El primer ministro británico, Boris Johnson, trajo de vuelta la figura del político y literato inglés, del que se reconoce gran admirador. En Chile hay un grupo de seguidores que conocen de memoria la historia y las célebres frases del líder de la segunda Guerra Mundial y se preguntan si, de estar vivo, Churchill hubiese estado a favor del Brexit, como Bojo.
Por: María José López y María José Gutiérrez
Foto: Verónica Ortíz

  • 1 agosto, 2019

El 3 de julio, un grupo de 20 chilenos aterrizó en Londres. Entre ellos, los empresarios Hernán Levy y Julio Jaraquemada, los economistas Luis Larraín y Cecilia Cifuentes, el periodista Eduardo Sepúlveda y el abogado Gerardo Varela. La misión: visitar la ruta de Churchill con el ex ministro de Educación –reconocido admirador– como anfitrión.

Partieron por Chartwell, la casa de campo del ex primer ministro británico, ubicada en Kent, donde están guardadas sus pinturas. Recorrieron los Churchill War Rooms –museo sobre el estadista que comprende además las Cabinet War Rooms, salas subterráneas desde donde se comandó la Segunda Guerra Mundial–; el palacio de Blenhime, que fue donado por la reina Ana de Inglaterra al duque John Churchill, donde nació el ex mandatario en 1874; el balcón donde hizo el famoso gesto de la “V de la victoria”, su escritorio, biblioteca, dormitorio… 

Antes de cada salida, Varela les instruía sobre la faceta estratega de Churchill, la literaria –fue Premio Nobel–, la política, además de relatarles sus célebres frases y anécdotas. La visita, organizada por El Líbero, culminó con la asistencia al debate entre Boris Johnson y Jeremy Hunt, el 9 de julio, en el Daily Telegraph.

La figura de “Sir Winston”, como llaman sus fanáticos al estratega inglés, volvió a la palestra luego de que Boris Johnson asumiera como primer ministro británico la semana pasada, en reemplazo de Theresa May. Reconocido fan de Churchill, escribió en 2014 una biografía llamada The Churchill factor, que ha sido catalogada como una de las mejores que existen sobre el ex mandatario. “Lo que llama la atención a Johnson es la idea de que un líder puede cambiar la política y el mundo. Él cree que, de alguna manera, el Brexit es su forma de cambiar las cosas en el Reino Unido. Aunque no se puede comparar con la magnitud de la IIGM”, señala Luis Larraín.

Ellos son solo algunos de los seguidores que tiene el estadista británico. Capital investigó quiénes son los más fervientes churchillianos y los invitó a retratarse junto a una imagen del ex mandatario y comentar de dónde viene su admiración.

Citados a las 6 de la tarde, Álvaro Fischer, Rafael Gumucio, Andrés Allamand y Alfredo Alcaíno pusieron en pausa sus agendas para recordar durante una hora al gran Winston. Alcaíno y Fischer recitaron en inglés sus mejores frases, mientras que el candidato presidencial RN recordó la serie en blanco y negro sobre el militar que vio de niño los sábados en la noche. Gumucio, en tanto, destacó que él era el único del grupo que se autodefinía de izquierda, y que una de las cosas que le llaman la atención de Churchill es que fue de los pocos políticos que ha cambiado de un sector político a otro: entró al parlamento como liberal y se pasó al grupo conservador. Eso sí, dice,

Rafael Gumucio

“Me gusta Churchill. Difiero de él políticamente, él es conservador y yo de izquierda, pero generalmente los gordos me caen bien. Me gusta su humor, sus chistes, la forma en que habla. A pesar de sus opiniones políticas, que no comparto, le reconozco que salvó a Occidente de un demonio muy fuerte: los nazis.

Winston Churchill supo gobernar de la mano con la gente de izquierda y, a pesar de él mismo y de sus convicciones políticas, fue uno de los que creó el Estado de Bienestar, el sistema de salud y políticas sociales con las que él claramente no estaba de acuerdo.

Soy un admirador de Chesterton y de Orson Welles, era natural que me gustara Churchill. Hace como 15 años leí una pequeña biografía que le hizo Sebastian Haffner y eso acentuó mi admiración. He leído después todo lo que he podido y vi con pasión el biopic que le filmaron hace dos años.

Boris Johnson es todo lo contrario a Churchill. Una cosa es que ambos tengan un humor particular y que pertenezcan a la misma clase social. También Churchill era una persona que hablaba de más. Pero Winston era amante de Occidente y defensor de Europa. Johnson, claramente no lo es.

