La nueva forma de ver películas y series online completamente gratis tiene un nombre: Tomás Escobar. Un argentino de 22 años que, cansado de navegar interminablemente por la web en busca de Lost, creó este sitio que tiene dos millones de visitas al día. Y que suma y sigue. Por Carla Sánchez M.

  • 20 septiembre, 2011

La nueva forma de ver películas y series online completamente gratis tiene un nombre: Tomás Escobar. Un argentino de 22 años que, cansado de navegar interminablemente por la web en busca de Lost, creó este sitio que tiene dos millones de visitas al día. Y que suma y sigue. Por Carla Sánchez M.

Que se caiga Cuevana es casi como si se cortara la luz. Rápidamente las redes sociales se llenan de mensajes críticos. Para qué hablar de los comentarios en el mismo sitio web, que cada día recibe la visita de dos millones de usuarios en busca de series y películas online en calidad de DVD, completamente gratis y sin necesidad de descargar ningún tipo de contenido. Los número uno de Latinoamérica en el rubro con más de 10 millones de registrados al mes. Y Tomás Escobar se preocupa de no perder ese trono.

Si es necesario, no duerme con tal de solucionar un lío. O le pide a otro cuevano, –uno de las diez personas que trabajan en el sitio– que se ponga a programar porque al día siguiente él tiene que dar un examen en la universidad. A sus 22 años, este sanjuanino recién está cayendo en la cuenta de que la bomba de entretención que creó tiene vida propia. Y que ya explotó.

“Todo nació por una necesidad”, cuenta al teléfono desde Córdoba. Era septiembre de 2009 y este estudiante de ingeniería en computación se aburrió de demorarse horas en descargar películas de Internet. “No había algo fácil para buscarlas. No se podía seleccionar rápidamente el episodio de una serie. De esta necesidad nació lo que considero un servicio superior a lo que existía antes”, explica Escobar. La humorada de un par de amigos rápidamente se fue esparciendo por la red. Lo vi anoche en Cuevana, fue la frase que empezó a circular entre los cibernautas. “Una vez que empiezas a pensar en los usuarios, empiezan a devolverte el reconocimiento. Entre ellos mismos comienza el boca a boca y así crece el servicio, que en definitiva es para ellos. La idea se fue moldeando en base a su gusto. Cada día hay cientos de mails de sugerencias y, bueno, tratamos de seguir una línea siempre pensando en ellos… Pasar de cero a 10 millones de usuarios es bastante”, cuenta.

-¿Por qué le pusiste Cuevana? Acá en Chile tener “cueva” es sinónimo de suerte…
-Ah, no lo sabía (comenta entre risas).

-Pero está claro que fue un golpe de suerte…
-Sí puede ser. Pero el nombre lo elegimos sin demasiada razón. Te diría que es la terminación de una vertiente de ideas, de posibles nombres, a los cuales llegué en base a la disponibilidad del dominio, porque en Internet es difícil conseguir uno.

¿El nuevo Zuckerberg?

Escobar todavía no se acostumbra a la idea de entrar a un café en su natal San Juan y que todos los comensales lo señalen con el dedo. Más todavía cuando apareció en la revista Rolling Stone. “Esto me reventó en las manos, igual que a Mark Zuckerberg”, dice. Y para que uno no vaya a pensar que se está tirando las partes, aclara que para él esa es la única similitud que tiene con el creador de Facebook. Sin embargo, al ahondar un poco más en la historia de su Cuevana, va relevando otros parecidos… “Lo que hizo Facebook en su momento fue pensar en el usuario y creció en base a ello. De hecho, el primer tiempo Cuevana no tuvo publicidad. Si te fijas, todos los grandes sitios como YouTube, Facebook o el mismo Twitter empezaron siendo independientes. Los usuarios se identificaron con ellos y lograron una identidad tal que la competencia ya no los pudo alcanzar”.

¿Por qué Cuevana se ha transformado en una revolución? La respuesta, dice, es simple: “la ventaja frente a otros sitios es que puedes llegar a contenidos rápidamente y en forma ordenada. Y también que tenemos variedad. Si te fijas en otros sitios, sólo suben películas de cine. Nosotros de por sí no subimos películas que estén exhibiéndose en las salas. Mostramos lo que ya está en DVD, porque no es mi intención competir con el cine, que es otro tipo de experiencia”. A su juicio, Cuevana vendría siendo el nuevo video club, pero gratis. “No tienes la necesidad de salir a alquilar en la noche ni tampoco la obligación de ir a devolverla al día siguiente”, dice.

Ha perdido la cuenta de cuántas horas ha pasado frente a la pantalla programando el sitio. No se puede desconectar ni siquiera para salir de vacaciones. “La última vez me fui con unos amigos a La Serena y el sitio se cayó por una semana. Alquilamos un departamento al que no llegaba wifi y fue muy complicado. El mundo no pudo disfrutar de Cuevana porque yo estaba de vacaciones. Fue trend topic (tema del momento) en Twitter”, confiesa. De hecho, actualmente está trabajando en una nueva versión, que pretende mejorar el sitio y que debería estar disponible por estos días. “La idea es mejorar la versión actual en los aspectos técnicos, de interfaz y también presentar nuevas secciones, que incluyan cortometrajes, enfocándonos en el cine independiente. Todo aquí es tan artesanal que, por estar trabajando en la nueva versión, la actual página ha tenido algunas fallas”.

