Por Pablo Larraín, socio Landmark Alantra
Foto: Verónica Ortíz
Año: 2050

  • 19 agosto, 2019

Estamos a pocos días de que la Cámara única de nuestro Congreso Nacional resuelva la que es quizás la decisión más importante en los 240 años de vida independiente del país y, realmente, nadie sabe cuál será el resultado de esa votación. La presión que recae sobre cada parlamentario es enorme, lo que los ha llevado a optar por un total aislamiento en las últimas semanas para buscar un posible consenso que hoy se ve muy difícil. El confinamiento de nuestros parlamentarios a orillas del lago Caburgua ha alentado todo tipo de especulaciones, unas más disparatadas que otras, las cuales solo colaboran en aumentar la tensión de los quince millones de chilenos.

Cuando hace dos años el país eligió holgadamente a Cecilia González-Piñera como su nueva presidenta, parecía que se zanjaba con esa elección el apoyo a ceder parte de la soberanía nacional en pos de un gobierno planetario. Sin embargo, el movimiento nacionalista, pese a no tener un liderazgo claro, ha adquirido en los últimos meses una fuerza que nadie previó y esto ha comenzado a tener eco en los parlamentarios. Se requiere un quórum de dos tercios para cambiar la Constitución y hoy no se sabe si esos votos están.

La iniciativa impulsada por la ONU –y que fue el centro de campaña de González-Piñera– parece ser el nuevo recurso para enfrentar la catástrofe que ha significado el calentamiento global en las últimas décadas. Los múltiples fracasos por incumplimientos y descoordinaciones entre las principales potencias parecían no tener fin, hasta que la tristemente recordada inundación de más de un 60% de la península de Florida hace cinco años llevó a Estados Unidos, Francia, China, Japón y Brasil a liderar el movimiento de la necesidad de un gobierno mundial.

Los últimos meses de discusión pública han sido especialmente amargos en el país. Han existido duras recriminaciones de lado y lado. Los defensores más exaltados ante la idea de ceder soberanía acusan a sus detractores de colaborar en el exterminio de la raza humana (no es poca cosa) y estos a su vez amenazan a quienes voten a favor de que serán acusados de traición a la patria. No es fácil visualizar cómo se van a cicatrizar esas heridas una vez resuelta la votación. En ese sentido, la visita que realizó esta semana el ex Presidente Miguel Pérez-Bachelet a La Moneda para apoyar a la Presidenta González-Piñera es un buen símbolo de que este es un tema transversal, y donde debe encontrarse un justo equilibrio entre defender los intereses de Chile como nación y hacerse cargo de los problemas gravísimos que estamos enfrentando a nivel mundial. Al igual que hace 40 años, los ojos de todos los chilenos están puestos en Caburgua. Esta vez, eso sí, se juega algo mayor.