Revisar las listas de libros más vendidos en Estados Unidos y Europa es descubrir que los primeros lugares son ocupados por sagas de aventuras, destinadas idealmente a lectores adolescentes pero que leen sobre todo los adultos. Lo mismo ocurre en Chile. ¿Estamos ante un fenómeno cultural?

  • 24 mayo, 2012

Revisar las listas de libros más vendidos en Estados Unidos y Europa es descubrir que los primeros lugares son ocupados por sagas de aventuras, destinadas idealmente a lectores adolescentes pero que leen sobre todo los adultos. Lo mismo ocurre en Chile. ¿Estamos ante un fenómeno cultural? por francisco ortega; ilustración, ignacio schiefelbein

La aclaración la hace Antonio Iturbe, director de la revista española Qué Leer, uno de los mejores medios de difusión de literatura popular en nuestro idioma: “el fenómeno actual de los best sellers infantiles-juveniles, los también llamados trade de aventuras, tiene más que ver con la industria del entertainment que con la cultura y las letras”. Y aunque el juicio puede parecer apresurado, o arrebatado si se prefiere, hay harto de verdad bajo sus palabras.

Amparados por éxitos cinematográficos y televisivos, sagas fantásticas y recocidos de tradicionales cuentos de hadas están agarrando las preferencias de los lectores alrededor del planeta. Y al subrayar lectores no nos referimos a su público ideal: niños y jóvenes, sino a mayores; hombres y mujeres que ya pasan de los treinta y que han encontrado en la nueva fantasía –y sus derivados– una manera de escape, casi un manual de autoayuda con hechizos, capas y espadas.

“Se trata de libros interesantes que, por el afán clasificador de las editoriales, han sido encasillados antes de encontrarse con su público. No hay que olvidar que libros como Las aventuras de Gulliver o Robinson Crusoe fueron libros para adultos en su época. Por lo mismo, no es una moda. Es sólo el ajuste entre una oferta y su demanda”, sostiene Esteban Cabezas, escritor y periodista chileno, autor de Las aventuras de Julito Cabello.

Similar es la opinión de Jorge Baradit, quien incursionó en el género con Kalfukura, su hasta ahora única novela infantil-juvenil: “la fabulación estimula la imaginación, concepto muy valorado en cualquier industria que busque innovación. Imaginar otro mundo es la puerta para llegar a crearlo. En estos tiempos todo estimula a mantener la creatividad, desprejuicio, imaginación y flexibilidad de la mente infantil durante nuestro paso a la adultez”.

Mayo 2012: estamos anclados en un mundo donde la industria del entretenimiento más poderosa es la de los videojuegos. Su grueso de público está sobre los 30 y los juegos más populares están relacionados con ciencia ficción. Desde ese parámetro no tiene nada de raro esta arremetida del género fantástico y menos el hecho, comprobable en cifras, de que los grandes están comprando y leyendo libros de chicos.  El “érase una vez” es un derecho humano.

¿Lectores o fans?
En verdad no hay nada nuevo en este retorno a la fantasía. Desde mediados de los sesenta y tras el éxito mundial de Tolkien y su Señor de los anillos, esta especie narrativa  ha gozado de buena salud. La diferencia es que en los últimos seis meses se ha instalado como un parámetro de la industria literaria y hoy cada filial transnacional anda tras su propio Juego de tronos, como hace años lo hicieron con los clones de Dan Brown y Stephenie Meyer.

Replicar no es tan fácil, sobre todo cuando el público ha quedado encantado con el fenómeno original. Un lector de Neil Gaiman quiere la próxima obra de Neil Gaiman, no un Neil Gaiman chileno. Éste, por muy bien que escriba, siempre va a ser visto como  una copia y no tendrá el respaldo de esa legión de fans que la maquinaria editorial tanto aprecia.

Y he aquí un concepto clave en este movimiento: el lector ha pasado a ser un fanático, construyendo alrededor de los libros una serie de eventos que van desde camisetas y afiches hasta sitios web con fanfiction. En estos últimos, cualquier adicto a los relatos de Harry Potter puede contar sus propias aventuras dentro del universo de su ídolo. Tengo el libro, quiero mi juguete. A propósito, ¿sabe cuál es la edad promedio de quienes compran y coleccionan figuras de acción? 34 años. La película Virgen a los cuarenta, desde la comedia, no andaba tan perdida.

¿En verdad estamos leyendo cuentos de hadas? Las cifras así lo indican. La semana pasada, en el último top 10 de la Revista de Libros del New York Times, la lista era encabezada por la trilogía de Los juegos del hambre, de Susanne Collins, apareciendo más abajo los volúmenes de la saga Juego de tronos, Canción de fuego y Hielo, de George RR Martin, la nueva celebridad del género, tal vez el único de sus colegas que apuesta sin tapujos a un público adulto.