-¿Exhibirán sólo cortos argentinos?
-No, a nivel mundial. Actualmente no existe un canal de difusión masivo para este tipo de material. Por eso la idea es aprovechar Cuevana para ello. Además estamos indexando contenido en alta definición. Los usuarios tendrán sistemas de recomendación y podrán crear listas en base a sus gustos.

-Como lo que hace el sitio Grooveshark con las listas de música…
-Claro, se podría decir que tiene un área así. Por ejemplo, yo creo una lista, le pongo el nombre de “las mejores comedias de la década” y luego eso entra a un sistema de votación donde los usuarios lo votan para arriba o para abajo. Eso genera un ambiente más social, donde no es tanto la web la que recomienda, sino que los usuarios entre sí se empiezan a recomendar películas o cortos.

Hobby, no negocios

Pese a tener más de 3 mil películas y 250 series –con todas sus temporadas indexadas–, para su creador, Cuevana sigue siendo un hobby. Aún no es un negocio. Cuenta que los ingresos que recibe vía publicidad con suerte le alcanzan para mantener funcionando el sitio y comprar servidores y equipos. Hay voluntarios que ayudan a “moderar” –preocuparse de que el asunto funcione–, a cargar los datos de las películas, las noticias y si hay comentarios subidos de tono, eliminarlos de la página.

-En Chile acaba de llegar Netflix, el servicio de suscripción de películas y series online, ¿no te asusta la competencia?
-No, la competencia siempre es sana y te hace ver dónde estás parado, lo que nos obliga a mejorar constantemente. De ahí que Cuevana va a sacar su nueva versión.

-¿No has pensado profesionalizar el sitio y transformarlo derechamente en un negocio?
-Hoy no está pensado como un negocio ni tampoco se está explotando como tal, porque no es mi negocio principal. No creé el sitio pensando en mí, sino que en el usuario. Está bien; esto explotó y ahora es grande. Estamos tratando de hablar con directores y productores para llegar a acuerdos y así crear un modelo de negocios que hoy no existe.

-Pero hasta ahora no has podido sacar cuentas alegres, ¿o sí?

-Igual disfruto haciéndolo, está todo bien para mí. Pero bueno, otros sitios tienen modelos distintos y obviamente están pensando en la monetización, pero hoy Cuevana no. Todavía no.

Hace un tiempo le ofrecieron comprar el sitio, pero él se negó.

Quizás quiere que su monstruito crezca aún más para después ofrecerlo a un gigante como la Microsoft o Apple, piensan algunos. “No sé qué pueda pasar en el futuro, pero no está en los planes venderlo. Lo que sí está, es lograr que Cuevana sea un canal de difusión masivo en toda Latinoamérica que apoye el cine independiente, a los artistas y que podamos hacer cosas”, explica. Una de las ideas en esa dirección es financiar películas bajo un modelo simple: Cuevana las promociona para que puedan terminar su producción y después se estrenan en el sitio. Tampoco descartan empezar a generar material propio, como miniseries –“porque no tenemos para súper producciones”, aclara– y así darle un poco más de originalidad a este sitio que a eso de las 9 de la noche se convierte en el panorama obligado para miles.

¿El Robin Hood de la red?
Le han dicho que es como el Robin Hood de la red, porque roba contenidos para ofrecerlo a lo más “pobres”. Fuera de bromas, Cuevana ha sido cuestionado por transmitir material sin pagar derechos de autor. Su creador insiste en que está bajo el marco legal, ya que no reproduce ni aloja ningún contenido en el sitio, sino que su rol es de intermediario…

-Pero trabajan al borde la legalidad, ¿o no?
-Sí, bueno… el tema es que Cuevana hoy está intentando lograr que también los autores de esas obras logren monetizar a través de otro tipo de modelos. Lo que pasa es lo siguiente: los grandes estudios son reticentes a cambiar el modelo, pero todos lo demás no. Nosotros tenemos muchos directores de cine independiente que han subido voluntariamente sus películas a Cuevana. Por ejemplo, la película Baby Shower, de Pablo Illanes, la subimos con su consentimiento. Nunca le damos a firmar un papel ni nada, pero a lo que voy, es que es legal porque él nos dio el consentimiento.

-Pero eso no pasa con todas las películas.

-Lo que pasa es que las películas la suben los usuarios, entonces es difícil administrarlas todas. Fuera de eso, estamos tratando de cambiar el sistema.

-¿Y cómo piensa hacer para que los autores de las películas puedan “monetizar” al reproducir en Cuevana? ¿Pagar por derecho de autor?
-La idea en principio es tratar de crear un modelo, pero el problema es que el usuario no quiere pagar por el contenido y está acostumbrado a no hacerlo. Así, es complicado que nosotros los paguemos, porque son caros. Mi idea a corto plazo es por lo menos llegar a acuerdos con directores y productores de cine independiente, que no tienen la posibilidad de llegar a tantas salas porque las grandes las acaparan. Si tú tienes un canal de difusión, que a la vez logra reactivar el flujo de creación -porque permite financiarlo- estamos hablando de impulsar el cine independiente. Es la gran apuesta que tenemos. A la vez, nos encantaría tener todo y de todo.

-¿No has tenido demandas, por ejemplo de grandes estudios? En otros países las regulaciones son más estrictas que en Argentina…
-No, nunca.

-Pero igual tienes tu equipo legal.
-Sí, seguro. Más por precaución que por otra cosa. Pero no ha pasado nada hasta el día de hoy.