Juan Diego Flórez es una superestrella imbatible, pero detrás de él hay otras promesas latinas que están brillando a nivel internacional. Acá hablamos con el mexicano Javier Camarena y con el argentino Juan Francisco Gatell. Por Joel Poblete

  • 7 octubre, 2011

Juan Diego Flórez es una superestrella imbatible, pero detrás de él hay otras promesas latinas que están brillando a nivel internacional. Acá hablamos con el mexicano Javier Camarena y con el argentino Juan Francisco Gatell. Por Joel Poblete

Puede ser una simple coincidencia, pero en el mundo de la ópera, así como en otras manifestaciones artísticas, ocurre cada cierto tiempo que las firmas de ciertos orígenes parecen “ponerse de moda”. En las últimas dos décadas ha pasado con las voces eslavas y ahora son los latinoamericanos quienes arrasan a nivel internacional. Y aunque hay representantes de otras cuerdas, son los tenores quienes llevan la delantera.

Claro que no son los primeros latinos en abrirse camino en las grandes ligas: basta recordar al peruano Luis Alva, al chileno Ramón Vinay, al argentino Luis Lima y al mexicano Francisco Araiza. En los 90 surgieron nombres como los argentinos Marcelo Álvarez y José Cura, el chileno Tito Beltrán o el venezolano Aquiles Machado. Y la última década vio nacer dos fenómenos de nivel mundial: el mexicano Rolando Villazón y el peruano Juan Diego Flórez.

Tras parecer imparable en su ascenso a la leyenda, la carrera del primero ha pasado por distintos altibajos en los últimos años, tanto por problemas de salud como por cuestionadas decisiones artísticas. En cuanto al segundo, lo tuvimos el año pasado cantando en Chile, donde puso a la crítica y al público a sus pies. Lo que llama la atención es cómo el repertorio que aborda este artista se está convirtiendo en el estandarte de otros tenores latinoamericanos que están dando que hablar en los principales escenarios del mundo.

Flórez ha triunfado en el muy exigente repertorio belcantista, especializándose en Rossini. Aunque hay cantantes de otros continentes que son muy cotizados en las obras del compositor, los latinos no se han quedado atrás, y se las han arreglado para cantar sus partituras en los teatros más prestigiosos. Acá hablamos con dos de los más reconocidos, el mexicano Javier Camarena y el argentino Juan Francisco Gatell.

De Xalapa al MET de Nueva York

Javier Camarena

Dueño de una hermosa voz y de un canto apasionado y generoso en agudos y agilidades, a sus 35 años el mexicano Javier Camarena ya no es una promesa, sino una realidad. Nacido en Xalapa, en el estado de Veracruz, destaca en el belcanto y en Mozart, pero también en títulos como Los pescadores de perlas. En sólo seis años, tras radicarse en Suiza y convertirse en artista estable de la Ópera de Zurich, ha cantado en escenarios como la Ópera de Viena y la Bastilla, en París. Claudio Abbado lo fichó recientemente para cantar misas de Schubert y Mozart el próximo año, en Bologna y en el Festival de Salzburgo.

Al momento de cerrar esta edición, el tenor estaba a escasas horas de cumplir con uno de los grandes sueños de todo cantante lírico: debutar en el MET de Nueva York, cantando en El barbero de Sevilla, dirigido por nuestro conocido Maurizio Benini. Alegre y sencillo, se dio el tiempo para respondernos unas preguntas en medio de los días de ensayo.

-A menudo se critica en los cantantes de las nuevas generaciones que acepten un rol tras otro sin analizar si de verdad están preparados.

-Hay que ser lo suficientemente humilde para tener los pies en la tierra y estar plenamente consciente de lo que se puede o no hacer con tu voz. Es difícil decir “no”, sobre todo cuando se empieza, pues uno no desea dejar pasar oportunidades. Pero creo que vale más el cuidado del propio instrumento que estropearlo por no dejar pasar algo.

-¿Qué te parece el auge de los tenores latinoamericanos?
-Yo creo que es nuestra sangre latina… nuestra forma de amar, de sentir… ¡de vivir! Es la pasión que siempre se mueve dentro de nosotros la que se proyecta cuando estamos sobre el escenario y que siempre nos está exigiendo dar todo y hacerlo siempre lo mejor posible. ¿Quién puede resistirse a eso?

