El martes 6 de agosto, y a un mes de la crisis del agua potable en Osorno, el presidente de Aguas Andinas, Guillermo Pickering, renunció a su cargo en la compañía de capitales españoles. El mismo día, al abogado y militante DC aprovechó de ir al doctor a revisar un esguince que tenía en su […]

  • 19 agosto, 2019

El martes 6 de agosto, y a un mes de la crisis del agua potable en Osorno, el presidente de Aguas Andinas, Guillermo Pickering, renunció a su cargo en la compañía de capitales españoles. El mismo día, al abogado y militante DC aprovechó de ir al doctor a revisar un esguince que tenía en su pie. Quienes lo conocen cuentan que el jurista decidió salir de la firma porque las disculpas que intentó dar en un diario al inicio de la emergencia, “no sirvieron para calmar los ánimos. No fue suficiente para facilitar una solución al problema”. Por lo mismo, asegura alguien de su entorno, “concluyó que era necesario dar un paso al costado. Era bueno para la empresa”.

Aunque algunos digan lo contrario, sus cercanos insisten en que su salida fue voluntaria y no tuvo conflicto con el directorio de la firma. “El tema se escapó comunicacionalmente hasta el infinito. Seguía y seguía. Y con su salida pretendió ponerle freno a esa situación”, señalan.

A la mañana del día siguiente de su renuncia, Pickering fue a dejar a su hijo al colegio y se instaló en su oficina en Las Condes, donde retomó asesorías y asuntos que había dejado pendientes por la crisis de Essal. “Quiere ir abriendo espacios nuevos para seguir ejerciendo. No pretende tomarse vacaciones ni desconectarse”, indica alguien que ha estado con él estos días. Otro agrega: “Guillermo dejó la presidencia de Aguas Andinas y ahora quiere estar en paz”.