Mas de cien años de historia empresarial corren por las venas de Jacques Louis de Montalembert. Es uno de los herederos del imperio económico que construyeron los Bemberg y creador de la mitica frase: “estar en otra es estar en Becker”. Mas activo que nunca, sigue de cerca la evolución del mercado chileno, porque le entusiasma su presencia en La Polar y porque por su cabeza rondan algunas ideas de negocios que le gustaria concretar. ¿Rubros? Por ahora, negocia una alianza en el ámbito vitivinicola.

 

  • 27 mayo, 2009


Mas de cien años de historia empresarial corren por las venas de Jacques Louis de Montalembert. Es uno de los herederos del imperio económico que construyeron los Bemberg y creador de la mitica frase: “estar en otra es estar en Becker”. Mas activo que nunca, sigue de cerca la evolución del mercado chileno, porque le entusiasma su presencia en La Polar y porque por su cabeza rondan algunas ideas de negocios que le gustaria concretar. ¿Rubros? Por ahora, negocia una alianza en el ámbito vitivinicola.

 

 

Mas de cien años de historia empresarial corren por las venas de Jacques Louis de Montalembert. Es uno de los herederos del imperio económico que construyeron los Bemberg y creador de la mitica frase: “estar en otra es estar en Becker”. Mas activo que nunca, sigue de cerca la evolución del mercado chileno, porque le entusiasma su presencia en La Polar y porque por su cabeza rondan algunas ideas de negocios que le gustaria concretar. ¿Rubros? Por ahora, negocia una alianza en el ámbito vitivinicola. Desde Buenos Aires, por Sandra Burgos.

En pleno corazón de Buenos Aires, en el microcentro –como dicen los trasandinos– se encuentra el centro de operaciones del grupo Bemberg. Ahí, en plena Avenida Perón, se toman las decisiones sobre gran parte de las inversiones de una de las familias más reconocidas a nivel mundial por sus intereses en el negocio financiero, industrial, inmobilia-rio y vitivinícola, expandidos por Lati-noamérica, Europa y Estados Unidos.

En Chile, el apellido tampoco pasa inadvertido. En los 90 se hizo ampliamente conocido con la irrupción de la marca Becker en el negocio cervecero local y su popular slogan “estar en otra es estar en Becker” quedó incrustado en el ADN de los chilenos. La inversión la realizaron a través de Quilmes, la famosa firma trasandina a través de la cual controlaban la naciente Cervecerías Chile y que vendieron en 2006 a la belga-brasileña InBev.

Pero esa no fue la primera incursión del grupo en Chile. Jacques Louis de Montalembert, uno de los miembros más activos de la familia, ex presidente de Quilmes y responsable de acuñar la célebre frase de Becker, confidencia que hace muchos años habían puesto los ojos en este lado de la cordillera.

“La verdad es que yo quiero mucho a Chile. A principios de los 70 hice bastantes amigos chilenos, tanto así que a partir de 1974 y durante 15 años fuimos todos los veranos a Zapallar con mi familia y todos los inviernos, a La Parva. De hecho,
tengo muchos más amigos chilenos que argentinos”, cuenta desde el living de su oficina, donde recibe a Capital junto a Jean-Pierre Thibaud, su amigo y socio en la Bodega Ruca Malén, una de sus inversiones a título personal.

Dicen que la primera oportunidad de negocios en el mercado chileno se les presentó a mediados de los 80, cuando el grupo Cruzat puso en venta su participación en CCU. “Estábamos muy interesados en comprarla, pero no pudimos porque el grupo Luksic adquirió antes bastantes papeles de la deuda (tenían pasivos por cerca de 250 millones de dólares) y a nosotros, que éramos muy conservadores, nos dio un poco de miedo entrar”, recuerda.

Descartada la alternativa de CCU, los Bemberg decidieron atacar directamente el mercado a través de Cervecerías Chile, con Becker como caballito de batalla. Pero ese no fue el único intento de los Bemberg por alcanzar una participación mayor en el negocio cervecero chileno. Cuenta Jacques Louis de Montalembert que, tal como en su minuto sellaron una alianza entre Quilmes y AmBev –la filial brasileña de la multinacional InBev–, intentaron hacerlo con CCU antes de que estallara la crisis argentina de 2001.
“Tratamos de hacer una alianza con CCU-Anheusser Bush y Heineken, pero con esa crisis Anheusser Bush salió y no pudimos concretarla. Habíamos organizado un asunto potente, con un share importante”, asegura.

Así las cosas, el entusiasmo por incrementar su presencia de negocios en Chile estaba muy vigente cuando surgió la posibilidad de ingresar a la propiedad de La Polar, la multitienda controlada por el fondo de inversiones Southern Cross y que hoy representa, por lejos, una de las inversiones más importantes del grupo en América latina.

