Si hay alguien que descoloca en la derecha, ese es Pablo Longueira. Por cascarrabias, por crítico, porque sigue siendo el líder de la UDI, porque tiene olfato, porque es reconocido como animal político, porque se arranca con los tarros, porque conoce los hilos de este mundillo a la perfección. Un mal necesario para La Moneda, dicen por ahí. Aquí, el nuevo jefe de los senadores UDI explica por qué para ayudar al gobierno, le saca la mugre. ¿Cuándo va a estar contento? “Si logramos una estructura en la conducción política que no fabrique autogoles”.

 

 

 

  • 18 abril, 2011

 

Si hay alguien que descoloca en la derecha, ese es Pablo Longueira. Por cascarrabias, por crítico, porque sigue siendo el líder de la UDI, porque tiene olfato, porque es reconocido como animal político, porque se arranca con los tarros, porque conoce los hilos de este mundillo a la perfección.

Un mal necesario para La Moneda, dicen por ahí. Aquí, el nuevo jefe de los senadores UDI explica por qué para ayudar al gobierno, le saca la mugre. ¿Cuándo va a estar contento? “Si logramos una estructura en la conducción política que no fabrique autogoles”. Por María José O’shea; fotos, Verónica Ortiz.

 

El miércoles pasado –como todos los miércoles en los últimos años–Pablo Longueira llegó a su casa a comer con su señora y sus hijos. Horas antes, se había enfrascado en un duro debate con la Concertación en el Senado por la llamada Ley del súper 8. Y él se lo saboreó. Le gusta eso de arrinconar al adversario político.

Pero en su casa sí que lo esperaba un notición que lo dejó fascinado: Longueira será abuelo.

-¿Le vino el viejazo?
-Para nada. No sé cómo alguien se puede sentir tan joven a pesar de que le han dicho que va a ser abuelo. Estoy feliz, viviendo una época cincuentona y, en lo político, cerrando una etapa muy importante de mi vida, que es haber estado 30 años en esto. La cierro intentando contribuir en estos 3 años que me quedan –a través de mi rol como jefe de senadores de la UDI– a que se consolide una nueva generación que conduzca a la centroderecha.

-¿Ahora sí que se va de la política? Lo ha dicho varias veces.
-Es que, aunque nadie me crea, esta no es mi vocación. Recuerdo el día en que Jaime Guzmán me planteó que lo ayudara a construir un partido, y de eso han pasado 30 años… Y estos son los últimos tres. No hay vuelta atrás. -¿Qué va a hacer? -Voy a tener 55 años y supongo que tendré la misma energía. Una vez conversando de esto con mi señora, le dije que probablemente me va a ver igual de poco que me ha visto en la política.

-Ahora que menciona a Jaime Guzmán, ¿qué le pasa cuando recuerda el episodio –durante el caso Spiniak– en el que dijo que él le había hablado? Eso pasó a ser parte del colectivo…
-La gente bien intencionada tiene muy claro que fue un error de lenguaje, y los que piensan mal, lo usan con mala intención. Yo me lo tomo con naturalidad, porque ni siquiera el periodista de la radio enganchó. O sea, si yo le digo que hablé con Jaime, me preguntaría “cómo, a qué hora, dónde, etc…”. Se sacó de contexto un error lingüístico, porque él me había preguntado qué creo que habría hecho Jaime en una situación como la que estábamos viviendo.

¡Ojalá Jaime me hablara! (se ríe).

-Mucha gente lo empezó a tomar por loco a partir de ese episodio…
-Claro, porque además hay que ubicarlo en el contexto en que estábamos. La adversidad comunicacional que enfrentábamos, en que los medios le daban tribuna desatada a la mentira, era una situación muy compleja.

-¿Ha sido la época más estresante de su vida política? ¿Tomó alguna pildorita, aunque fuera para dormir?
-Nunca he tomado una píldora, porque siempre he creído que el cuerpo te avisa. Y prefiero que el cuerpo me avise. Si uno empieza a parar los avisadores del cuerpo, no llegas a las causa de lo que está pasando. Es decir, cuando estoy durmiendo mal es porque el cuerpo me avisa que tengo que bajar el ritmo y cambiar ciertas cosas.

