El Hotel San Martín, en Viña del Mar, acaba de cumplir 50 años de vida. Y lo hace en gran forma, con un estilo definido y con una óptima calidad de servicio.

  • 10 julio, 2008

 

El Hotel San Martín, en Viña del Mar, acaba de cumplir 50 años de vida. Y lo hace en gran forma, con un estilo definido y con una óptima calidad de servicio. Por Mauricio Contreras.

El turismo, una de las actividades de mayor crecimiento en Chile, está entregando buenas noticias de manera constante. Ya sea por su número de visitantes, sus ingresos en dólares, su empleabilidad o sus reconocimientos internacionales en rankings y prensa, hace rato que se constituyó como una de las fuentes de mayor productividad para nuestro país. Y ese trabajo de largo alcance fomenta niveles de competitividad que se ven reflejados en algunos sectores: los hoteles, por ejemplo.

Un caso es el Hotel San Martín, quizás el más legendario y clásico en Viña. Durante décadas fue el punto de encuentro de la historia de las últimas décadas en la Quinta Región. Sus salones eran el espacio físico para debatir los temas del país, las reuniones sociales se hacían ahí y su tradición lo elevó al nivel del reloj de flores de la ciudad o al de la misma Quinta Vergara.

Pero los tiempos fueron cambiando y, con las exigencias de servicios que espera hoy el cliente, decidió darse su propio upgrade hace tres años. Consciente de que la consigna es renovarse o morir, la administración liderada por Marta Escudero (hija del dueño, Joaquín Escudero) generó un estilo de hotel de cuatro estrellas que brinda un buen servicio, elegancia sin sofisticación y tranquilidad; quizás el ítem más valorado por sus pasajeros. Es uno de los pocos hoteles de Viña del Mar que ha dicho no a los programas festivaleros de televisión, y para eso hay que tener convencimiento y no transar el buen momento de los clientes por focos y presencia en pantalla.

Para ello ha estructurado un equipo de trabajo que conoce el perfil del cliente (de fin de semana, hombres de negocios, turistas extranjeros) y en este caso se cumple a cabalidad: más del 30 por ciento de su personal lleva 20 años en promedio trabajando. Su gente conoce el negocio, maneja y domina el concepto de hospitalidad y lo ejecuta con sobriedad en los 7 pisos y en sus 150 habitaciones.

Hay que decir que las cuatro estrellas del San Martín se justifican plenamente. Su gastronomía fue una grata sorpresa y una perfecta alternativa culinaria para la zona. Su constante flujo de gente entre seminarios, turistas y el bar (ver nota aparte) demuestra que no es necesario tener piscina o algún otro servicio que sólo encandile y no se aproveche. La gracia del San Martín es que juega a lo que quiere ser sin aparentar nada.

Y la guinda del postre: ya lo dijo el legendario Conrad Hilton, creador de la famosa cadena hotelera. Consultado por el éxito de su marca, sólo sonrió: “los tres aspectos más importantes de un hotel son la ubicación, la ubicación y la ubicación”. La codiciada esquina de San Martín con 8 Norte le regala a Viña un hotel de excelente factura y que motiva a cruzar sus puertas. Noticias como la vigencia del San Martín y su buen futuro nos llevan a comprender que los hoteles tienen más vida de la uno que piensa.