La alemana K+S compro hace tres años la productora de sal SPL. La firma ha logrado en este tiempo mantener sus buenos resultados y desarrollar un activo plan de inversiones

 

  • 12 mayo, 2009


La alemana K+S compro hace tres años la productora de sal SPL. La firma ha logrado en este tiempo mantener sus buenos resultados y desarrollar un activo plan de inversiones

 

 

La alemana K+S compro hace tres años la productora de sal SPL. La firma ha logrado en este tiempo mantener sus buenos resultados y desarrollar un activo plan de inversiones que busca adelantarse al crecimiento en ventas que espera en el mediano plazo. Lo mejor de todo es que hace unas semanas la matriz anuncio la compra de otra productora de sal en Estados Unidos, por lo que ahora forman parte del holding que esta a la cabeza del mapa mundial de este producto.

 

 

Pocos minutos antes de aterrizar en el aeropuerto Diego Aracena de Iquique, se pueden observar fácilmente las instalaciones portuarias de Sociedad Punta de Lobos (SPL) en la bahía del mismo nombre. Es fácil reconocer el lugar, porque en el paisaje tosco del desierto sobresale de manera imponente el blanco de las pilas de sal amontonadas en el muelle, listas para ser embarcadas a algún destino lejano.

Para ser exactos, los embarques superan los cinco millones de toneladas al año. Hasta hace poco salían sólo por el puerto de Patillo, pero desde el año pasado también se despachan a través de una segunda unidad bautizada como Patillo II, una de las principales inversiones que ha realizado la alemana K+S desde que adquirió la compañía a José Yuraszeck y sus socios de Prospecta en cerca de 500 millones de dólares, hace justo tres años.

Karl Mielke (47) fue el primer alemán que envió la compañía a hacerse cargo de las operaciones en Chile. Tras permanecer como presidente en K+S Chile Investments –el vehículo de inversión con el que se materializó la compra de SPL–, desde diciembre pasado también es gerente general de la firma chilena, donde reemplazó al renunciado Alejandro Danús, que había permanecido en el cargo desde la era Yuraszeck.

Con un español muy bien pronunciado, sentado en su oficina de calle Tajamar, en el barrio El Golf de Santiago, describe pausada y meditadamente lo que han sido estos tres años de trabajo en la filial chilena. Con ventas y utilidades que han permanecido estables en suelo local, lo más importante que ha ocurrido por estos días es que su matriz acaba de anunciar la compra de la estadounidense Morton Salt, lo que le da todavía más continuidad al negocio en Chile y pone a SPL en el mapa mundial, porque figura dentro del holding que pasó a ser el principal proveedor de este producto en el orbe.

K+S es hoy el dueño de la sal del planeta, porque en conjunto las tres empresas que controla –Morton Salt, la alemana Esco y SPL– producen 29,8 millones de toneladas al año. Muy por encima de los 18,7 millones de toneladas que fabrica la estatal China National Salt Int, o los 14 millones de toneladas de las estadounidenses Compass Minerals y Cargill, que siguen en la lista.

Por eso, lo que viene ahora es puro crecimiento. K+S está empeñada en mantener e incrementar su nivel de producción –es dueña de la mayor cantidad de reservas y concesiones en el Salar Grande de Tarapacá, donde no hay otra empresa de su tamaño y envergadura–, por lo que es previsible que en el corto plazo la compañía siga realizando inversiones en Chile a través de SPL, o incluso en otras áreas, donde desarrollar yacimientos de potasio está entre sus prioridades a nivel mundial, ante la buena demanda que están teniendo los fertilizantes.


Los pasos en Chile

Aterrizando al negocio de la sal en Chile, Mielke cuenta que las cosas en SPL no se dieron tal como se esperaban cuando se materializó la compra a Prospecta. Lo que pasó es que el mundo entero cambió, con un costo de transporte mucho más caro y dificultades para enganchar a nuevos clientes con la crisis económica, por lo que tuvieron que cambiar los ejes estratégicos para defenderse y salir airosos del momento.