-¿Y por dónde le avisa a usted su cuerpo? ¿Colon, hígado, jaqueca…?
-Me basta el aviso que me da todos los días el espejo cuando me miro las ojeras…

Muchos éxitos y malas encuestas

“A Pablo le volvió el alma al cuerpo”, comentan en la UDI. Esto de ser jefe de los senadores, pero con acceso al comité político de La Moneda, lo tiene en llamas. No tiene problemas en reconocer que le habría encantado ser ministro, pero ya que no lo es, encontró en este rol una forma de entrar a la cocina política del gobierno que, en su visión, está revolviendo muy mal la olla. Y su estrategia hoy, dice, es lograr que la UDI, RN y el gobierno trabajen para el mismo plato. Todo, “por el bien de Chile”. Sin agenda personal, asegura:

-Había tomado la decisión de no volver a asumir cargos relevantes, pero estoy feliz de poder trabajar para que este no sea un paréntesis de cuatro años. Soy parte de una generación de dirigentes de la derecha que, si bien hemos cometido muchos errores, fuimos muy exitosos. No fue casualidad para mí que el triunfo de la derecha en el gobierno haya coincidido en la misma elección con el momento en que la UDI y RN se convirtieron en los partidos más grandes de Chile.

-Pero vaya que les ha costado ser gobierno…
-Creo que ha sido difícil asumir una responsabilidad, porque no se construyó un necesario afiatamiento entre los partidos y el gobierno desde el momento de la instalación en La Moneda. Eso fue un error que se ha ido manifestando en muchos episodios durante el año, en que esa falta de coordinación, de trabajo en equipo, ha generado episodios que llegan a empañar lo que ha sido un muy buen gobierno. Los indicadores de delincuencia se redujeron, los del SIMCE mejoraron notablemente, se eliminaron las colas en Salud, se enfrentó un terremoto y se está creciendo al 6%, se presentó el proyecto del postnatal y se eliminó el 7% de los jubilados…. Esta falta de análisis político, de planificación, no puede seguir. Es absurdo que el presidente tenga los resultados en las encuestas que tiene con todos estos éxitos del gobierno. Hay un déficit de comunicación política.

-¿Y este va a ser su foco ahora?
-Sí. De alguna forma, todos estos éxitos que nombramos se transmiten en política en la medida en que la gente de nuestro sector se sienta involucrada, interpretada. Esto ha sido un problema. En la política, la infantería, el partidario, cumple un rol muy importante: si no es capaz de repetir por qué encuentra bueno su gobierno, es difícil. Nosotros no podemos terminar estos cuatro años sin que la gente pueda repetir en dos palabras la esencia de lo que hicimos.

-El famoso del problema del relato…
-Claro, por ejemplo, que lo que quede sea “crecimiento con libertad”, un concepto muy propio de nuestro mundo y que se puede aplicar en la educación, el trabajo, el transporte, etc. Es algo con lo cual se puede ser coherente.

-No como “la nueva forma de gobernar”, dice usted.

“Es absurdo que el presidente tenga los resultados en las encuestas que tiene con todos estos éxitos del gobierno. Hay un déficit de comunicación política”.

-Esa frase siempre la encontré muy arriesgada, es algo muy complejo de cumplir permanentemente, a pesar de que sí hay un nuevo sello en la forma de hacer las cosas. A mí me gustaría algo que dijera “hoy soy más libre, con la derecha elijo más”.

-Pero ahí la pregunta obvia es: ¿y por qué no puedo elegir, entonces, si abortar o no? ¿O casarme con un hombre o con una mujer?
-A lo que voy es a lograr que nuestro proyecto social se enmarque en esa libertad. Una persona que gana el sueldo mínimo no es libre, porque no elige nada: ni dónde vivir, ni dónde estudian sus hijos, ni dónde se atiende cuando está enfermo. No tiene libertad de elegir lo básico. Yo me refiero a ese mundo, no a las ocho manzanas. Además, si no se construye este referente, cada uno sigue actuando en su trinchera. Los líderes de RN y la UDI deben entender que tienen dos preocupaciones hoy: la representación de sus partidos y lo colectivo. Y tienen que supeditar lo primer a lo segundo. Y en el caso del gobierno, también tiene que dejar de hablar de nosotros “y ustedes”, refiriéndose a los partidos.

-¿Qué recepción ha tenido en el gobierno este planteamiento? ¿Cree que puede haber un cambio?
-Hay una cierta edad en que uno ya no cambia. No se trata de que cambien las personas, sino que institucionalicemos un funcionamiento entre quienes asumimos ciertas responsabilidades. Cada uno tiene muchos defectos y virtudes, pero tenemos que enfrentar las debilidades de forma común, con un relato. Y habiendo éste, le ponemos una plataforma a todas las opciones presidenciales que tiene la derecha para 2013.

