La aprobación por unanimidad de la idea de legislar sobre el lobby, luego de que el gobierno enviara una modificación al proyecto inicial, no implica que el asunto –en debate desde hace años- esté avanzando fluidamente. Las diferencias en los puntos de vista se suman, sin que se logre llegar a un texto para regular […]

  • 22 diciembre, 2008

La aprobación por unanimidad de la idea de legislar sobre el lobby, luego de que el gobierno enviara una modificación al proyecto inicial, no implica que el asunto –en debate desde hace años- esté avanzando fluidamente. Las diferencias en los puntos de vista se suman, sin que se logre llegar a un texto para regular esta actividad que deje a todos medianamente satisfechos. De hecho, el presidente de la comisión de Gobierno del Senado, el independiente Carlos Bianchi, reconoció a Capital que “aprobamos por unanimidad, pero con los dientes apretados”; y esto, porque sienten que no se enfrenta el tema con la certeza que requiere.

Sus principales reservas tienen que ver con las personas y entidades habilitadas para ejercer como lobbistas, lo que puede redundar en que a la larga se transformen en los únicos que tengan puente con las autoridades. Se añade la definición planteada por la normativa, que tampoco deja contento a nadie, en especial a los expertos -como Cristina Bitar, ex socia de Hill Knowlton Captiva y hoy directora de Independientes en la Red- invitados a exponer en la comisión.

Para ella, el proyecto avanza de manera compleja porque se describe al lobby como tráfico de influencias “y no es eso”, comenta. Otro problema es cómo se explica el interés individual, que se supone defienden los lobbistas, y que, a su juicio, se aborda ambiguamente.

El vicepresidente de Chile Transparente, Edgardo Boeninger, tampoco está de acuerdo con el trato del concepto de interés individual, sobre todo considerando que en muchos países el lobby es reconocido como una forma legítima de defender intereses. El punto está en que debe ser regulado y eso planteó ante la comisión. También cree que repercute la negativa percepción del lobby como “una actividad ilegítima y oscura, como el tráfico de influencias, que está penado por la ley”. Pero para él, entre tener o no tener ley, opta de todas maneras por lo primero “porque es un avance”.

En lo inmediato, la comisión seguirá reuniendo antecedentes durante enero, pese a las voces que advierten que es la propia influencia política la que “destruyó” el proyecto. El ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, ha sostenido que no están los votos necesarios para despachar el proyecto, revela una fuente. Hoy la mirada está en sacarlo, aunque sea “más o menos”, pero con los apoyos básicos. Pero hay quienes advierten que si la ley sale con ambigüedades o vacíos, corre el serio riesgo de ser burlada o afectar injustamente a una actividad.