PRAGA — ¿Era posible que el comunismo al estilo soviético pudiera complementarse con la libertad del individuo? En 1968, esto se puso a prueba cuando el líder del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubček, lanzó un proyecto de liberalización que, en sus palabras, pretendía darle “una cara humana al socialismo”. El resultado fue el renacimiento […]

  • 23 agosto, 2018

PRAGA — ¿Era posible que el comunismo al estilo soviético pudiera complementarse con la libertad del individuo?

En 1968, esto se puso a prueba cuando el líder del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubček, lanzó un proyecto de liberalización que, en sus palabras, pretendía darle “una cara humana al socialismo”.

El resultado fue el renacimiento de la libertad política y cultural que los dirigentes del partido leales a Moscú le habían negado por mucho tiempo al pueblo. Floreció la prensa libre, los artistas y escritores comenzaron a expresar sus ideas y Dubček causó alarma en Moscú cuando proclamó que quería crear “una sociedad libre, moderna y profundamente humana”.

El nombre que se le dio a esta temporada de florecimiento de la esperanza y el optimismo fue Primavera de Praga. Sin embargo, casi en cuanto surgió el movimiento, cayó aplastado bajo las bandas de los tanques soviéticos T-54.

Ese 21 de agosto hace cincuenta años, la invasión de Checoslovaquia encabezada por los soviéticos arrasó con los sueños de los reformadores, quebrantó el espíritu de una nación y dio lugar a una era de opresión cuyos efectos todavía se sienten en nuestros días.

Ciudadanos no armados les gritan “Fascistas” y “¡Regresen a sus casas!” a los militares soviéticos. Foto: Getty Images

Testigos de la invasión de Praga.  Foto: Josef Koudelka, Magnum Photos. 

Un joven checo muestra los reportes noticiosos sobre la invasión a un soldado del Pacto de Varsovia. Foto: Josef Koudelka, Magnum Photos.

Moscú logró restaurar la supremacía del Estado, pero consiguió la victoria a un precio muy alto. Quizá más que cualquier otro acontecimiento de la Guerra Fría, esa invasión reveló ante todo el mundo el grado de totalitarismo del régimen soviético.

Las fotografías de ciudadanos desarmados, de pie frente a columnas de soldados armados hasta los dientes y que rogaban “¡Iván, vuelve a casa!”, le dejaron muy claro al mundo que esta ideología tenía que hacerse cumplir a punta de pistola.

Le debemos muchas de las imágenes más famosas a Josef Koudelka, quien recorrió las calles con su cámara Exakta, cargada con película que había recortado del tramo final de algunos rollos de película usados.

Las fotografías de Koudelka se sacaron clandestinamente de Praga y se publicaron de manera anónima; en los créditos solo aparecía la leyenda “fotógrafo de Praga”.

La intimidad y los detalles vívidos de estas fotografías pusieron a los espectadores en las calles de Praga, al lado de los conmocionados y horrorizados ciudadanos, y expusieron las mentiras que circulaban en la propaganda política de Moscú, según la cual los soldados habían sido enviados para restaurar el orden y el pueblo les había dado la bienvenida.

Un joven checo que fue asesinado por intentar poner una bandera sobre un tanque soviético Foto: Josef Koudelka, Magnum Photos.
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