-¿Sin relato no hay continuidad?
-Puede haber igual por cosas coyunturales, pero dificulta el hecho de que no haya. Tenemos que instalar una idea fuerza que haga que ganemos las municipales del próximo año. El que gana esa elección se queda con la presidencial.

-¿Cuándo va a estar satisfecho Longueira?
-Me sentiría contento si logramos una estructura en la conducción política que no fabrique autogoles. No podemos tener ruidos en nuestro propio sector. He visto una muy buena recepción en La Moneda. Al final, todos trabajamos para que al gobierno le vaya bien. No es fácil hacer este cambio, pero estamos todos conscientes de que hay que hacerlo. El diagnóstico lo compartimos todos, y eso es bueno para empezar a construir algo común.

-¿Y es positivo que usted plantee ese diagnóstico en la prensa, si ya se lo ha dado en privado al presidente?
-Es fundamental. Lo más importante, cuando se hace un análisis, es que tu mundo lo conozca y te encuentre la razón, porque eso genera las energías para cambiar. Esto no es ser díscolo, porque ese es el que hace críticas sin argumentos con el solo objeto de salir en los medios.

-¿Nadie le reprochó en el gobierno su entrevista en Tolerancia Cero?
-Nadie. Es posible que muchos tengan críticas, porque puedo haber cometido muchos errores, pero no me lo han dicho. Al contrario, muchos me dicen que qué bueno que lo diga, porque todos sienten más o menos esta misma angustia.

-¿Los parlamentarios?
-Ministros, parlamentarios…

-¿Pero qué va a ser ahora?¿Un nexo político entre el gobierno y el Congreso, el operador de La Moneda?
-Ninguna de esas cosas. Soy uno más de un colectivo. Lo que quiero lograr es que lo más pronto posible el gobierno deje de hablar de ustedes y nosotros.

-Pero, por ejemplo, si La Moneda le pide que saque adelante un proyecto en el Congreso y para eso tiene que pasar sobre la UDI, ¿lo hace?
-Es que ese es el escenario que no tiene por qué darse. Eso es lo que llamo autogoles.

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“Apoyaré a Hinzpeter en todo lo que me pida”

-¿Está camiseteado ahora con Piñera?
-Estoy camiseteado con lo que he hecho toda mi vida: construir una derecha política. Tenemos que jugarnos todos para que el gobierno del presidente Piñera sea el mejor. Y claro que tengo puesta la camiseta a concho, pero eso no significa convertirse en un yes man. Actuar bien en política significa también saber cuándo hablar y dónde hacerlo para producir los cambios necesarios.

-¿Pero hoy Piñera puede encontrar en usted un aliado?
-Nunca lo he dicho así, pero es bueno que la gente lo entienda: yo he sido siempre aliado de Piñera. Soy aliado de lo que más le conviene a Chile. Para mí Piñera era lo que necesitaba Chile y me jugué para que la UDI lo apoyara.

-¿Y sigue siendo lo que Chile necesita?
-Por cierto que es un gran presidente. Y él sabe que siempre he estado dispuesto a colaborar. No es que tenga un aliado ahora, lo va a tener siempre.

-¿Qué garantías tiene Piñera de que usted no se va a ir, como pasó en la campaña presidencial cuando se fue del comando?
-Yo me fui por él. Había una tensión feroz por la eventual competencia de Rodrigo Alvarez y Nicolás Monckeberg, lo que amenazaba con empañar la campaña presidencial. Piñera contó que había intentado por todos los medios que su partido bajara a Monckeberg, pero no quisieron. Entonces, yo me fui del comando para provocar ese cambio. Y RN finalmente bajó a Monckeberg. Lo hice por el triunfo de Piñera, porque esa contienda en Providencia le hubiera rayado la pintura.

