Imagine una mezcla de aserrín, bacterias y lombrices en una piscina cuadrada. Podría sonar a experimento escolar, pero es la combinación perfecta para tratar las aguas servidas con residuos sólidos, tanto en forma domiciliaria como industrial. El modus operandi es el siguiente: entran los residuos por arriba y mientras bajan empiezan a trabajar microorganismos que degradan la materia orgánica. “El resultado es agua limpia que sirve para regar a nivel industrial y que incluso se podría potabilizar, pero a otro costo”, explica Matías Sjogren, gerente general de Biofiltro.

  • 10 marzo, 2011

Imagine una mezcla de aserrín, bacterias y lombrices en una piscina cuadrada. Podría sonar a experimento escolar, pero es la combinación perfecta para tratar las aguas servidas con residuos sólidos, tanto en forma domiciliaria como industrial. El modus operandi es el siguiente: entran los residuos por arriba y mientras bajan empiezan a trabajar microorganismos que degradan la materia orgánica. “El resultado es agua limpia que sirve para regar a nivel industrial y que incluso se podría potabilizar, pero a otro costo”, explica Matías Sjogren, gerente general de Biofiltro.

A diferencia de las plantas de tratamiento convencionales -cuyo residuo fi nal es un lodo contaminante-, Biofi ltro produce un abono orgánico. Otra de las ventajas es que su instalación cuesta la mitad que una planta tradicional y el costo de operación es un 70% más bajo. “Esta es una solución ideal para lugares con pocos recursos. Nos hemos adjudicado muchos proyectos municipales, como colegios o conjuntos de viviendas, y ahora vamos a presentar la iniciativa a nivel gubernamental”, adelanta Sjogren.

Hasta hoy, ya han montado 200 plantas, incluso en Nueva Zelanda y España, y el próximo paso es el desembarco de las lombrices en la India. “Estamos invitados por ese gobierno para construir una planta piloto”, nos revela el gerente.