Es considerada una escritora de culto. Y al leerla rápidamente se entiende por qué. La manera en que los textos de la cuentista estadounidense narran verdades feroces y situaciones complejas, de modo fino y burlesco, hacen de su escritura algo fuera de la común.

  • 9 octubre, 2019

Su voz es tan suave y delicada que la audiencia debe concentrarse y guardar total silencio para escucharla. Sus manos son blancas y no dejan de moverse mientras acompañan sus palabras. La escritora estadounidense Lorrie Moore (62) se dirige al auditorio de la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales, en el marco de la Cátedra en homenaje a Roberto Bolaño, el pasado 30 de septiembre. La escuchan atentas unas 250 personas, entre ellas, varios académicos de la misma casa de estudios y algunos escritores nacionales. Moore no es demasiado conocida en nuestro país, pero es una de las cuentistas contemporáneas más respetadas en Estados Unidos, bautizada por la crítica como la “Cheever femenina”. En Argentina también tiene una gran fanaticada, fue una de las invitadas estelares a la última edición de FILBA, y de paso visitó nuestro país. Ese día el escritor Diego Zúñiga la presenta con total admiración. Cuenta que Moore creció leyendo la Biblia y que a sus 19 años ganó su primer concurso de cuentos. Zuñiga menciona también el libro de la autora que compila las críticas de cine y televisión que escribió durante años para distintos medios de comunicación, y destaca cómo su pluma hace que den ganas de volver a ver Titanic. Entonces entra Moore en escena y su voz envuelve el ambiente, al igual que su voz literaria invade las páginas de ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas?, novela publicada en 1994 y ahora reeditada por Eterna Cadencia. “Quiero que mi escritura suene en los oídos de los lectores. Creo que una novela no se trata solo de preguntas, sino del sonido que estas tengan”, explica la autora al público.

“Que el amor se acabe no tiene por qué determinar toda su narrativa. El amor por definición pasa por transformaciones. El amor hacia un hijo cuando es niño, adolescente o adulto, también cambia”

La charla intenta responder “¿Qué es una novela”?, y en su armónica presentación, al igual que en su literatura, va dejando caer una serie de afirmaciones brutalmente sinceras y cargadas de un agudo sentido del humor. “La vida es un regalo que a menudo resulta intolerable”, “una novela es un refugio para atravesar cualquier tipo de invierno”, “se aprende más de la vida tomando gin que siguiendo a una chica en Instagram”, “la diferencia entre el sexo y el amor, es que uno nunca sabe si está enamorado pero no cabe duda que está teniendo sexo”, “¿quién no querría leer la historia más triste del mundo? –y no así la más feliz–”. Saca muchas risas, aplausos y una considerable fila que quiere llevarse uno de sus libros firmados.

“Siempre ha habido fake news”

El día anterior a su presentación en la UDP, Lorrie se instala en el lobby del hotel Cumbres, en pleno barrio Lastarria. Afuera el día está frío y gris, pero mientras posa para las fotografías de esta entrevista, la escritora asegura que disfruta este clima. También comenta que le encanta conocer nuevos autores y que quiere llevarse una lista de escritores chilenos porque solo ha leído a Roberto Bolaño. Viene llegando de Buenos Aires y quedó muy impresionada con los cuentos de la trasandina Samanta Schweblin. “Empecé a recibir comentarios de mis estudiantes, luego de una colega y de Richard Ford, asegurándome que mis libros eran muy leídos en Argentina. Me pareció tan extraño que le pregunté a mi agente si eso le hacía sentido, y me dijo que no (ríe). Ha sido una gran sorpresa”, comenta la autora explicando qué la trajo a este extremo del mundo.

El verdadero nombre de Lorrie es Marie Lorena Moore. Nació en Glen Falls, Nueva York, en 1957. Estudió en la universidad de St. Lawrence y luego se matriculó en un programa de la Universidad de Cornell. Su primera publicación fue la colección de cuentos Auto-Ayuda (1985) y la primera de sus historiaque apareció en The New Yorker, se tituló “Además, usted es fea” y fue incluida en Los mejores cuentos americanos del siglo, editados por John Updike. Sus novelas son Anagramas (1986), ¿Quién mantendrá el hospital de ranas? (1994) y Una puerta en la escalera (2009). También ha escrito cuentos infantiles, ensayos y críticas. Como académica, Moore ha dado clases en Cornell, Michigan, Princeton y NYU.

-Sus lectores dicen sentirse escuchándose a ellos mismos a través de su escritura, no importa cuán diferente sean sus vidas. ¿tendrá que ver con su sinceridad?

-Espero. Creo que de eso se trata mi trabajo. En ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas?, se narra la intensidad de la amistad femenina adolescente, algo que es atemporal y que siempre ha existido. Hay muchas emociones capturadas y cuando uno se da cuenta de que no es una freak, que hay gente que ha tenido experiencias parecidas a uno o que al menos las entienden, se siente menos sola. Al escribir, asumo que suficientes personas estarán interesadas en la historia. A veces aciertas. Y si tienes suerte, aciertas todo el tiempo.

-En esta novela –y en otros de sus relatos– hay una especie de incomodidad permanente, ¿cree que esa sensación es inherente al ser humano?

-Sí, pero es una incomodidad que sube y baja. Por eso el libro acaba con una escena que se eleva por sobre los problemas de algún personaje o de un tiempo particular. Uno como escritor crea un espacio de ficción donde las cosas se resuelven a escala de sueños. En el amor y en las relaciones humanas, creo que lo esencial es permanecer genuino y sincero.