A todos se les olvida que partió en la izquierda. Eso me acerca más a él. Y que era un periodista. Fue el primer presidente que vino del periodismo, y eso lo hacía muy oportuno y muy oportunista. Sabía hablar en titular a su pueblo. ‘Sangre, sudor y lágrimas’ es una de mis frases preferidas”.

Alfredo Alcaíno

“Mi admiración hacia Churchill viene de los finales de los 60. Yo tenía cerca de 10 años cuando empecé a ver una serie sobre la Segunda Guerra Mundial. Su voz se oía en off en cada capítulo relatando los pasajes de la historia, y yo conecté mucho con la emoción con la que él describía el relato. En mi familia éramos partidarios de los Aliados, pero recién ahí supe bien quién era Churchill y me capturó su discurso heroico.

Después empecé a leer la historia de la IIGM: estudié el desembarco en Normandía, la campaña de Francia, la del norte de África y me empezaron a entusiasmar los discursos que él enunciaba. La fuerza de su palabra es gigante. Muestra de ello es la frase Never was so much owed by so many to so few; con la que elogia a la Fuerza Aérea Británica. El discurso We shall fight in seas and oceans, in the fields and the streets, es muy emotivo y la aliteración del We will never never never give up es fantástica.

Tengo un busto de Churchill. En 2013 viajé a Londres y compré dos: uno se lo regalé a Andrés Allamand y el otro lo instalé en el escritorio de mi oficina, desde donde me mira todo el día. Nos encontramos con Álvaro Fischer en Inglaterra y estuvimos en las War Rooms. Ahí oímos uno de los discursos que reprodujeron el día de su entierro…se nos caían las lágrimas.

Churchill fue un aristócrata de tomo y lomo. Ellos no tienen mucho aprecio por la higiene. No good maners. Aunque él era famoso por sus tinas, estaba siempre todo manchado. Comía pésimo, con la boca abierta y usaba mal los cubiertos. Los verdaderamente aristócratas son descuidados: no tienen que probar nada de su estirpe. Boris tiene algo de eso también. Y al igual que Churchill, asumió el mando en condiciones particulares: estaba en duda la existencia misma de Inglaterra. El Brexit es fuerte, pero no es lo mismo. Pero es una desmesura que Boris Johnson pretenda asemejarse a Churchill. Primero, porque Sir fue muy cuidadoso de su vida privada, tenía una vida familiar ejemplar y una relación extraordinaria con su mujer Clementine. Este show off de Johnson es lo último que habría hecho.

Lo cierto es que no hay nadie que se le asemeje demasiado. Pero en lo físico, había un chileno, don Alfonso Covarrubias Bernales, que era realmente parecido. Usaba traje oscuro, humita. Y caminaba con las manos atrás”.

Andrés Allamand

Hace cinco, años Andrés Allamand le encargó a su hija Olivia que le diseñara un tablero de unos 2,5 metros de ancho por uno de alto con la célebre frase de Winston Churchill que hoy luce en la terraza de su departamento en La Dehesa: “El éxito no es final, la derrota no es fatal, lo que verdaderamente importa es el coraje”. En la biblioteca tiene una colección de más de 30 libros, entre biografías y obras escritas por el ex primer ministro británico, y dos bustos. Uno se lo trajeron sus amigos Alfredo Alcaíno y Álvaro Fischer de Londres y el otro se lo regaló su mujer, la ministra de Educación, Marcela Cubillos.

“Me gusta desde muy joven porque es el ejemplar clásico de un animal político. Fue siempre un extraordinario orador, con una gran capacidad para inventar frases geniales capaces de condensar los argumentos. Hoy sería calificado como un ‘gran cuñero’. Detrás de esa capacidad era un hombre lleno de ideas con un fundamento sólido. Al mismo tiempo, era un luchador infatigable, que no solo ganaba y perdía elecciones, sino que se enfrascaba en controversias álgidas. Era un político que nunca le tuvo temor a quedar solo en algunas etapas de su vida por defender sus convicciones, una persona que generaba adhesiones tan fuertes como odiosidades.

En la parte personal tenía dos aspectos muy notables: un carácter muy fuerte que lo hacía sobreponerse a la adversidad y a sus largos períodos depresivos, y una capacidad e interés por aspectos diversos, por ejemplo, el arte: terminó siendo un pintor bastante más que aceptable.