Algo de eso se refleja en los resultados de la compañía en el último tiempo. La firma registró ventas que ascendieron a 325 millones de dólares el año pasado, con una utilidad final de 40 millones de dólares, que es calificada como histórica por el ejecutivo, pero que en la práctica no marca una diferencia muy notoria con lo que había logrado conseguir Yuraszeck en sólo cinco años, cuando la firma se quintuplicó alcanzando ventas y utilidades en montos muy parecidos a los de hoy.

“No pudimos con esa velocidad de crecimiento por varias razones. Ellos compraron la empresa en otra época y con otras condiciones, era una especie de gigante dormido y lograron mejorar mucho su gestión y el negocio en sí… Después de nuestra adquisición el mundo económico cambió, subieron los fletes y vino la crisis, y en definitiva no pudimos crecer con la misma velocidad. Pero ciertamente seguimos creciendo en un mercado muy difícil”, sostiene Mielke.

El panorama del que habla se comenzó a evidenciar desde el mismo año 2006, cuando el costo de los fletes casi se triplicó, producto del mayor precio del petróleo y del costo del arriendo de los buques, los que comenzaron a escasear ante la mayor demanda mundial. “Por eso, tuvimos que cambiar nuestra estrategia de crecimiento fuerte por algo más parecido a una defensa de nuestro mercado, porque nuestros principales competidores en Brasil y Estados Unidos estaban mucho más cerca de los clientes”, explica.

Así las cosas, tuvieron que echar mano a la reducción de costos por donde hubiera posibilidades. Después de todo, de una tonelada de producción, más del 50% del valor final es puro costo por flete. Así, una de las decisiones que más les hizo sentido fue el blindaje de una de sus filiales, Empremar, dueña de varios barcos para transporte.

Lo que hicieron fue invertir en la compra de buques propios para mantener fijos los costos de transporte o, al menos, quitar el ingrediente de especulación que estaba inflando sustantivamente el precio del transporte marítimo. Originalmente tenían cinco barcos con capacidad para transportar 40 mil toneladas, y decidieron dar de baja uno y comprar otro, con una inversión aproximada de 50 millones de dólares. Esas naves fueron destinadas exclusivamente para transportar sal en el Cono Sur y además arrendarlas en su viaje de vuelta para el transporte de fierro, granos y carbón.

En paralelo, comenzó un arduo trabajo para mejorar las capacidades físicas de la compañía, y para eso fue vital la construcción de un nuevo puerto en Patillo. Allí invirtieron otros 20 millones de dólares y lo pusieron en marcha el año pasado.

Enfrentando la crisis…

Sin duda, el trabajo desplegado por la alemana hasta ahora habla por sí solo. Tiene mucho de consolidación, pero también de señales que dibujan a una empresa que llegó para quedarse y que está dispuesta a enfrentar los nubarrones con una expectativa de crecimiento más orientada al largo plazo.

Prueba de ello es su plan de inversiones, que se mantiene vigente pese al actual escenario económico mundial. Para este año están echando a andar varios cambios, que incluyen el traslado de una planta productora y el recambio del puerto antiguo (Patillo I), los que implicarán desembolsos de hasta 30 millones de dólares en el período.

Lo que harán con el puerto es cambiarlo en su totalidad… pero por etapas, para no afectar los envíos. Así, la decisión es irlo mejorando planificadamente, proceso que partirá en junio o julio, y que significará que una vez que esté listo en su totalidad –presumiblemente, el próximo año– ambos puertos tengan una capacidad total de 12 millones de toneladas, suficiente para enfrentar el crecimiento que aspiran a conseguir en los próximos años.

La meta principal de la firma es llegar al mercado asiático, por lo que ya iniciaron en enero de este año conversaciones con intermediarios de Japón y Taiwán, y esperan hacer lo propio con empresas chinas. La idea incluso es preparar desde ya embarques de prueba para enviar a sus potenciales clientes, confiando en que se decidan a comprar una vez que aprecien la calidad del producto y sus potenciales usos en las industrias química, farmacéutica o industrial. Hasta ahora sólo exportan a Estados Unidos, Brasil y otros países de la región.

