos horas? Algo nuevo debe instaurar y transformarlo en estilo.

Finalmente, otro acompañante del guiso es su política de comunicaciones y su relación con los medios. Cecilia Pérez es experimentada y no caerá en la tentación de denostar a sus adversarios políticos desde su posición gubernamental que debe servir a todos los chilenos, no sólo a partidarios. Pero también debe innovar aquí. Si hay algo que ha tenido una revolución impresionante es el sistema de comunicaciones de la sociedad. No se puede hacer más de lo mismo. Por de pronto, deberá enfrentar la crisis de TVN. La primera señal será su directorio y el director ejecutivo. Ahí se juega ese partido. Tiene que hacer cambios radicales, lo que no le es fácil a Piñera. El modelo de TV pública es un engendro inútil y requiere una nueva ley. La televisión chilena es de muy mala calidad.

En resumen

100 días pasan muy rápido y se juega gran parte del resultado del gobierno. Cuatro años son muy poco tiempo y es difícil mirar el largo plazo. Las urgencias se toman las prioridades. Pero los estadistas logran mirar el futuro. La única señal contundente de su éxito será si la población elige un continuador o una retroexcavadora 2.0 ya definitiva y sin retorno para el país.