Francisco I, elegido ayer Vicario de Cristo en la Tierra, deberá hacer frente a importantes desafíos. Su aparición en el balcón de la plaza de San Pedro dejó detalles como la elección de la vestimenta más sencilla, un gesto que no pasó desapercibido teniendo en cuenta la labor que le espera, informa Diario Financiero. La […]

  • 14 marzo, 2013
Francisco I. Foto EFE

Francisco I. Foto EFE

Francisco I, elegido ayer Vicario de Cristo en la Tierra, deberá hacer frente a importantes desafíos. Su aparición en el balcón de la plaza de San Pedro dejó detalles como la elección de la vestimenta más sencilla, un gesto que no pasó desapercibido teniendo en cuenta la labor que le espera, informa Diario Financiero.

La Santa Sede se situó el año pasado en el foco de atención cuando fue detenido y posteriormente condenado a un año y medio de cárcel el ex mayordomo del anterior Papa, Paolo Gabriele, por el robo de documentos confidenciales, cuya divulgación causó un serio perjuicio a la imagen del Vaticano.

A ello hay que añadir el cese Ettore Gotti Tedeschi, presidente del Instituto para las Obras de Religión, llamado popularmente el ‘Banco Vaticano’, con la acusación de “no haber desarrollado funciones de primera importancia para su cargo”.

El escenario es más complicado porque lo cierto es que el ‘Banco Vaticano’ se encuentra bajo la lupa de instancias judiciales desde septiembre por presunta vulneración de las normas contra el blanqueo de capitales, aunque la investigación de la Fiscalía de Roma sobre las supuestas actividades de lavado de dinero relacionadas con las operaciones del Instituto para las Obras de Religión (IOR) se remonta a más de dos años, concretamente a 2010.

El IOR administra los bienes de las instituciones católicas en todo el mundo y su ubicación en el Estado Ciudad del Vaticano le coloca fuera de la jurisdicción de los autoridades financieras internacionales. Es gestionado por un director ejecutivo que, a su vez, depende de un comité de cardenales y en última instancia del propio Santo Padre. Es la única institución financiera papal no supervisada por la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.

La institución vive un momento complicado desde el punto de vista de sus finanzas, pero no es el primero. En la década de los 80 ya sufrió las turbulencias provocadas por el colapso del Banco Ambrosiano en 1982, del que el Vaticano era un accionista significativo, por una deuda de 3.500 millones de dólares.

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