Fueron los titulares del mismo fondo los que invitaron a los Bemberg a participar en La Polar. “Yo fui el presidente de Quilmes Industrial (Quinsa, la sociedad controladora de Quilmes) durante 10 años”, especifica Jacques Louis de Montalembert. Y resulta que Norberto Morita, chairman y socio fundador de Southern Cross, fue ni más ni menos que el CEO de la cervecera. “Cuando Morita dejó la compañía creó su fondo y mi familia fue el primer inversionista… y lo seguimos siendo. Después de eso vino la oportunidad de invertir directamente en La Polar, para lo cual nos juntamos todos los primos y participamos como grupo Bemberg”, describe.
“El fondo de Norberto Morita es muy exitoso y lo hace muy bien. La Polar fue una excelente inversión. Si bien el mercado, con la crisis, ha castigado al retail, para mí los sectores socioeconómicos D y E son los mejores pagadores y, por lo tanto, los riesgos no son tales. Yo tengo mucha fe en La Polar y ahora el mercado está empezando a entender que es un buen negocio”, puntualiza.

Juntos, pero no revueltos

Los orígenes del grupo Bemberg se remontan a fines de 1800, cuando el inmigrante alemán Otto Bemberg dio inicio a lo que se convertiría en un verdadero imperio cervecero. Tuvo cuatro herederos, pero fueron los sucesores de éstos y, especialmente, los de su hijo Otto Sebastián quienes contribuyeron en la construcción de la fortuna.

Otto Sebastián aportó cinco hijos: Otto Eduardo, Federico Otto, Luis Emilio, María Rosa y Jorge Mario. De los cuatro primeros surgieron las familias que hoy llevan las riendas del grupo: los Miguens Bemberg, los Sainz de Vicuña, los De Ganay y los de Montalembert. De esta última familia, Jacques Louis es la cabeza.

El empresario comenta que tras la venta de Quilmes –que les significó una ganancia cercana a los 1.800 millones de dólares (600 millones en 2002 y otros 1.200 millones en 2006)–, las operaciones más relevantes del grupo quedaron en Estados Unidos y Europa. “Como grupo Bemberg tenemos una empresa que se llama Quilvest, que es luxemburguesa pero con sede en París; y una oficina muy importante en Nueva York. Tenemos especialmente inversiones de private equity a través de un fondo e inversión directa en empresas. Después contamos con actividades financieras, con un banco en París y otro en Suiza”.

El portafolio de los Bemberg incluye los fondos de inversiones BISA, Quilvest, Los Manantiales, Golden Wing, Excelence y Financiera Streamliner, con negocios en Asia, Estados Unidos y Europa. Entre sus inversionistas predomina el acento europeo por sobre el argentino y, de hecho, la mayoría son franceses. Sus títulos cotizan en las bolsas de Luxemburgo y Nueva York.

A través de estos fondos, su participación en empresas es amplia y diversa. Una de las más conocidas –y con presencia en Chile– es Caro Cuore, la firma de lencería más importante de Argentina, de la cual BISA controla el 60%. Su compra la concretaron a fines de los 90, tras lo cual iniciaron un agresivo plan de expansión que tiene a la marca con presencia en 16 países, incluyendo España, Sudáfrica, Inglaterra, Italia y Arabia.

Quilvest es una sociedad holding que cotiza en la bolsa de Luxemburgo, con subsidiarias que concentran sus actividades en inversión de capital riesgo a nivel mundial y que manejan activos por más de 8 mil millones de dólares. A través de este fondo, los Bemberg son accionistas de MCH Private Equity, el que –a su vez– tiene presencia en +VISION, el segundo grupo óptico de España en cuanto a puntos de venta (335 ópticas asociadas y 7 ópticas propias).

El mismo paraguas les permite participar en la propiedad del fabricante de material rodante ferroviario Talgo, especialista en diseño y fabricación de trenes de largo recorrido y de alta velocidad (AVE). Posee cinco plantas de fabricación y mantenimiento de trenes en España, junto con actividades de explotación, mantenimiento y fabricación en países como Alemania, Estados Unidos, Finlandia y Kazajtan.

Y si se trata de seguir profundizando en sus inversiones, dignas de destacar son IQAP Colorpoint, líder europeo en la fabricación de concentrados de color y aditivos (masterbaches) para la industria plástica y textil, y Nutricafés, la tercera productora y distribuidora de café en Portugal por volumen de ventas, con una creciente presencia en España.