Por el lado productivo, como prevén que la demanda por sal tenderá a incrementarse en los próximos años, la firma decidió reemplazar la planta que tiene instalada en el área portuaria por otra en el Gran Salar de Tarapacá –donde opera sus dos yacimientos a rajo abierto y otras dos plantas procesadoras de mineral–, con la idea de mejorar las eficiencias y el proceso mismo de elaboración. Hasta ahora, lo que hacían era trasladar la sustancia desde las minas hasta la planta en el puerto, pero eso implicaba un costo mayor de transporte, ya que la carga incluía mucho material excedente, que no se utiliza en los productos finales que se exportan.

“Con un buen año 2009 estamos muy cerca de producir seis millones de toneladas, que es nuestra capacidad hoy. Por eso estamos avanzando en estos proyectos, para evitar que haya puntos que limiten nuestro crecimiento. Con el cambio de esta planta estamos pensando en un aumento de 500 mil toneladas en una primera etapa y vamos a seguir invirtiendo de nuevo en los años 2010 y 2011 para aumentar la capacidad de las minas”, anticipa el ejecutivo.

Para lo que viene puntualmente este año, en SPL están previendo una mejoría en los embarques de sal destinada al deshielo a Estados Unidos –principal mercado de exportación, con más del 60% del total–, ante la crudeza del invierno pasado, que disminuyó considerablemente el stock de reservas de sal en ese país. Los procesos de licitación desarrollados por municipios y gobernaciones están precisamente partiendo estas semanas y la mayor parte de ellos se despejará entre junio y julio. Por eso están concentrados en participar activamente, ofreciendo precios muy competitivos.

Después de todo, producir sal en Chile es más barato que hacerlo en cualquier otra parte del planeta, según nos afirma. Aunque como deja un margen muy menor, la idea es vender la mayor cantidad de volumen posible. Al menos por el lado del deshielo.

En cuanto a usos industriales, la apuesta viene por el lado de seguir desarrollando productos con valor agregado, que les permitan ocupar terreno en áreas como la industria química, textil y farmacéutica, mientras que en consumo humano –con la marca Sal Lobos– no es mucho lo que pueden hacer, porque representa un porcentaje muy pequeño de los ingresos totales y su uso es muy constante en el tiempo.

 

El camino en K+S
A nivel mundial, el mercado de la sal crece a tasas de entre 2% y 3% anual. Por ello, la principal opción de las compañías que participan en el segmento es mantener bastante acotados sus costos para alcanzar niveles de ganancia adecuados. La idea de las empresas, en particular de K+S, es ir captando todos los crecimientos que vaya teniendo el consumo en el mundo. En ese sentido, uno de los que se prevé puede ser atractivo es en China, donde hasta ahora no es común que se use la sal para el deshielo, lo que podría ocurrir en el mediano plazo, dado el mejoramiento en el estilo de vida de la población.

El gerente general de SPL, Karl Mielke, advierte que en su matriz K+S también está la opción de crecer vía adquisiciones, pero tras la compra de la estadounidense Morton Salt en más de 1.600 millones de dólares no quedó mucha caja para adquisiciones relevantes. Sí podrían observar operaciones más pequeñas en el plano regional, que pudieran indexar a SPL que, dicho sea de paso, ya tiene algo de expertise en eso, a través de una planta pequeña que opera en Brasil.

En lo que sí están muy interesados los alemanes es en hacerse de activos en el área de los fertilizantes y, particularmente, en los relacionados con el mundo del potasio, que en Chile explota exitosamente SQM. Ahí las opciones son múltiples, ya que la firma está mirando tanto eventuales compras –aunque por precio no conviene en la actualidad– como el inicio de proyectos desde cero. Eso incluso lo están analizando en Chile, cuenta el ejecutivo.