Al contrario que otras epopeyas, Tronos (adaptada por HBO a la pantalla chica), usa la estructura de un relato de espadas para contar una gran novela histórica, donde la intriga y el sexo son claves. Se trata, evidentemente, de un mundo que no es el nuestro, y que al mismo tiempo poco tiene que ver con esas tierras mágicas tipo neverland de la literatura fantástica. Salvo que hay dragones.
 
En España, junto con los imbatibles Juegos de tronos, aparece El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss, y Donde los árboles cantan de Laura Gallego, nombres que (salvo Gallego) se repiten en Inglaterra e incluso en Chile, donde por primera vez en años sagas fantásticas aparecen agarradas con cadenas a los ránking de más vendidos publicados cada fin de semana por La Tercera y El Mercurio. A los recién nombrados Rothfuss y Martin se suman por estas tierras los dos primeros volúmenes de la saga de Los juegos del hambre, de Susanne Collins, alimentados por el éxito local y global de la adaptación al cine del primer libro de la serie.

Made in Chile
¿Qué ocurre con la industria editorial local? Sebastián Garrido, editor de Ediciones SM, casa especializada en literatura infantil y juvenil, sostiene que Chile «está tendiendo a la literatura del tipo young adult reader; es decir, obras que van dirigidas al público infantojuvenil, pero que pueden ser disfrutadas por adultos.  Esta narrativa suele asociarse a un autor que, mediante una saga o grupo de obras, es capaz de crear un universo coherente en el que transcurren las historias de múltiples personajes. Son novelas que reciben diversas influencias, desde la mitología universal, los relatos de capa y espada, las crónicas de descubrimiento y conquista hasta la historieta, el cine, los videojuegos y la estética steampunk (inspirada en tecnologías antiguas, como el vapor)”.  

Así es lo que ha estado desarrollando José Luis Flores, autor que el año pasado publicó El mago del desierto, primer volumen de una saga titulada Bajo raíz. “El fenómeno es el mismo en todas partes: la fantasía habla directamente a tu propio sentido épico e histórico.  No es que empecemos a creer en dragones y sirenas, sino que aprendemos a identificar los que tenemos al frente. Al menos en la fantasía que me gusta, el hacerse cargo de esa connotación es fundamental”, explica el escritor.

Susan Henseleit Paris, editora de Alfaguara Infantil Juvenil, es menos optimista frente a la aparición de un superventas nacional. Argumenta que no es cosa de llegar y buscar la versión local de un autor de moda: “debido a nuestra idiosincrasia, a la dificultad de ser críticos con lo angloparlante y a la negación de la calidad del producto nacional cuando lo hay, el surgimiento de un fenómeno local con  las características de un Juego de tronos es muy difícil. Podríamos editar una obra maestra del género y los posibles lectores seguirían viéndolo como una copia, un oportunismo editorial, lo que también ocurriría con la crítica y los seguidores del género”.

Subiéndose a la ola
¿Moda pasajera o algo más? Difícil responderlo, pero no es menor que algunos autores tradicionalmente ajenos al género se estén subiendo al carro de la victoria. Algunos por honesto desafío literario; otros, porque los royalties son más altos y las posibilidades de vivir bastante bien escribiendo, parecen harto más seguras que cultivando otros tipos de narrativas. Así lo cree Iturbe, de Qué Leer, al analizar el caso de Ray Loriga, conocido escritor de temas urbanos, parte de la generación X española y que este año acaba de dar un giro completo a su carrera con El bebedor de lágrimas, una historia de amor con fantasmas y otras criaturas nocturnas, muy en la línea de lo que hace Neil Gaiman en el mundo anglosajón.  El bebedor… no solo ha acarreado buenas críticas y una legión de lectores, sino también las mejores ventas –que no son pocas– en la carrera del autor de Héroes.

En Latinoamérica está el caso del chileno Jose Ignacio Valenzuela, autor de teleseries como La familia del lado y Amor a domicilio, quien acaba de publicar los dos primeros tomos de La trilogía del malamor, saga fantástica destinado a lectores jóvenes que le ha valido convertirse en el autor de ficción más vendido en México durante 2011, rivalizando a la par con “colegas” superventas del moderno cuento de hadas, como Susanne Collins o George RR Martin.

“¿Es un fenómeno del momento?”, se pregunta José Luis Flores, creador de Bajo raíz: “al menos para mí ha sido un momento muy largo, con muchos matices y cambios. Esto va de literatura, no de tendencias: algunos libros van a trascender su momento, otros no”. Y aunque hay mucha verdad en las palabras del autor de El mago del desierto y Alicia, la niña vampiro no debemos olvidar que, en el mundo actual, donde el marketing y las tendencias están a la orden del día, no hay que desestimar que el género sea reemplazado el próximo año por otra moda (¿quizá la “nueva novela romántica”?), como antes ocurrió con las conspiraciones religiosas, los vampiros y los zombies. Cuando la marea se calme, solo sobrevivirán las buenas obras.