A los políticos jóvenes que les veo proyección siempre les regalo alguna biografía de Churchill o los empujo a que la compren. Creo que todo hombre público en alguna etapa de su vida debe hacerlo para recordarles que la política es veleidosa y que siempre combina éxitos con fracasos. ¿A quién se le podría haber ocurrido que el ganador de la IIGM fuera derrotado al final de la misma en la elección que tuvo lugar en sus postrimerías? Es una demostración única de cómo el destino y las circunstancias influyen en las carreras políticas de las personas.

El eventual parecido entre Boris Johnson y Churchill es claramente una noticia en desarrollo… aunque es virtualmente imposible que alguien pueda acercarse al gran Winston”.

Álvaro Fischer

“Mi admiración por Churchill comenzó a los 19 años, cuando leí los seis tomos de sus memorias sobre la IIGM. En esa época era un estudiante de Ingeniería, y era la primera vez que leía una combinación de historia, política y acciones militares escrita por uno de sus protagonistas. Me impresionó que sus opiniones estuvieran casi siempre respaldadas con documentos. Con ello mostró que no buscaba torcer arbitrariamente el relato en su favor. Las palabras de Churchill que más atesoro son las que están en el epígrafe del inicio de cada uno de esos tomos: In war, resolution; In defeat, defiance; In victory, magnanimity; In peace, good will.

Me impresiona la fuerza de sus convicciones y su poderosa intuición política. A pesar de ser un gran adversario del comunismo, cuando Hitler invadió la URSS no dudó un instante en apoyar a Stalin. Estaba convencido de que el mal mayor era la amenaza nazi. Pero, de la misma manera, su conocimiento de Stalin lo hizo sospechar siempre de sus intenciones. Su intuición política le permitió anticipar la futura Guerra Fría. Él fue quien acuñó el término ‘Cortina de Hierro’. De hecho, el último tomo de sus memorias se titula ‘Triunfo y Tragedia’.

También admiro de él su command of the English language. Puso al idioma inglés al servicio de la guerra y sus elocuentes discursos fueron siempre cruciales. He visitado tres veces los War Cabinet Rooms (museo que exhibe el búnker desde donde Churchill dirigió la guerra en Londres), donde se pueden recorrer las piezas bajo los ministerios, como el catre en el que dormía o las salas donde se reunía con el Estado Mayor. Recientemente se le agregaron salas dedicadas especialmente a su persona. Se pueden escuchar sus discursos más famosos y escenas de su funeral de Estado, que él mismo había dejado diseñado. Esa ceremonia me impactó cuando se produjo, pues yo estudié en un colegio inglés, The Grange School.

Como Churchill es admirable, no me sorprende que Boris Johnson también lo admire. Hay similitudes entre ambos, pues los dos comenzaron como reporteros. Pero Johnson es acomodaticio y cambiante, sin las convicciones, ni la autoestima de Churchill. La noche antes de asumir como primer ministro, Churchill dice en sus memorias: ‘Sentí que toda mi vida había sido una preparación para ese momento’. Johnson, en cambio, a pesar de ser un fuerte partidario del Brexit para el referéndum, luego de que se aprobó no fue capaz de asumir sus consecuencias, y fue ambiguo en su postura. Muy poco churchilliano. Veremos cómo le va en lo que viene, que, al decir de The Economist, será una ‘montaña rusa’”.

Gerardo Varela

Aunque su hobby es la historia, la admiración de Gerardo Varela por Winston Churchill tiene sustento geográfico. Primero, por la familia de su mujer, Elna Barros Van Hovell Tot Westerflier, hija del diplomático José Miguel Barros, quien fue embajador en misión especial en Reino Unido para el arbitraje del río Palena en los años sesenta y luego en el del canal del Beagle. La familia política de Varela pasó gran parte de su infancia en Inglaterra, por lo que tienen –hasta hoy– una fuerte relación con la cultura inglesa, y desde que el abogado se casó con Barros, viajar al Reino Unido comenzó a ser habitual. Segundo, porque el ex ministro de Educación pertenece a una tradicional red de abogados internacionales que se reúne anualmente en Londres. El lugar escogido es The Temple, el pequeño barrio que se hizo famoso en la película El Código Da Vinci, al cual solo se puede acceder por una puerta ubicada frente al edificio de los Tribunales de Justicia y que alberga en su interior la sede de dos colegios de abogados ingleses.

Cuando se pregunta quién es el mayor conocedor y admirador de Winston Churchill en Chile, la respuesta es unánime: Gerardo Varela.

