“Eramos un arquitecto y una ingeniera recién egresados, veinteañeros, casados, con dos hijos y pobres… pero con ganas de tener muebles bien diseñados en nuestra casa”. Sus opciones no eran muchas, sólo dos. En realidad, una. “O el retail, o tiendas de diseño italiano para millonarios”, cuentan. Lo que les causaba más tristeza es que […]

  • 8 marzo, 2013
The Popular Design

The Popular Design

“Eramos un arquitecto y una ingeniera recién egresados, veinteañeros, casados, con dos hijos y pobres… pero con ganas de tener muebles bien diseñados en nuestra casa”. Sus opciones no eran muchas, sólo dos. En realidad, una. “O el retail, o tiendas de diseño italiano para millonarios”, cuentan. Lo que les causaba más tristeza es que ellos, viajeros empedernidos y buenos amantes del diseño, sabían que en el mundo existían muchas alternativas pensadas para gente con presupuestos ajustados como el suyo… Pero Santiago no era Londres ni Nueva York ni, yendo más cerca, Buenos Aires.

Sin querer queriendo, la simple descripción de su “cruda realidad” permitió que la relación de Francisco Riquelme (36) y Gabriela Portus (33) alcanzara una tercera dimensión. Al solemne “hasta que la muerte los separe” que los unió el día de su matrimonio y la paternidad compartida de cuatro niños de entre 8 y un año, se sumaron sus huellas digitales estampadas en la escritura de constitución de la nueva empresa que nacía en Chile: The Popular Design.

La consigna, democratizar la venta de muebles de alto diseño, buena calidad de manufactura y –cómo no–, a precios asequibles. Francisco, arquitecto de la Universidad Central, lo ejemplifica así: “El fin de semana una revista publicaba un modelo de silla Hans Wagner de los años 40 a $600.000. Nosotros la vendemos a $140.000, y en una tienda de retail la puedes encontrar por $89.990. Tú tomas nuestra silla y verás que el barniz es sobre madera de poro abierto –por lo que no brilla–, tejida a mano, entra perfectamente bajo la mesa, pesa 20 kilos y es muy similar a una fabricada en los años 40”.

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Gabriela lo pone desde otro ángulo. “Se trata de diseño accesible a precios que no asusten. Son muebles para que la gente los use de manera relajada, que los puedan disfrutar, que los niños puedan saltar en el sillón, comer, jugar. Nuestros clientes no viven en casas-museo”, dice.

El modelo de negocio no tardó en dar frutos. En cinco años de vida ya suman tres tiendas –Barrio Italia, Luis Pasteur y Parque Arauco– y ventas creciendo a tasas anuales del 50%. Y es más. Al 28 de febrero 2013, ya tienen delineados los hitos que marcarán este año. El primero acaba de concretarse y fue el cambio de ropaje en Parque Arauco, donde pasaron de ser la “tienda ancla” del brazo de diseño independiente a tener un local mayor en el pasillo central del tercer piso, muy cerca de Paris. Las puertas traseras de un container, gruesas, pesadas, llenas de códigos recibiendo a sus clientes, fue la puesta en escena que escogieron para comunicar lo que son.

Este año también crecerá en metraje el local de Avenida Italia y durante marzo tendrán en operaciones el nuevo centro logístico montado en Huechuraba, desde donde se focalizará el acopio y despacho de sus muebles. El otro gran proyecto que los tendrá concentrados a partir de mayo, será la apertura de Milk. En sociedad con otro matrimonio –Cristián Sanhueza y Francisca Hurtado– la nueva tienda venderá un tipo de muebles que en The Popular Design no encontraban el espacio que se merecían. “Apuntamos al mismo segmento y operaremos con los mismos principios de diseño, calidad y precio, pero aquí todo será más tranquilo. Muebles que privilegiarán el confort sobre la estética. Mucha inspiración escandinava, japonesa, materiales nobles, cobre, bronce, lino, pluma…”, explica Francisco.

Milk, que ocupará el antiguo espacio que tenía The Popular en Parque Arauco, aprovechará todas sus sinergías. La estructura de importación, la logística de despacho, clientes satisfechos y –dato no menor– una buena lista de fabricantes y proveedores en el extranjero que Gabriela y Francisco tenían celosamente guardada para cuando llegara el momento. Las proyecciones del matrimonio son cerrar el 2014 con una facturación de 10 millones de dólares y seis tiendas abiertas en Santiago.

