Cincuenta años desde que fue proyectada; cinco desde que se anunciara por primera vez su construcción; cuatro ministros de Obras Públicas y tres de la Vivienda han tenido el proyecto en sus manos; decenas de cartas enviadas a los diarios y ni hablar de los kilos de papel impreso en que se ha escrito al respecto. Así parte la construcción del primer kilómetro de la Costanera Sur oriente.

  • 2 noviembre, 2011

 

Cincuenta años desde que fue proyectada; cinco desde que se anunciara por primera vez su construcción; cuatro ministros de Obras Públicas y tres de la Vivienda han tenido el proyecto en sus manos; decenas de cartas enviadas a los diarios y ni hablar de los kilos de papel impreso en que se ha escrito al respecto. Así parte la construcción del primer kilómetro de la Costanera Sur oriente. Por M. Cristina Goyeneche.

 

Más cercana a una teleserie venezolana del mediodía que a un frío relato de ingeniería vial urbana es la historia que hay detrás de la construcción de la avenida que bordeará la ribera sur del río Mapocho, en la zona oriente de Santiago. Costanera Sur se denomina esta arteria de uso gratuito, pensada en los años 60 para dar conectividad a las comunas que bordean el río y que hoy, ante la voracidad de los atochamientos en Sanhattan, se hace imprescindible trazar.

Actores protagónicos que entran y salen de escena, declaraciones cruzadas, demandas judiciales, paralizaciones de obras, decenas de diseños alternativos desechados, ciudadanos en pie de guerra, automovilistas felices, empresarios entrampados en la burocracia estatal… En fin, la lista de cambios de giro en el argumento puede llegar a ser tan larga como sorpresiva.

Y eso que recién estamos en los capítulos iniciales, cuando hay certeza de que los primeros tres kilómetros del trayecto –cuyas obras se iniciaron hace un par de meses y demandarían una inversión del orden de los 12 millones de dólares–, los construirá la Inmobiliaria Titanium como parte de su plan de mitigación vial para los tres edificios de 23 pisos que levanta en los ex terrenos del Club Deportivo de la Universidad Católica.

Para ello, tuvo que ceder el 80% de los terrenos comprados, negocio que se cerró en 35 millones de dólares y destinarlos a la franja vial de la Costanera Sur, más un parque de cuatro hectáreas. La inmobiliaria dejaría lista la avenida –con tres pistas por lado– hasta la calle Isabel Montt, justo donde termina el parque Bicentenario. De ahí en adelante, Titanium y el ministerio de Obras Públicas se desentienden.

¿Por qué? Termina su jurisdicción. A fin de poder hacer realidad el túnel que atravesó el cerro San Cristobal, el entonces ministro de Obras Públicas Eduardo Bitrán decretó en 2006 que todo el sector comprendido entre Avenida Los Leones e Isabel Montt sería de “uso público”. Esta definición legal es la que le permitió al MOP intervenir directamente en el paño. Sin embargo, más allá de estos límites, el diseño y la construcción de Costanera Sur corresponde a “viabilidad urbana”, palabra técnica que en chileno significa que la pelota cambia de mano. En este caso, a la municipalidad de Vitacura y al ministerio de Vivienda y Urbanismo. Sin embargo, esta última secretaría de Estado señaló que por ahora su preocupación es sacar adelante Costanera Sur Poniente. Respecto del Oriente, ninguna luz. Si la municipalidad de Vitacura quiere terminar el tramo que pasa por su comuna, al menos en el mediano plazo, tendrá que batírselas sola. Y el trabajo ya lo adelantó diseñando esta futura Costanera Sur que, de Américo Vespucio en adelante, es básicamente Monseñor Escrivá de Balaguer.

Para ponerle más pimienta a la teleserie, el “detalle” de la fecha en que Costanera Sur estará operativa es el secreto mejor guardado de sus guionistas. No hay que hilar muy fino para deducir que esta misma incertidumbre corre para los redactores del guión. La única proyección medianamente certera para comenzar a ver los primeros metros pavimentados de la Costanera Sur, que en sus 13 kilómetros tendría que unir Nueva Tajamar con la Plaza San Enrique, es julio de 2012.

Para ese momento, los accionistas de Titanium, Abraham Senerman y la familia Heller Solari, esperan cortar la cinta de al menos dos tercios del sector que está bajo su responsabilidad. Y si usted creyó que pavimentar 2,6 kilómetros en línea recta era cosa sencilla, olvidó que la lógica de esta historia es bastante inverosímil.

El primero de los tres tercios de Titanium parte frente a sus edificios y termina algunos metros más adelante, en lo que sería la prolongación hacia el río de Presidente Riesco. Hasta aquí, todo en orden. Basta pasar lentamente por la zona para ver las maquinarias haciendo de las suyas. Ahora, lo que ocurra en el segundo sector, llamado Presidente Riesco-Puente Lo Saldes, depende de la velocidad de acción del MOP.