-Ya has estado en algunos de los teatros más importantes del mundo, pero igual debe ser una gran emoción cantar en el MET.
-¿Qué te puedo decir? El MET siempre fue mi Everest y hoy, gracias a Dios, me encuentro ya al pie de la montaña. Es emocionante, desde luego, pero ahora hay que conquistarla y llegar a la cima. Espero con todo mi corazón que todo salga bien.

Una década, muchos logros

Han pasado 10 años desde que el argentino Juan Francisco Gatell dejara su natal La Plata para radicarse en España junto a su esposa. Y aunque siendo niño ingresó al conservatorio, en ese entonces ser tenor no era una prioridad: estudiaba Ingeniería y pensaba cambiarse a Arquitectura estando en Madrid, pero una audición para cantar en el coro del Teatro Liceu de Barcelona terminó decidiendo su futuro: lo llamaron para reforzar el coro en Aída. Como invitado estaba el director del coro del prestigioso Maggio Musicale Fiorentino, José Luis Basso, quien también es de La Plata. Basso se lo llevó a Florencia, y ahí pasó a hacer roles secundarios, luego más protagónicos. En poco tiempo estaba debutando en los mejores teatros, como la Scala de Milán, el Real de Madrid y la Fenice de Venecia, y en festivales como Salzburgo y Pesaro.

Juan Francisco Gatell

A los 32 años y radicado en Italia, acaba de debutar en el Teatro Municipal de Santiago cantando muy bien uno de los roles más bellos y exigentes: Ernesto en Don Pasquale.

-En pocos años has logrado desarrollar una carrera que quizás habría sido imposible llevar adelante quedándote en Latinoamérica.
-Bueno, es un tema de mercado, allá hay más posibilidades. Si me hubiera quedado en Argentina, quizás habría cantado en el coro del teatro de La Plata. Es difícil hacer una carrera habiendo sólo dos teatros importantes, y creo que en el resto de Latinoa-mérica es igual. Cuando yo estudiaba, las mejores voces estaban en los coros; y después, cuando llegué a Europa, vi que los más talentosos no cantaban en los coros. Los que acá tenían nivel alto como para cantar en el coro en La Plata, allá estaban haciendo carrera solista, porque hay más mercados, más teatros. Aquí mismo, en el Municipal de Santiago, en el coro hay muy buenas voces, y si hubiera más actividad lírica probablemente sería más fácil que pudieran tener una carrera.

Riccardo Muti ha sido clave en su trayectoria. A pesar de la fama excesivamente autoritaria que durante años le han colgado al legendario director italiano, Gatell sólo tiene elogios: “es muy simpático. A él mismo le gusta contar anécdotas sobre lo estricto que ha sido en el pasado… no sé si habrá cambiado con el tiempo, pero conmigo y con otros cantantes a los que nos ha criado un poco, artísticamente, probablemente es algo más condescendiente”.

-Al igual que otros tenores latinoamericanos, te has ido especializando en Rossini.
-No soy un gran amante del romanticismo, me gustan más las obras del siglo XVIII y principios del XIX que lo que vino después. Me quedaría haciendo Mozart, Pergolesi, Rossini y Donizetti toda la vida. Además tengo claro que siempre voy a hacer lo que mi voz diga que tengo que hacer, según se desarrolle, porque las voces cambian. Hasta que mi voz no me pida salirme del repertorio, no lo haré.

Dice que le gustaría cantar más en nuestra región, partiendo por Argentina. “Estaría bárbaro que los teatros latinoamericanos realmente se unieran, ¡sería genial y más fácil para los cantantes que están fuera hacer una ópera y girarla por toda la región!” A la hora de evaluar cómo se va desarrollando su carrera, el tenor prefiere tomárselo con humildad: “no tengo pretensiones. Lo que venga, bienvenido sea. Si me quedo con los roles que tengo y los canto por siempre, sería feliz”. ¿Algún modelo a seguir o referente? “Tomo como referencia al español Alfredo Kraus, en el modo de llevar adelante el repertorio, mantenerlo y ser coherente con él y con lo que uno hace. No es casualidad que cantara hasta los 70 años. No me gustaría ser una maquinita de cantar, quiero que cada cosa que haga sea hecha realmente con sinceridad”.