• 22 agosto, 2008

Se realizó en Aparecida, Brasil, entre el 13 y el 31 de mayo, la V Conferencia General del Episcopado de América latina y el Caribe, bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”. De este encuentro surgió un documento extraordinariamente rico en contenido teológico y pastoral que se constituye en el hilo conductor de la misión evangelizadora de la Iglesia para los próximos años.
Los pastores reconocen en la empresa un motivo para alabar a Dios, en cuanto instancia a la que convergen talentos, estudio y la decisión de tantos hombres y mujeres que se atreven a emprender.

 

Se realizó en Aparecida, Brasil, entre el 13 y el 31 de mayo, la V Conferencia General del Episcopado de América latina y el Caribe, bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”. De este encuentro surgió un documento extraordinariamente rico en contenido teológico y pastoral que se constituye en el hilo conductor de la misión evangelizadora de la Iglesia para los próximos años. Por Fernando Chomali.

El encuentro, en que se abordaron los más diversos temas que interesan a nuestro continente y al Caribe, contó con la presencia del Papa Benedicto XVI y concluyó en la elaboración de un documento que todo católico y hombre de buena voluntad deben leer. Los empresarios no estuvieron ausentes de la reflexión de los obispos, y tanto su tarea como sus desafíos quedaron estampados en estas páginas que tienen un marcado acento profético. Los obispos reconocen en la empresa un motivo para alabar a Dios, en cuanto instancia a la que convergen talentos, estudio y la decisión de tantos hombres y mujeres que se atreven a emprender. Reconocen su valor como promotora de iniciativas que se constituyen en fuentes de trabajo para tantas personas. Reconocen, además, que con sus productos elevan la condición de las personas y, por lo tanto, contribuyen en gran medida al bienestar de la sociedad. Dejan claramente establecido que la actividad empresarial es buena y necesaria, pero que debe tener siempre presente que su fin último es el bien común y que no puede llevarse a cabo al margen del respeto que merecen la dignidad de los trabajadores y el cuidado del medio ambiente. Una actividad empresarial que sólo busca el lucro y atenta contra los derechos de los trabajadores y de la justicia es una perversión de su verdad y de su sentido.

Los pastores se dirigen a todos los empresarios grandes, medianos y pequeños del sector productivo y de gestión pública y privada, y les encomiendan tareas de la más alta importancia, pensando en el bien de nuestra América latina y del Caribe. En primer lugar, los alientan a que creen riqueza y se esfuercen en generar empleos dignos. Son conscientes quienes han elaborado este documento de que con mejores y más empleos, así como con la creación de riqueza, se facilita la democracia y se promueven una sociedad más justa y pacífica y una ciudadanía  con mayor bienestar. El documento, reconociendo el valor de la empresa en el desarrollo del continente, centra su atención tanto en la persona de los trabajadores como de sus familias, las quehan de ser la gran riqueza de la empresa. Ello lleva, como corolario, a que el capital ha de destinarse a crear fuentes de trabajo. A la luz de la clara impronta cristiana del documento, en el que los bienes y talentos se comprenden en la perspectiva del servicio, anima a los propios empresarios a tener estilos de vida austeros. Otro aspecto interesante es la invitación a estrechar fuertes lazos de colaboración y apoyo mutuo entre los empresarios y los gobiernos, en virtud de que lo que los debe animar es la consecución del bien común, así como una siempre amplia disposición a colaborar en las obras de solidaridad y misericordia.

Por otra parte, conscientes los obispos de la urgencia de mejorar las condiciones de vida de las personas sumidas en la pobreza y del papel relevante de los empresarios, no pueden dejar de hacer ver que hay otra pobreza, tal vez la mayor, que es no reconocer la presencia de Dios y de su amor en la vida del hombre.

Lo dicen a la luz de las tristes experiencias de aquellos pueblos que han querido fundar una sociedad al margen de Dios y han terminado por caminos equivocados y en fracasos que han dañado a muchas personas y generaciones. Creo que meditar estas palabras de los obispos puede ayudar signifi cativamente a desterrar las desconfi anzas que muchos empresarios tienen en relación a la enseñanza de la Iglesia en estas materias, y a unirse para promover lo que todos queremos: una sociedad mejor, más digna del hombre y de su Creador, Dios.