Pese a que es Titanium el responsable de construir, la autoridad tiene que entregarle el detalle de las “obras de interferencia”, es decir, cruces y entradas que se determinen pertinentes para este segmento de la Costanera Sur. Parte de ese diseño está ligado a las mitigaciones viales propuestas por el gigante más alto de la zona, Costanera Center. En resumen, aquí aún no hay señales. Desde el MOP aseguran que la viabilidad del segundo sector está en estudio. “Se trabaja coordinadamente en aspectos técnicos y administrativos con los municipios de las dos comunas involucradas y con Costanera Norte, por futuras interconectividades en el tramo dos”, fueron las palabras emanadas desde el gabinete del ministro Laurence Golborne.

Vale consignar que el affaire MOP-Titanium-Costanera Center no fue menor. La idea de Senerman era iniciar la Costanera Sur en noviembre de 2008 para, once meses después, inaugurar. Sin embargo la decisión de la autoridad fue postergar cualquier movimiento de tierra mientras no se estudiara la propuesta de mitigación vial de Costanera Center, que llegó a la ventanilla después que la de ellos. El resultado no fue muy alentador: el MOP pidió una serie de modificaciones y Titanium se vio obligado a hacer de nuevo todo el proyecto Costanera Sur. Recién a fines de 2009, explica Andrés Weil, arquitecto jefe de la empresa, se aprobó la nueva ingeniería.

No alcanzó a pasar mucho tiempo para que los problemas surgieran en otra parte. Esta vez, el tercer pedazo de su tutoría, que va desde el Puente Lo Saldes hasta Isabel Montt, equivalente a todo el borde de río que está detrás del parque Bicentenario. Hoy las máquinas mueven tierra a toda velocidad, pero las cosas no fueron fáciles en su partida. Desencuentros y declaraciones cruzadas dieron vida al segundo triángulo de la historia; esta vez entre Titanium, el MOP y la municipalidad de Vitacura. Esta última paralizó las faenas por considerar que la propuesta del MOP interfería con la construcción de la segunda etapa del parque Bicentenario. Acto seguido, la dirección de Obras del municipio canceló los permisos. Y en medio de la disputa, vino el cambio de gobierno de marzo de 2010.

Finalmente, la gestión de Hernán de Solminihac, el primer ministro de Obras Públicas de este gobierno, permitió destrabar el enredo. La autoridad se comprometió a que esta arteria cambiaría el nivel de su altura y, por tanto, quienes disfrutaran del parque no tendrían una molesta avenida interrumpiendo la vista hacia los cerros. Apretones de mano, planos nuevos y, 19 meses después, las obras pudieron reiniciarse.

Y la teleserie continúa

Medianamente resueltos los primeros tres kilómetros, aún queda por ver qué ocurrirá con los 10 que restan. Uno de los planes del MOP es que Costanera Sur se una subterráneamente con Costanera Norte a través de dos túneles de 500 metros de largo y dos pistas cada uno, por debajo del río Mapocho. La idea es quitarle carga a la Rotonda Perez Zujovic y asumir el mayor flujo vehicular que trajo a la zona el túnel San Cristóbal y lo que vendrá con Titanium y Costanera Center operando al 100%. Eso, pues todavía está dentro de su jurisdicción.

Aunque en la municipalidad aseguran que la calle tendrá semáforos y velocidad máxima de 60 kilómetros, los vecinos de Escrivá de Balaguer no quieren que se instale allí la Costanera Sur

Sobre este bypass están el plan, las intenciones del MOP y de Costanera Norte, los compromisos de palabra, los bosquejos iniciales y los artículos de prensa explicando la propuesta con meridiano detalles. Faltan los planos de ingeniería, dimensionar la inversión total y, por cierto, la fecha. Nada menor, ya que hasta que esto no se resuelva será imposible darles entrada a las retroexcavadoras que permitirán rediseñar la rotonda Pérez Zujovic.

Tampoco hay gran claridad con el pedazo Costanera Sur que vendría continuación y que va desde Isabel Montt hasta Américo Vespucio o Puente Centenario. Cencosud anunció que levantará el centro comercial Portal Vitacura en los terrenos que le compró a la orden Holy Cross el año pasado, junto al Colegio Saint George. Pese a que estará del lado poniente del río, presionando con más fuerza a Costanera Norte, en la municipalidad de Vitacura estiman que el efecto del mayor flujo también los golpeará del lado sur.

Paulina Ortiz, arquitecta y asesora urbanista del municipio, señala que ya están conversando no sólo con el grupo Paulmann sino también con los ministerios de Vivienda y Transporte para buscar una solución vial que les acomode a todos. Más todavía, cuando se viene el plan de mitigación vial que tendrá que presentar Cencosud. La arquitecta comenta que el MOP ha escuchado favorablemente algunas de sus propuestas: hacer un enganche más directo hacia la Costanera Sur por debajo de Américo Vespucio, y rediseñar el nudo Santa María/Américo Vespucio donde los semáforos que operan entorpecen el flujo. ¿Para cuándo todo esto? No se sabe.

