Por Carla Sánchez

El próximo 6 de octubre entrará en vigencia una verdadera revolución para los estudios de abogados en Gran Bretaña. Se trata del Legal Services Act, una reforma que plantea cambios determinantes en la propiedad de los estudios. Entre ellos, señala que desde esa fecha las oficinas podrían ser manejadas por empresas no vinculadas al rubro legal y que, incluso, se les permitirá abrirse a la bolsa. Quien conoce bien el tema es el abogado canadiense Gerry Riskin, un excéntrico consultor internacional fundador de la revista Edge International. Desde su casa en Anguilla –una isla en pleno Caribe– analiza los cambios que se producirán en el mercado inglés. -¿Existen actualmente en el mundo estudios que transen en la bolsa? ¿Cómo ha sido la experiencia? -La única firma que conozco es la australiana Slater & Gordon, que se abrió en bolsa en 2006 y logró reunir 50 millones de dólares australianos, con lo que pudo adquirir muchas firmas y expandirse mucho. Ha sido una historia de éxito, está muy bien manejada y tiene un sofisticado team de ejecutivos. -Una de las características de los estudios es que no hablan de sus clientes ni tampoco de los negocios en que se involucran. ¿Cómo determinar entonces el precio de un bufete? -Hacen una evaluación en base a los honorarios que cobran y en sus resultados anteriores. En mi blog enumero una serie de advertencias que deben hacer a los inversionistas a la hora de abrirse en bolsa; como, por ejemplo, que son susceptibles de perder un cliente o a algún abogado, lo que por ende significará perder otro cliente. -¿Y qué pasa, por ejemplo, si un inversionista con intereses en una compañía minera decide invertir en una firma que defiende a la contraparte? -La regla universal que se aplicaría en este caso es que el estudio revele el conflicto de interés y se abstenga de participar en esa situación. Slater & Gordon, por ejemplo, es una firma especialista en seguros y accidentes y por lo mismo trabaja con personas y no con empresas mineras. De todas formas, pienso que los estudios continuarán sin dar a conocer quiénes son sus clientes, y los inversionistas tendrán que aceptarlo. Sin embargo, hasta ahora, no se conocen estudios corporativos que quieran abrirse a la bolsa.Los que sí creo podrían hacerlo son aquellos que manejan grandes volúmenes, por ejemplo en el área de commodities o de litigios, y que quieran expandirse geográficamente. -Con esta nueva tendencia, ¿cómo cambiará el mercado legal en el mundo? -Las pequeñas firmas en Inglaterra creo que van a desaparecer. Por ejemplo, si en un pueblo hay varios estudios pequeños, con dos o tres abogados cada uno, imagínate que una de ellas se convierta en parte de una firma nacional, con todas las ventajas de las economías de escala. Lógicamente, las tarifas que va a cobrar serán más bajas. -Y cómo se están preparando para estos cambios los estudios en Inglaterra? ¿Están preocupados? -Hay muchas firmas que quieren tomar ventaja, pero hay otras que prefieren esconder la cabeza, como los avestruces, porque no quieren asumir estos cambios. Te diría que muy pocas están lo suficientemente preocupadas.

  • 3 junio, 2011

Por Carla Sánchez

El próximo 6 de octubre entrará en vigencia una verdadera revolución para los estudios de abogados en Gran Bretaña. Se trata del Legal Services Act, una reforma que plantea cambios determinantes en la propiedad de los estudios. Entre ellos, señala que desde esa fecha las oficinas podrían ser manejadas por empresas no vinculadas al rubro legal y que, incluso, se les permitirá abrirse a la bolsa.

Quien conoce bien el tema es el abogado canadiense Gerry Riskin, un excéntrico consultor internacional fundador de la revista Edge International. Desde su casa en Anguilla –una isla en pleno Caribe– analiza los cambios que se producirán en el mercado inglés.

-¿Existen actualmente en el mundo estudios que transen en la bolsa? ¿Cómo ha sido la experiencia?
-La única firma que conozco es la australiana Slater & Gordon, que se abrió en bolsa en 2006 y logró reunir 50 millones de dólares australianos, con lo que pudo adquirir muchas firmas y expandirse mucho. Ha sido una historia de éxito, está muy bien manejada y tiene un sofisticado team de ejecutivos.

-Una de las características de los estudios es que no hablan de sus clientes ni tampoco de los negocios en que se involucran. ¿Cómo determinar entonces el precio de un bufete?

-Hacen una evaluación en base a los honorarios que cobran y en sus resultados anteriores. En mi blog enumero una serie de advertencias que deben hacer a los inversionistas a la hora de abrirse en bolsa; como, por ejemplo, que son susceptibles de perder un cliente o a algún abogado, lo que por ende significará perder otro cliente.

-¿Y qué pasa, por ejemplo, si un inversionista con intereses en una compañía minera decide invertir en una firma que defiende a la contraparte?

-La regla universal que se aplicaría en este caso es que el estudio revele el conflicto de interés y se abstenga de participar en esa situación. Slater & Gordon, por ejemplo, es una firma especialista en seguros y accidentes y por lo mismo trabaja con personas y no con empresas mineras. De todas formas, pienso que los estudios continuarán sin dar a conocer quiénes son sus clientes, y los inversionistas tendrán que aceptarlo. Sin embargo, hasta ahora, no se conocen estudios corporativos que quieran abrirse a la bolsa.Los que sí creo podrían hacerlo son aquellos que manejan grandes volúmenes, por ejemplo en el área de commodities o de litigios, y que quieran expandirse geográficamente.

-Con esta nueva tendencia, ¿cómo cambiará el mercado legal en el mundo?
-Las pequeñas firmas en Inglaterra creo que van a desaparecer. Por ejemplo, si en un pueblo hay varios estudios pequeños, con dos o tres abogados cada uno, imagínate que una de ellas se convierta en parte de una firma nacional, con todas las ventajas de las economías de escala. Lógicamente, las tarifas que va a cobrar serán más bajas.

-Y cómo se están preparando para estos cambios los estudios en Inglaterra? ¿Están preocupados?
-Hay muchas firmas que quieren tomar ventaja, pero hay otras que prefieren esconder la cabeza, como los avestruces, porque no quieren asumir estos cambios. Te diría que muy pocas están lo suficientemente preocupadas.