 


Ruca Malén realizó su primera cosecha en 1999, produce cerca de 600 mil botellas y su meta es llegar al millón. Las instalaciones contemplan un restaurante que ha sacado aplausos.

 

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La expansión Montalembert

Los Montalembert surgen del matrimonio entre María Francisca Bemberg –hija de Luis Emilio– y el conde Carlos de Montalembert. Nuestro entrevistado, Jacques Louis de Montalembert, llegó a los 23 años a Argentina, proveniente de su natal Francia. Además de sus inversiones como grupo, tiene viñedos en Napa y en Valle Central en Lawndale, al sur de Sacramento. “Ahí no producimos vino, sino uva que vendemos a otras grandes bodegas tipo Mondavi”.

Hoy, su interés por el vino se ha volcado por entero al desarrollo de la Bodega Ruca Malén en Mendoza. Allí es socio de Jean-Pierre Thibaud, argentino de nacimiento y francés de origen. “Jean Pierre es un empresario argentino de mucho prestigio que no estaba para nada en este negocio. Ingresó por casualidad al asunto del vino en Chandon, firma de la cual fue presidente por 10 años. Nuestra relación se gestó porque nuestras familias se conocían y porque yo ingresé al directorio de Chandon”, explica Jacques Louis.

Así, cuando Jean-Pierre dejó la presidencia de Chandon, recibió rápidamente la propuesta de Montalembert para instalar una viña en Argentina. “Yo nací en Borgoña y el vino para los franceses es importante. Nunca tuvimos en la familia viñedos, pero sí una participación en Francia durante diez años en Champagne Vértigo. Entonces, cuando Jean-Pierre decidió salir de Chandon, le dije que me ayudara a pensar en un proyecto de cero, así que yo fui quien tuvo la idea, pero él hizo todo el trabajo”, reconoce el empresario.

Jean-Pierre Thibaud expone el proyecto: “era diciembre de 1998, no teníamos viñedos, ni bodega ni nada, sólo la idea. Aunque era tarde, dije que participaría de la idea siempre y cuando hiciéramos la cosecha ya, porque no quería perder un año. Y lo hicimos, conseguimos un enólogo bueno y a un productor que nos dio espacio en su bodega para hacer nuestro primer vino. Hoy es una bodega excelente, Altavista”.

Allí trabajaron cerca de 4 años, pero como Altavista comenzó a crecer tuvieron que buscar nuevas alternativas. “Además, nosotros sabíamos que venía una crisis fuerte en Argentina, así que preferíamos esperar y ver la posibilidad de comprar tierras y construir la bodega a mucho menor costo. Y así fue: a fines de 2002 compramos tierras y comenzamos a edificar la bodega, que dejamos lista para la cosecha de 2003”, agrega de Montalembert.

El plan original fue el mercado local. Conocían la exitosa experiencia en esas lides de Chandon, por lo que decidieron armar una fuerte base interna antes de salir a exportar. “Hicimos malbec y el rey de los otros cepajes, que es el cabernet sauvignon; producimos una sola línea que se llamó Ruca Malén y decidimos apostar por la excelencia, porque la visión nuestra era hacer vinos de alta calidad”, explica Thibaud. Con ese objetivo en mente visitan a los productores de uva, eligen y satisfacen sus requerimientos, de acuerdo a requisitos muy específicos. “En cuanto a manejo, hacemos lo que queremos en la viña que elegimos y los dueños se guardan un pedazo para hacer lo suyo. Así tenemos controlada la calidad”, revela Montelambert.

Con un entusiasmo desbordante, Jean-Pierre aporta: “lo que está diciendo el señor Montalembert es muy importante. Hasta el año 2002 prácticamente había un solo precio por cepa. Hoy no, si usted reduce la producción en un pedazo, lo paga más caro. Eso es nuevo, porque la calidad del vino argentino ha ido mejorando muchísimo”.

La bodega maneja tres líneas de producción: una que se llama Yauquén (que significa compartir una bebida, en mapudungun), la cual se expende al consumidor a 28 pesos (unos 7,5 dólares la botella). Le sigue Ruca Malén (la casa de la joven), que se vende a 48 pesos al consumidor final (13 dólares). Tras ellas, la línea top: Kinién (el único) y que se entrega al consumidor final a 115 pesos (unos 31 dólares).

“Producimos 400 mil botellas pero estamos en franco aumento y vamos a llegar a 600 mil pronto, y tenemos que llegar a un millón de botellas rápidamente”, sentencia Montalembert.

Hoy, el 50% de la producción de la viña se destina a exportación. La meta es llegar al 75%, para lo cual han definido cuatro mercados como prioritarios: Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y Brasil. En Chile no tienen presencia, porque se trata de un mercado pequeño y con una fuerte producción de vino local. Pero la idea es abordar nuestro país de otra forma: a través de la unión con un grupo viñatero chileno.