Más que China

Hasta aquí su inicio y buenos números en corto tiempo. Pero aún falta algo. Y es todo el agua que debió correr bajo el puente antes de que Gabriela, ingeniera civil de la Universidad de Chile y full empoderada con su rol de empresaria, pudiera decir tranquila que al año descargan en Valparaíso 80 containers llenos de muebles y objetos del mundo con The Popular Design como remitente. Entre pitos y flautas, Francisco y Gabriela llevan más de doce años acumulando experiencia en el mundo del diseño y la mueblería. Francisco cuenta que más que la arquitectura, lo que a él de verdad le atraía era ambientar los espacios que creaba, terminando naturalmente en el diseño de muebles. Luego de trabajar con un reconocido en el rubro como es Orlando Gatica, y sin ni squiera esperar a titularse, montó su fábrica de muebles. La aventura duró casi tres años y con varios de sus compañeros de curso contratados. Más de veinte personas dedicadas a diseñar y fabricar muebles por encargo bajo su mando. Pero decidió bajar la cortina. La mano de obra, los altos costos, las calidades que se lograban se transformaron en escollos que lo hicieron pensar en nuevos horizontes. Gabriela, su polola desde que eran adolescentes y su esposa desde que cumplió los 23, planeó con él un proyecto que lo interpretará mejor. Así nació la idea de consolidar muebles de distintas partes del mundo para venderlos en Chile. “Lo bueno es que aquí cada uno tiene lo suyo más un poco del otro. Yo soy ingeniera con una visión estética muy fuerte, y Francisco tiene un instinto gigante para los negocios”, precisa Gabriela.

A comienzos de siglo, en plena crisis económica argentina, un viaje a Buenos Aires les abrió los ojos. Se toparon con un montón de alternativas que satisfacían exactamente lo que ellos querían: buen diseño a precios razonables. “Cabros chicos y bien cancheros, nos presentamos en Manifesto, fabricantes reputados, y pedimos la representación de la marca”, cuentan hoy muertos de la risa. El tipo de cambio era favorable y sin saber mucho en qué se metían, hicieron una compra grande. Vendieron todo entre sus amigos.

La suma de experiencias los fue entrenando para lo que se venía. Sin susto, empezaron a traer muebles desde fuera. Un local en un segundo piso en Vitacura y al que sólo podías llegar si tenías el dato, fue su primer punto de contacto con el público. Ya en 2007 abrían la primera tienda The Popular Design en el Barrio Italia.

El fuerte de los primeros años fueron las réplicas de muebles diseñados entre los años 60 y 80 por destacados arquitectos y diseñadores modernistas manufacturados en China. Una forma de operar extendida en el mundo y que es posible gracias a que las licencias de muebles, sillas, cómodas, arrimos, mesas y lámparas –entre una larga lista de objetos– queda liberada después de 30 años de creado el objeto. De ahí que sea posible que en el living de su casa haya una silla creada por Hans Wegner o Arne Jacobsen. La democracia del diseño.

¿Y no es copia? Gabriela específica que en estos casos no corresponde hablar de copia, pues muchos de estos diseños se hacen en firmas que tienen la autorización exclusiva de la familia del creador. Ellos venden piezas que llevan un numero de serie y que garantizan que la silla, el sofá o la mesa se han hecho con estricto apego al diseño original. Pero al final del día, sostiene, también una réplica. Cara, de excelente manufactura, pero réplica. “Para mí sólo se puede hablar de original cuando se trata del mueble que fue hecho por su creador. En esos casos, por su valor, ya se trata de piezas de museo”.

Eran réplicas, eran made in China, pero con el sello The Popular Design. Francisco y Gabriela se preocuparon de conocer  directamente las fábricas que los proveían, hablar con sus dueños, sus empleados y entregarles todo su feedback y conocimientos. China y las replicas fueron el corazón en los inicios, pero hoy han perdido protagonismo. No más del 30% de su stock son representaciones del movimiento moderno. Hoy ofrecen también diseños propios, creaciones de un grupo de artistas emergentes de Brooklyn (Nueva York), marcas italianas de accesorios y tienen la representación de Organic Modernism, también neoyorquina, y de Normann Copenhaguen.

El desafío no es menor. Entre subidas y bajadas de aviones, Francisco pasa en promedio dos meses fuera de Chile y Gabriela uno más. “La vuelta siempre es muy parecida. Pasamos por Europa y terminamos en Asia, siempre muy pendientes de lo que está ocurriendo en Nueva York, Londres y París”, explica Francisco. En estos viajes, además de mirar, Gabriela cuenta que “hay mucho tiempo dedicado a visitar las fábricas, salir a comer son sus dueños, generar relaciones, mostrar los problemas que hemos tenido con sus muebles. Ir a las ferias. Juntarse con otras tiendas como nosostros. No es comprar y traer”. •••