Quienes conocen al socio de Cariola aseguran que ambos se parecen en atreverse a decir cosas políticamente incorrectas. Famoso es el episodio en el que una mujer encaró al ex primer ministro británico y le dijo: “Si yo fuera su esposa, le pondría veneno en el café”. A lo que él respondió: “Si yo fuera su marido, me lo bebería”. La economista Cecilia Cifuentes, quien participó en el reciente viaje a Londres, cuenta que Varela les contó esta anécdota. Y hace un símil: “Hoy sería impresentable decir ese tipo de cosas porque se ha perdido el humor. Eso le jugó en contra en Educación a Gerardo”, asegura.

Cuando Varela dejó el Mineduc hace un año, en la carta que envió a su equipo citó a su ídolo: “Muchos me reprocharon no haberme defendido de tantos ataques. Ustedes saben que admiro a Winston Churchill y una de las muchas enseñanzas que aprendí leyéndolo es esa que dice: ‘Nunca llegarás a tu destino si te detienes a tirarles piedras a todos los perros que te ladran’. Sigan ese consejo, si me hubiera parado ante cada ataque, en cinco meses no habríamos hecho todo el buen trabajo que hicimos”.

Amigos del abogado cuentan que en su biblioteca tiene alrededor de 150 libros sobre el ex primer ministro y que sabe de memoria un sinfín de frases que utiliza “en los momentos más oportunos”.

Mientras estaba en el gabinete, Varela coincidió con Boris Johnson, quien era ministro de Relaciones Exteriores del gobierno liderado por Theresa May, cuando el inglés visitó el país en 2018. Ambos se reunieron con un grupo de niños expertos en tecnología y robótica. Y obviamente hablaron de Sir Winston, con The Churchill factor sobre la mesa en una copia autografiada por Johnson.

Cristián Zegers

“Admiro, sobre todo, su vocación-consagración a la política con total independencia de que esta le otorgara triunfos o fracasos. ¿Quién hubiera seguido en ella después de Galípoli? ¿Quién habría persistido hasta volver a ser primer ministro, luego de que los ciudadanos-electores le quitaron su poder y mandato mientras él se reunía con los otros vencedores de la II GM? No se trata, creo, de más o menos ambición. En nuestros días a veces se entra y sale de la política, supeditando el ser candidato a una probabilidad muy alta de ser electo. Es patética la arrogancia de los que exigen para sí estas ‘sandías caladas’. Las vocaciones políticas recias –aquellas que dan cuenta de sus actos y ponen en juego una trayectoria– se han debilitado”.

 

¿Churchill sería pro-Brexit como Boris Johnson?

“Se hubiese salido de la Comunidad Europea. Él era muy inglés, y a ellos no les gusta que les manejen la soberanía desde este supragobierno que existe en Bruselas”, Julio Jaraquemada.

“No se habría salido de Europa. Defendió a Francia contra el nazismo y era un admirador de ese país, cosa que no es fácil de encontrar en la elite inglesa. Él habría buscado una fórmula para mantenerse dentro. Porque él dio la vida por eso”, Alfredo Alcaíno.

“Yo creo que no habría entrado a la UE. Y en la situación actual en que están, creo que habría sido pro-Brexit”, Cecilia Cifuentes.

“Churchill tiene algunos elementos que hacen creer que era partidario del Brexit, porque hablaba y creía en la grandeza del Reino Unido, él siente que es un imperio. Pero, por otro lado, también fue el gran partidario de que Gran Bretaña entrara en la guerra mundial. Eso tiene que ver con una Inglaterra involucrada con Europa”, Luis Larraín.

  “Si bien fue el último defensor del imperio británico, bajo ninguna circunstancia tenía una visión anti-Europa. En lo que no hay duda es que habría mantenido siempre un eje directo con Estados Unidos. Confió siempre en la fortaleza de esa alianza”, Andrés Allamand.

 

 

 

 

Poco después de la muerte de Winston Churchill, se fundó en 1968 la International Churchill Society (ICS), dedicada a preservar el legado histórico del ex mandatario.

Sir Nicholas Soames se llama el nieto de Winston Churchill, miembro del Parlamento británico, representante del Partido Conservador. Sobre el nombramiento de Boris Johnson, dijo la semana pasada: “No hay duda que tiene grandes cualidades. Solo que no son las que quiero ver, personalmente, en un primer ministro de este país. No son los momentos que necesitamos a alguien que sea un poco oportunista, y sabes que Boris es así”.

Churchill escribió una serie de libros, muchos en la primera etapa de su vida. My early Life es el mejor y más desconocido, según Andrés Allamand. De sus biografías, The last lyon, de William Manchester; Winston Churchill, de Francois Kersaudy, y The Churchill factor, de Boris Johnson, son las mejores para el senador RN, además de A life, escrita por Martin Gilbert, el biógrafo oficial.