-¿Cómo está su relación con el ministro Rodrigo Hinzpeter?
-Bien. El comparte las preocupaciones que he planteado. Como ministro del Interior, él quisiera que no ocurrieran estos autogoles…

-Pero él tiene a su cargo la conducción política del gobierno, la que podría haber evitado estos autogoles que usted señala.
-Tenemos que coordinarnos más con el ministro, porque él tiene dos responsabilidades muy relevantes. La primera es la seguridad ciudadana, al cual la tiene que dedicar mucho tiempo y lo ha hecho en forma notable, brillante. A lo mejor, eso mismo lo ha hecho descuidar una coordinación política que también es parte de su responsabilidad. Entonces, nosotros tenemos que apoyarlo en esa dificultad, porque es fundamental que se siga volcando con fuerza al combate de la delincuencia. Yo lo voy a apoyar en todo lo que me pida.

-En la Concertación comentan que el jefe de gabinete tiene nula relación con ellos…
-Es parte también de lo que queremos construir. En política son muy importantes las complicidades, los diálogos con los dirigentes opositores. Se gobierna mejor con una buena relación. Ahora, esto también ha sido difícil, porque la Concertación está en el peor de los mundos. No tiene cómo construir un relato común, porque tienen visiones completamente distintas de sociedad. Los unió el rechazo a Pinochet y después, el poder. Hoy no saben qué hacer. Solo se volverán a unir para pedir que vuelva la ex presidenta Bachelet.

-Pero usted, según a lectura que hizo la Concertación, dio a entender en Tolerancia Cero que lo que ahora importa es la continuidad y, por ende, la política de los acuerdos no tiene sentido.
-Si esa es la reacción a lo que he planteado, me parece un profundo error. No concibo un gobierno que no construya la continuidad desde el primer día. Las campañas presidenciales nunca se paran, son permanentes.

Presidencial: a firmar protocolo con RN

-¿Y cómo ve a las figuras presidenciables de su sector: Lavín, Hinzpeter, Golborne, Allamand, Matthei?
-Cuando se asume el gobierno, se asume también que los candidatos van a saltar del gabinete. El resto de la dirigencia no tiene ninguna posibilidad de competir con una tribuna de esa magnitud.

-¿Y siente que a usted se lo fregaron al dejarlo fuera? Así no hay posibilidad presidencial…
-Para nada. Cuando a mí me preguntaban si quería ser ministro, decía siempre la verdad: que me hubiera encantado, que era mi sueño, porque quería hacer realidad todo lo que había construido estos años. Pero la única razón por la que no quería ser ministro es precisamente porque me llevaría al club de los presidenciables y yo no quiero estar ahí. No me interesa. Ahora, pienso también que ese no es motivo para restarse a asumir un ministerio. Y si se da, como en el caso de Laurence, que se proyecta como presidenciable, tiene que asumir esa responsabilidad, no más.

-¿Va por ahí el candidato de la Alianza?
-Yo firmaría rápidamente un protocolo presidencial que señale que nos vamos a lo que más nos convenga. Por ejemplo, que diga que si hay un candidato que esté disparado 15 puntos sobre otro, nos vamos con ese y no hay primarias. Y si están todos parecidos, habrá primaria.

-Eso dista mucho de lo que ha planteado el presidente UDI, que dice que ahora “le toca” a su partido.
-En política hay que ganarse las opciones. Si la UDI no tiene posicionado un buen candidato presidencial, no puede pasar por caja a cobrar el cheque.

"Este es el quinto gobierno de centroderecha post Pinochet”
-Para muchos, este gobierno ha sido el mejor de los de la Concertación, aludiendo a ciertas medidas como la reforma tributaria, el postnatal, y una práctica más bien asistencialista. ¿Es así la derecha que hoy gobierna?
-Este es el quinto gobierno de centroderecha después del gobierno militar. Desde el punto de vista de las ideas económicas, los gobiernos de la Concertación fueron de centroderecha. Continuaron perfeccionando el modelo económico después del gobierno militar. Respetaron la independencia del Banco Central; privatizaron las autopistas, los puertos, las sanitarias; siguieron bajando los aranceles, firmando tratados de libre comercio con las regiones y países mas relevantes para nuestro comercio; aprobamos la regla del superávit fiscal; se introdujo la alta dirección pública; se perfeccionó el sistema previsional chileno… en fin, podría seguir nombrado muchas mas realizaciones que son propias de un ideario de derecha y no de izquierda. La Concertación colapsó por la gestión pública y no por sus realizaciones.