-Pero eso puede no ser tan fácil en estos tiempos en que estamos rodeados de información y fake news.

-Yo creo que siempre ha habido fake news. Antes no había internet, pero existían igual. Internet sigue siendo desconocido en términos de cómo nos va a afectar. Los jóvenes están permanente conectados, pero todavía no sabemos bien en qué clase de adultos se convertirán. No sabemos qué pasará con esos niños que pasan un montón de tiempo conectados, con sus cerebros formándose a partir de pantallas. En Estados Unidos le llamamos generación i: iPhone, iTunes, iPad. Y hay algo de preocupación al respecto (ríe con sarcasmo).

“Creo que siempre ha habido fake news. Antes no había internet, pero existían igual. Internet sigue siendo desconocido en términos de cómo nos va a afectar. los jóvenes están permanente conectados, pero todavía no sabemos bien en qué clases de adultos se convertirán”.

-¿Cree que el humor es un mecanismo de defensa eficiente?

-Puede ser, pero también es certeza de sobrevivencia. Cuando quieres salir del círculo de las preocupaciones y el dolor, la mente rápidamente encuentra el ángulo divertido para sobrevivir. El humor tiene la capacidad de suavizar el aterrizaje.

-¿Se considera una persona divertida?

-(Ríe) No siempre, a veces. Pero no soy la persona más divertida que conozco. Mi primer libro, Anagrama, está lleno de chistes y algunos de mis cuentos también. Pero mis dos novelas no son particularmente divertidas. Aunque a algunos les parezca que sí. Y tengo un montón de amigos muy graciosos, ¿para qué irías a pasar tiempo con amigos que no lo sean? Es la manera de conectar con otros y de sobrevivir. Pero también quieres poder hablar de cosas serias. Lo mejor es tener algo de las dos.

De Trump y el sinsentido

-Dará una conferencia llamada “¿Qué es una novela?”. ¿Existe una respuesta? ¿Hay un momento en que se percata de que su cuento se transformará en novela?

-Me preguntan mucho eso, porque me imagino que otros escritores funcionan así. Se sientan a escribir una historia que se convierte en novela o se sientan a escribir una novela que termina siendo un cuento. Eso nunca me ha pasado, siempre sé si es una historia o una novela.

-¿Tiene clara toda la historia desde que empieza a escribirla?

-No toda, pero bastante. A veces se alarga o se acorta. Siempre supe que ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? era una novela, pero pensé que sería más larga. De repente se me acabó y no quise agregar nada más. Me pareció que así debía quedar, fue una sorpresa para mí.

-En algunos de sus ensayos personales abre su intimidad, y me imagino que eso ha tenido consecuencias, ¿cómo maneja el poder contar su historia sin afectar a los demás?

-La mayoría de mis ensayos suelen ser piezas de críticas más bien literarias, pero tengo una pieza sobre un documental que habla del sistema legal en Wisconsin. Después de que se publicara, la gente de ahí me reprochó el haber sido tan dura.

-¿Eso le afecta?

-No, solo pensé que era muy tonto (ríe). Yo he vivido mucho en pequeñas localidades y ahí sienten que el rol del escritor es celebrar el lugar, pero eso frecuentemente no es el enfoque del autor que persigue las hipocresías y batallas de las personas que viven ahí. En cambio, si vas a Nueva York; nadie es de ahí, a nadie le pertenece, y si hablas pestes de la ciudad, a nadie le importa.

-En tiempos de Donald Trump pareciera que la política está rozando directamente los derechos humanos. ¿Siente que se trata de un momento crucial para su país?

-Estados Unidos ha tenido una historia bastante terrible, con esclavitud y problemas serios de racismo, pero nunca habíamos tenido un presidente tan mal educado y sin experiencia. Creo que Trump ni siquiera quería ser presidente, fue una aventura y parte de un show de televisión. Qué pesadilla. Nuestro sistema electoral es tan raro, que perdió por tres millones de votos, pero ahí está. Y no es corrupción.

-¿Le parece un sinsentido?

-Sí, pero un sinsentido avalado por un sistema que data del siglo XIX y que les otorga más poder a los estados que a las personas. Y en lo que respecta a la Constitución, se ha transformado en una maldición que permite que existan todas estas armas amparadas por una costumbre de 1800, cuando los locales querían protegerse de soldados ingleses. Ahora tenemos más armas que ciudadanos. Estados Unidos siempre ha sido un país conflictivo, pero habíamos tenido mandatarios dignos. No voy a defender a Trump: dice cosas terribles en Twitter, es ridículo y ofensivo. Todo eso es nuevo, pero las políticas que se discuten no. Bueno, lo de los niños encerrados en jaulas sí es un poco nuevo. Hasta Obama, que yo adoro, tenía una política de deportaciones y conflictos asociados a la frontera. Trump es obsceno, incompetente y mentiroso, pero un montón de gobernantes también lo son.

-Dice ser una defensora del amor a pesar de los corazones rotos, ¿todavía cree que el amor puede ser para siempre?

-No, para siempre no. El amor romántico cambia y se transforma en distintas cosas. Y que el amor se acabe no tiene por qué determinar toda su narrativa. El amor por definición pasa por transformaciones. El amor hacia un hijo cuando es niño, adolescente o adulto, también cambia. Como profesora me toca ver que mis estudiantes no creen en el amor de la misma manera que mi generación. Cuando yo era joven, todos queríamos amar y ser amados. Ahora no solo no es prioridad, sino que los jóvenes sienten que es un obstáculo para su realización profesional.