“Yo tengo una teoría y es que va a haber bastantes chilenos acá, así como argentinos invirtiendo en Chile. Creo que la competencia mundial nos va a obligar a juntarnos, que vendrá una reestructuración de toda la producción de vino y que tamaños como el nuestro no podrán competir con un Concha y Toro o un Peñaflor de acá. ¿Por qué no tener un pie en Chile y otro en Argentina? Yo creo que es una estrategia inteligente, porque el mundo cambia todos los días y hay veces en que un país está mejor que otro”, comenta.
Con ese plan en mente, están sosteniendo conversaciones con grupos chilenos que tienen presencia en Argentina. “Ellos se han dado cuenta de que también es importante juntarse para llegar a un buen tamaño. Estamos en conversaciones y no se pueden revelar más detalles. También estamos mirando otras bodegas argentinas y no tenemos nada en contra de rastrear posibilidades con Chile”, adelanta Montalembert. Cuidadoso, no menciona ningún posible asociado… pero tome nota: las viñas chilenas con presencia en Argentina son Concha y Toro, San Pedro-Tarapacá, Santa Rita y Montes.

El empresario anota que la idea es primero unirse en Argentina, “porque eso es lo que buscan ellos, nos vinieron a ver porque teníamos un sistema de distribución acá y porque yo los conocía por las amistades que tengo a nivel chileno”.

Pero la idea de crecer en Chile no se limita a la rama Montalembert. El empresario señala que el grupo Bemberg tiene aspiraciones de hacerlo. “No hay nada nuevo por ahora, pero tenemos un equipo de gente con los ojos bien abiertos, tras nuevas inversiones”.

 

 

Las cuatro familias Bemberg
Los Bemberg no invierten sólo en bloque, como grupo. Cada una de las cuatro familias que componen este conglomerado tiene sus propios negocios.

Los Sainz de Vicuña son, hasta ahora, los más conocidos en Chile. Esta rama del grupo tiene su origen en María Inés Bemberg –hija de Luis Emilio Bemberg y, por lo tanto, nieta de Otto Sebastián Bemberg-, quien se casó con Eduardo Sainz de Vicuña. Con sede en España, la familia integrada por Ana, Alvaro, Federico y Beatriz es la que tiene mayor actividad empresarial en España y Chile. Son accionistas de la inmobiliaria Territoria, en cuyo directorio se sientan Ana y Federico. También hicieron noticia hace pocas semanas con su ingreso a la propiedad del Banco Security. En Argentina, la familia también tiene inversiones en la central eléctrica Chihuidos (Neuquén) y en un parque de energía eólica en esa provincia y en Chubut.

Ana es la más conocida del clan. Luego de hacer carrera en Merrill Lynch, se dedicó de lleno a las inversiones inmobiliarias. Además de Territoria, participa en la propiedad de los hoteles Awasi en San Pedro de Atacama y San Antonio de los Cobres, en Jujuy. Pero sin duda lo que más llama la atención es su afición por el fútbol.

Otra rama de la familia Bemberg son los Miguens Bemberg, hijos de la cineasta María Luisa Bemberg (hija de Otto Eduardo), quien se casó con Carlos María Miguens. De ese matrimonio nacieron Carlos José Miguens Bemberg –que llevaba las riendas de Quilmes hasta que vendieron a InBev–, Diego, Cristina y María Luisa. El grupo ha tenido presencia en variadas industrias, como la eléctrica: compró junto a Merrill Lynch el negocio de la francesa Total en Argentina, además de poseer Piedra del Aguila y Central Puerto y las generadoras Ensenada y Mendoza, que adquirió a la estadounidense CMS Energy.

Carlos José es dueño de la citrícola San Miguel, posee 12.000 hectáreas en Río Negro y explotaciones de arroz en Corrientes. En el rubro inmobiliario, construyó con sus hermanos Pampas Pueblo de Hudson, un barrio privado en Buenos Aires, con torres, marina y centro comercial.

En tanto, su hermana Cristina es dueña de la empresa láctea La Salamandra y ha tenido inversiones en medios de publicación, específicamente revistas.

Los De Ganay Bemberg son hijos de María Rosa y el marqués Hubert De Ganay. Su descendencia está formada por cinco hijos, entre los cuales destacan Serge y Jean como activos inversionistas. Serge es miembro del consejo asesor de Sotheby’s. Los De Ganay y De Montalembert están entre los mayores propietarios de tierras de Buenos Aires, con más de 50.000 hectáreas repartidas entre distintas sociedades agropecuarias e inmobiliarias.