Loreto Garrido, 52 años. Madre de un alumno de I medio del Instituto Nacional y empleada de una fábrica de confección de uniformes

  • 24 octubre, 2019

«Eran las 4:00 pm del jueves 17 de octubre cuando, desde estación República, Línea 1, esperaba el metro para ir a mi casa en Maipú. En el andén con dirección a Las Rejas había más de cien carabineros de Fuerzas Especiales tratando de contener a los estudiantes, que por esos días estaban evadiendo el pago del pasaje.

De pronto veo que una adolecente de contextura más o menos gruesa intenta pasar el torniquete y es abordada por una carabinera con una actitud muy represiva. Espontáneamente me interpongo entre ellas y detengo a la oficial que actuaba con una fuerza desmedida. Me salió esa leona que todas las madres llevamos dentro. Me imaginé a uno de mis hijos en esa situación y no me pude controlar. Le grité que parara y le expliqué que ellos estaban desarmados y que la evasión era su forma de protestar. Intervení porque era lo que correspondía hacer frente a la desigualdad de condiciones, por esta razón me puse entre los estudiantes y los carabineros, para dejarlos pasar y que no fueran golpeados. La reacción de los chiquillos fue inmediata. Todo el andén gritaba “¡Aguante, Tía!”, “¡Gracias, Tía!”. Y eso me dio más fuerza para seguir ayudándolos a pasar por debajo de los torniquetes. Jamás he apoyado la evasión por servicios prestados, ya que corresponde pagarlos siempre. Reaccioné al abuso de poder y de reacción de los uniformados hacia quienes no están cometiendo un delito, sino una falta.

No avalo la violencia bajo ninguna circunstancia. Como padres, siempre pensamos en que nuestros hijos estudiaran en colegios con conciencia social y calidad educacional. Mi hija mayor egresó del Liceo 7 de Providencia; el segundo, del Liceo Lastarria y el menor cursa primero medio en el Instituto Nacional (IN). Para mí fue un tremendo orgullo que lo aceptaran, sabiendo que no era cualquier colegio emblemático, porque las tomas, los paros y todas las demandas estudiantiles comienzan ahí. La comunidad institutana es ‘un Chile chico’ donde se visibiliza la sociedad real. Es un colegio en el que hay diferentes clases sociales y contextos políticos. Hay diversidad en términos de identidad sexual, distintos tipos de familias y un gran porcentaje que viene de fuera de Santiago.

Sin embargo, por dentro es muy distinto al que cualquiera pudiera imaginar. No hay profesores estables y si se pierden clases, no hay quienes puedan hacer los reemplazos. El sostenedor no es capaz de mirar más allá de sus narices e identificar que la crisis del instituto es enorme y que va más allá de la violencia y de los grupos organizados. El anterior rector no fue capaz de tomar decisiones importantes pensando en el bien común de toda la comunidad, mientras los tres centros de padres no han logrado unirse y velar por una comunidad integrada, porque los supera su ambición de poder. No han podido ordenar la institución por dentro y devolverle la calidad y capacidad de entregar conciencia social a sus alumnos. Me da pena pensar que mi hijo menor no reciba la misma formación que los dos más grandes.

Los alumnos del Instituto Nacional son inteligentes y con gran sentido social, pero se han visto frustrados y pasados a llevar en sus derechos. Ellos luchan por tener salas limpias, profesores comprometidos, baños decentes y poder reunirse y debatir sin miedo a las represalias. No quieren salir al patio y ver a Fuerzas Especiales. 

Sé que hay encapuchados anarquistas. Los he visto con mis propios ojos, pero es una lástima que no den la cara. Se ve en una verdadera crisis, de familia, de autoridad, de formación humana. Me he cuestionado mucho la educación que están recibiendo, ya que no existe la pregunta de saber qué tipo de personas están formando. Y eso me tiene triste, muy triste.

Creo honestamente que esta inquietud que se está viviendo es muy potente, ya que esto comenzó con la movilización de los alumnos del Instituto Nacional el lunes 14 de octubre. Esto es poderoso para el alumnado, pero la mirada es compleja sobre qué pasará con el retorno a clases». 

Felipe Alessandri: “Hay una bronca acumulada por años”

«Creo que los ciudadanos no han recibido el mensaje que el gobierno y los políticos le quieren dar, de recuperar el diálogo en un ambiente de paz y tranquilidad. Hay en ellos una bronca acumulada por años porque ven que Chile ha crecido muchísimo, pero se dan cuenta de que el progreso no les está llegando. Gobiernos de derecha e izquierda se han demorado en llegar con soluciones para ellos y sus familias. Y los violentistas –oportunistas– ven la posibilidad de visibilizarse. Yo creo que ellos son personas que necesitan ser vistos, porque ni sus padres ni amigos los ven. Es una oportunidad de llamar la atención». Lee su visión aquí.