A casi dos décadas de su lanzamiento, Pearl Jam reedita Ten, el disco que los convirtió en héroes de un movimiento que, entre otras cosas, expulsó a Michael Jackson de las listas de éxito. ¿Fue una tendencia transgresora o acaso escondía un mensaje conservador? Por Andres Valdivia.

  • 12 mayo, 2009


A casi dos décadas de su lanzamiento, Pearl Jam reedita Ten, el disco que los convirtió en héroes de un movimiento que, entre otras cosas, expulsó a Michael Jackson de las listas de éxito. ¿Fue una tendencia transgresora o acaso escondía un mensaje conservador? Por Andres Valdivia.

 

A casi dos décadas de su lanzamiento, Pearl Jam reedita Ten, el disco que los convirtió en héroes de un movimiento que, entre otras cosas, expulsó a Michael Jackson de las listas de éxito. ¿Fue una tendencia transgresora o acaso escondía un mensaje conservador? Por Andres Valdivia.

Partamos por la confesión: yo me creí grunge. A estas alturas de la vida reconocerlo da un poco de vergüenza, pero al mismo tiempo me permite hablar de primera mano sobre lo que pasaba en los primeros años de los 90. Los astros parecían estar alineados: una generación de jóvenes habíamos pasado la década anterior respirando los vapores del synth-pop, el heavy-glam de Los Angeles y casi en paralelo y como quien no quiere la cosa, la arenga “charango-lila” de la canción de protesta. Vaya mezcla. Para encontrar héroes a la altura –y, por cierto, para negar el presente- nos zambullimos en el rock clásico: Led Zeppelín, Pink Floyd, los Beatles, los Stones, etc. Lo que encontramos era notable, portentoso, pero viejo al fin. Vivir del retro tiene el riesgo particularmente nocivo para los jóvenes cándidos de pensar que todo tiempo pasado fue mejor. En ese estado de ánimo recibimos la irrupción en MTV de Nirvana y el rock “alternativo”, y la caída definitiva de Michael Jackson. Era imposible que no compráramos todo el paquete.

A poco andar apareció Pearl Jam con Ten (1991). La mezcla era irresistible: menos rabiosos que Nirvana, con un gran sentido de la melodía y de la urgencia, y con un puñado de canciones notables y un frontman (Eddie Veder) a la altura de las necesidades del momento. Cultivaban una ética alejada del glamour y del lucro ochentero que sintonizaba muy bien con la moral del ambiente. Ten era un disco lleno de pasión. Menos fundacional quizás que Nevermind, de Nirvana, pero con canciones memorables, de coros épicos y melódicos, canciones de amor, de desamparo y una que otra pincelada de esperanza y ansiedad juvenil. Recuerdo haber sentido que mi tiempo había llegado al escucharlo por primera vez y esas son sensaciones que se dan poco en la vida. Even flow, Alive, Breathe son canciones imborrables. He tenido que revisitarlas para esta columna y me he encontrado con la música intacta, pero con gran parte de la épica generacional ausente. Es decir, el disco sigue funcionando como un reloj, pero las emociones que pensé volver a encontrar se habían esfumado. Me alegré al pensar que aún no estoy lo suficientemente viejo como para disfrutar de la nostalgia (en ese punto radica la prueba de la blancura, creo). Sin embargo, al rato comprendí que el asunto venía por otro lado.
Finalmente y pese a su imagen contestataria, el grunge era profundamente conservador. Prohibía la frivolidad, la sensualidad, el baile, la evasión. En cierta forma, repudiaba la superficialidad y al mismo tiempo exigía votos de pobreza, austeridad y compromiso. Aquellos tiempos, quienes compramos el mensaje rebelde del movimiento, estuvimos profundamente equivocados, y es quizás por eso que Ten suena glorioso como entonces, pero desprovisto de las virtudes curativas –como fue en mi caso- de antaño.

 

 

Lo que trae la nueva edición
La reedición de Ten es en grande, ambiciosa, y recoge algunas de las aspiraciones históricas de muchos fans. Cuatro versiones distintas serán lanzadas durante los próximos meses. Todas ellas traen la música remasterizada del disco completo, pero además una nueva mezcla de todas las canciones de manos de Brendan O´Brian, el productor que se hizo cargo de todos los discos posteriores de Pearl Jam (notable su trabajo en Vs, la continuación de Ten), y que nunca pudo meterle perillas al disco debut de la banda. Asimismo, muchas de las canciones de Pearl Jam de esos años y que fueron editadas en singles y lados B, estarán en el paquete (por ejemplo State of love and trust). Eso sí, para los súper mega fans hay dos papitas extra. La Deluxe Edition incluye todo lo anterior, más un DVD con el recital MTV Unplugged que la banda grabó en los noventas, nunca editado oficialmente. La panacea, sin embargo, es la Super Deluxe Edition, que contiene dos discos, el DVD y cuatro vinilos, con material nunca antes publicado… Uf! Agotador, pero sin duda valioso para los fanáticos acérrimos.