-¿Qué les diría a los empresarios y miembros de la derecha liberal que se jugaron por este gobierno pensando que habría un Estado chico, menos gastador, más libertario?
-Que lean nuestro programa de gobierno, porque nos comprometimos a que hubiese un Estado eficiente y al servicio de la gente. Hay partes en que sobra Estado, pero hay otras, donde falta Estado. De igual forma con el gasto. Hay que gastar bien. Por lo tanto, esa visión de que hay que reducir el Estado por reducirlo y disminuir el gasto por reducirlo, es parte de una visión que no existe hoy en la derecha política. El mejor ejemplo es lo que acaba de ocurrir con la solicitud de fusión de Nestlé con Soprole. A muchos de los que piensan así no les gusta que el Estado impida esa fusión. Ahí la presencia del Estado genera más libertad. Hay veces en que la ausencia del Estado significa menos libertad. Es por ello que nuestro compromiso es modernizar el Estado para hacer una sociedad de hombres mas libres.

Desafíos: malla energética y fin de la ordinariez de la TV
1. Un gran acuerdo nacional para tener una malla energética para los próximos 40 años. No puede seguir discutiéndose un tema de tanta importancia estratégica para el desarrollo del país en la forma en que lo estamos haciendo.

2. Una política de integración regional en que resolvamos definitivamente nuestros temas con Bolivia y Perú. Uno de los mayores problemas del país es la caída en la natalidad. Nuestra población se estancará. Si seguimos creciendo a tasas del 6% y mantenemos nuestras actuales tasas de natalidad, el mayor conflicto que tendremos en nuestro país serán las políticas migratorias. Necesitaremos mano de obra que vendrá principalmente de los países latinoamericanos y, especialmente, de nuestros vecinos. Todo esto se agravará mientras más populistas de izquierda lleguen a gobernar en nuestra región, como podría ocurrir con un eventual triunfo de Humala.

3. La distribución del ingreso. Este es un tema estructurante que requiere cambios relevantes en la calidad de la educación y una estructura tributaria que permita que el indicador Gini que mide estas desigualdades empiece a mostrar un cambio en la tendencia. La estabilidad social de Chile dependerá de nuestra capacidad de sacar a los chilenos que aún viven bajo la línea de la pobreza y del mejoramiento de nuestra distribución del ingreso.

4. Finalmente, y aunque pague un costo personal por decirlo, creo que no alcanzaremos nunca los niveles de desarrollo de los países de la OCDE con la televisión que tenemos. La mediocridad, la ordinariez, la vulgaridad, la frivolidad han llegado a límites inaceptables. Los pueblos se educan a través de los medios masivos de comunicación. En los noticieros nos deprimen y después nos atontan. El lunes pasado participé en un congreso con 800 jóvenes organizado por un grupo llamado Ideapaís y me llamó la atención el aplauso que obtuve cuando planteé esta idea. Si queremos que los chilenos algún día actuemos parecido a como actuaron los japoneses frente al mismo fenómeno de la naturaleza que vivimos ambas naciones, será imposible con la televisión que tenemos. Las concesiones televisivas tienen una responsabilidad social.

5. El desprestigio de la política y la aprobación del voto voluntario. Me preocupan el creciente desprestigio y falta de valorización de las instituciones fundamentales de la democracia, como son los partidos y el Congreso. Y tengo el temor de que la reforma que terminó con el voto obligatorio en el tiempo nos llevará a que voten aún menos personas de las que hoy lo están haciendo. Votar es un derecho y un deber. Lamentablemente, con el voto voluntario nuestra democracia se va a elitizar.

“Como que ahora tengo más fe”
-¿Cómo le han impactado los casos de abuso en la Iglesia?
-Me parece fantástico que limpiemos la Iglesia. En 300 años más, van a mirar para atrás y decir que en el siglo 21 la Iglesia sacó a todos los pedófilos pa’ fuera.

-¿Conoció a Karadima?
-No. Me enteré de todo esto por la prensa. Yo estoy optimista con lo que está pasando, porque creo que son los signos de los nuevos tiempos. Hoy la modernidad exige transparencia y ya no se pueden esconder este tipo de conductas en el sacerdocio. Me pasa al revés, como que tengo más fe. Nos va a haber tocado vivir un momento histórico.

-Usted tiene a sus hijos en el colegio Cumbres, ¿cómo fue enfrentar lo de Maciel?
-Muy fácil, porque les he dicho siempre lo mismo: no hay que ser fanático de nada. No creo en los ismos: ni en el marxismo, ni humanismo, ni laguismo, ni nada. El único ismo que ha durado 2 mil años es el cristianismo. Y hay que preguntarse por qué ha sido así.