Hay consenso de que el país cambió. Y este cambio de piel habría ocurrido en el gobierno de Piñera y tomaría expresión en el próximo. Visto así, la sociedad chilena –post elecciones– cruzó un umbral  y avanza hacia nuevas praderas. Ganadores,  perdedores y emergentes de todo el eje político saben que pisan terreno desconocido. Más que riesgos, ven incertidumbres. No saben con qué montonera se encontrarán.  Pero sí  saben que durante los próximos cuatro años será más fácil perder que ganar: ya no tienen todo el poder.
La aparición del paro portuario en el incendiado verano es como un espectro de las amenazas futuras. Está claro que las movilizaciones ya no son las inocentes fogatas que apagaban los antiguos operadores políticos de la Concertación. Los movimientos sociales y la ciudadanía tienen la palabra. No todos los actores políticos tienen claro cómo sintonizarán o si deben hacerlo con el cambio en la sociedad chilena. Lo que hay son algunas ideas dando vueltas.
Las primeras ideas sistematizadas vienen de la UDI: lo que tienen claro es que no hablarán con el idioma de la calle. No sintonizarán con conceptos como “abuso”, “desigualdad”, “lucro” o “nuevo modelo”. Su idea principal es volver al origen, rescatar su identidad, esto es a las ideas de libertad, esfuerzo individual y el mérito como vía de progreso. El error –de Piñera– fue tomar ideas prestadas.
En RN las ideas nuevas vienen de los que se han desprendido. La convicción es que si no se toma el centro liberal que hay en la sociedad chilena, lo tomarán personajes como Velasco o la Nueva Mayoría. Este grupo sí ha asumido que el nuevo ciclo existe y que si no hay apertura hacia el “liberalismo social” será imposible reencantar a la clase media. Pero el principal líder ideológico de RN, Allamand, cree que esto es un cuento de sirenas, pues el error de la Alianza –de Piñera en particular– fue perder la batalla de las ideas que los llevó al poder. Así, el imperdonable error político fue dejar que las ideas que prevalecieron mientras fueron oposición retrocedieran mientras fueron gobierno. Por lo tanto, la tarea sería recuperar el ideario propio para recuperar el poder. No se trata de sintonizar con el país que cambió, sino que el país vuelva a sintonizar con sus ideas de siempre.
Por el lado de la centro-izquierda, los desprendimientos ocurrieron hace rato. Es el caso de ME-O, quien en su momento puso en alerta a la clase política. Pero terminaron por asaltarlo y por llevarse todas sus ideas. Me imagino que lo que antes parecía un transatlántico, ahora está un poco a la deriva. Está obligado a cambiarse de aguas, pero con qué ideas, no lo debe saber; quizás con las de los portuarios, pero al final, la idea es él mismo. Para Velasco, la cosa es más auspiciosa. O al menos eso debe creer. Se debe sentir en el medio del Mediterráneo. Al medio de todos. Cualquier rumbo lleva su crucero a puerto: ideas para los que están a la derecha, ideas para la izquierda. Eso sí, a ese crucero no se subirán los portuarios, pero eso no es asunto suyo: sus pasajeros son otros.
La Nueva Mayoría, en tanto, se supone que ganó porque tuvo algo más de sintonía con el nuevo ciclo. Pero lo que no le funciona son los tiempos. Las actuales y probables movilizaciones futuras lo que transmiten es inmediatismo. Y si hay algo que requieren las tres ideas reformadoras de Bachelet es tiempo. Uno puede decir que mientras la Presidenta electa mantenga en pie esa trilogía podrá contar con el PC y que sectores impacientes, como los portuarios, sean invitados a esperar su turno. Pero es probable que ello sea insuficiente: el abanico de intereses es amplio y no serán necesariamente satisfechos.
Así, lo más sano es asumir que vienen conflictos, como en toda sociedad compleja y democrática, y que los actores deberán contar con herramientas para alcanzar consensos y soluciones. Se requiere diálogo social, nuevos mecanismos participativos y de alianzas público-privadas para resolver controversias, sistemas de gobernanza adecuados, una mayor capacidad para prevenir y anticipar conflictos, un rol más activo de las autoridades regionales, y una mayor autorregulación por parte de las empresas. Y lo que en la movilización portuaria falló es todo lo anterior. Parece que lo que no se ve no existe.
Ante la incertidumbre que se viene, la idea que todos los actores políticos debieran compartir es hacerse cargo del gran fenómeno que ha estado detrás de la emergencia del nuevo ciclo: la enorme pérdida de confianza en las instituciones. Bachelet, quien mira de reojo la experiencia noruega, debe tener incorporado que ese país consolidó sus instituciones previo a descubrir petróleo. Chile también seguirá dependiendo de sus recursos naturales, por lo que debiera tener claro que la principal idea a compartir es el valor de tener instituciones confiables, con normas que legitimen y regulen sus relaciones con la ciudadanía, con visión de largo plazo, como las políticas contra-cíclicas de los noruegos. Se trata de regular expectativas, y reorientar el inmediatismo y la impaciencia social en el marco de una visión de país común. Ésta es la única idea que todo el sector político debería tener, junto con asumir que sí se abre un nuevo ciclo.