El turno de Vitacura

Costanera Sur resolverá dolores de cabeza en el tramo de Avenida Andrés Bello que pasa por Providencia y le dará a Las Condes un parque público de cuatro hectáreas junto al borde del río que nunca imaginó tener. Sin embargo, para Vitacura las cosas no son tan promisorias, ya que esta futura avenida cruza su comuna en un trecho bastante más largo. De hecho, desde Isabel Montt en adelante Costanera Sur es sinónimo de Escrivá de Balaguer. Hoy, una calle de dos vías, residencial, de baja velocidad y enmarcada en su vereda norte por amplias veredas, ciclovías y restaurantes.

Las grúas operando tras el Parque Bicentenario pusieron la voz de alerta entre los vecinos, quienes rápidamente comenzaron a hablar de esta autopista que se levantaría enfrente de sus casas. Cartas a los diarios, arquitectos interviniendo en blogs especializados y un encuentro –el pasado 5 de octubre, entre el municipio y los presidentes de las juntas de vecinos– han marcado las últimas semanas. Hay tensión.

Sin embargo, el diálogo ha sido bastante sordo. Primero, porque no hay presupuesto ni autoridad hasta ahora que haya manifestado interés por levantar esta parte de Costanera Sur. Segundo, porque el único diseño disponible lo hizo la propia municipalidad para cuando se presente el momento de concretar Costanera Sur, y tercero, porque el municipio quiere para esta calle lo mismo que los vecinos. “Será gratuita, no tendrá características de autopista, con velocidad máximo de 60 kmph, semaforizada, con cruces de peatones, pensada para que los autos que se muevan en dirección oriente y poniente puedan virar sin problemas hacia las calles que la cruzan. No queremos que sea una viabilidad de paso hacia otras comunas, lo que queremos es que beneficie a nuestra comuna” es el resumen que hace Paulina Ortiz del proyecto.

Poniendo en la coctelera la necesidad de hacer realidad Costanera Sur, dejar satisfechos a los vecinos que bordearán la avenida y conseguir que la “inversión verde” de la comuna se mantenga, el municipio dividió su propuesta de Costanera Sur en cuatro tramos. El primero va desde el Puente Centenario hasta la rotonda Carol Urzúa, donde propone quitarles 1,5 metros a las veredas de ambos costados para hacer crecer la calle a 4 pistas. “Hay temor de que se trate de una autopista de alta velocidad, pero no es así. Se mantienen los semáforos, el acceso al parque y el barrio quedará integrado”, destaca Ortiz.

En la ribera sur del río Mapocho ya se empezaron a ver algunos trabajos. En la foto, los terrenos en la intersección de Isabel Montt con Avenida Bicentenario

El tramo que viene, y que terminaría en Padre Hurtado, sólo permite una pista por lado, pues los límites son el río y el club Sport Francés. De requerirse dos pistas más, el municipio propone hacerlo en forma subterránea. “Imposible generar cuatro pistas a nivel y no le quitaremos terreno al Mapocho”, resalta Ortiz, quien también destaca que de esto no hay nada aún. “El MOP ha escuchado con sordera y se trata de una propuesta a muy largo plazo”.

Sigue el tramo de Escrivá de Balaguer que llega hasta La Llavería. La propuesta aquí es la misma: aumentar las pistas de manera subterránea, ya que no están dispuestos a intervenir el parque que construyen frente a los edificios de esas cuadras y en el que ya se invirtieron cerca de 150 millones de pesos. Otro escenario es el que enfrenta Costanera Sur desde La Llavería hasta el límite comunal en el puente San Francisco. De partida, ya hay un compromiso formal por parte del ministerio de Vivienda y Urbanismo –firmado en su minuto por Patricia Poblete–, para permitir los trabajos en esta zona. Además, los propietarios de los terrenos, alrededor de 10 privados, saben que sus propiedades están sobre una futura avenida y ya casi todos los papeles de cesión se encuentran en regla. Lo único que faltaría acá son los dineros. La autoridad, en todo caso, no comprometió ningún monto aún.

Pese a esta total incertidumbre sobre el futuro de Costanera Sur, la voz de los vecinos se ha dejado escuchar con fuerza. Las opiniones están divididas. Los más inquietos son aquellos que viven entre Puente Centenario y Carol Urzúa, pues aseguran que al quedar frente a una avenida de estas dimensiones sus propiedades perderán valor. Por tanto, explica Sergio Stange, arquitecto urbanista y dirigente vecinal desde hace años, “Costanera Sur es un argumento para promover el cambio en el uso de suelo hacia servicios o comercio”.

Un segundo grupo de vecinos preo-cupados es el que vive en los edificios que están frente al nuevo parque, en el sector de La Llavería. Según explica Stange, lo que sienten es temor e incertidumbre respecto de que no se cumpla el compromiso de defender las áreas verdes recién plantadas.

¿Qué viene para adelante? Quizás sea momento de pensar en una segunda temporada.