No fueron muchos, pero algunos economistas, empresarios e inversionistas vieron venir la temida crisis financiera. En cambio, lo que nadie proyectó fue la radical caída en el precio de las materias primas; no al menos de la manera tan rápida en que se invirtió el orden de los factores. Recordemos un poco: hasta hace pocos […]

  • 26 noviembre, 2008

No fueron muchos, pero algunos economistas, empresarios e inversionistas vieron venir la temida crisis financiera. En cambio, lo que nadie proyectó fue la radical caída en el precio de las materias primas; no al menos de la manera tan rápida en que se invirtió el orden de los factores. Recordemos un poco: hasta hace pocos meses, lo que preocupaba al mundo eran la crisis de los alimentos y el riesgo que representaba para países de alta población, como China e India, el incremento en los precios de productos tan vitales para su subsistencia, como el trigo o el arroz. Con reducciones en torno al 30% promedio en menos de tres meses, el temor a la hambruna parece cosa del pasado. Buena noticia, dirán algunos. Pero, como siempre, depende de la óptica desde la cual se analice. Porque sobran los productores con stock de insumos comprados a alto precio en la construcción, minería y agricultura, por mencionar algunos rubros) que observan con temor cómo cae el valor de sus bienes, con la consecuente merma en sus ya escuálidos márgenes. Un ejemplo: la construcción, con empresas abastecidas con fierro adquirido al menos un 50% más caro que la cotización actual, y que enfrentan un importante deterioro en la demanda.